|  

Yo lo hice mal, pero vos lo hiciste peor

Por Lautaro Peñaflor Zangara

“La pobreza es más escandalosa que antes”, dijo la ex gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, hace algunos días en una entrevista televisiva. De alguna manera, hizo elocuente la única línea discursiva que pueden sostener oficialismo y oposición actualmente, que está resumida en el título de esta columna.

Como si 40% de personas pobres fuera menos escandaloso que 45%, o como si cada período de gobierno fuese un compartimiento estanco intocable e intocado por los anteriores, Vidal echó mano al falso argumento en el que también se centró la campaña 2019. Es decir, su caso es sólo un ejemplo pero hay muchos más. O, incluso, no hay otra cosa.

Es inevitable pensar que en nuestra realidad social, ahora pandemia de por medio, malos y peores (cada uno le dará el lugar que prefiera) son a su vez quienes nos trajeron hasta acá. Y, paradójicamente, también son las fuerzas políticas que tienen más chances de gobernar en lo sucesivo.

Hace algunas semanas analizamos “el punto que nos estanca” y allí se encuentra parte de lo que podría estar sucediendo: ambas fuerzas son opuestas complementarias y prefieren ese terreno retórico de disputa, que reunirse en una mesa para analizar seriamente cómo enfrentar la pandemia, qué hacer con la inflación o la pobreza y cuál es la estrategia para el usurero endeudamiento que castiga a nuestro país.

¿Por qué? Quizás porque el desencanto actual, que existe, es distinto al de 2001. Son muchas las personas que antes del “que se vayan todos” prefieren una de las dos opciones de gobierno que no supieron, no pudieron, no alcanzaron o no quisieron solucionar ciertas cosas, solamente para que no sea la otra fuerza la que gobierne. Eligen el mal menor (al menos hasta ahora).

Este análisis no pretende la desaparición de ninguna de ambas coaliciones (como se ha sugerido desde el periodismo hegemónico), sino marcar lo débil que se vuelve el debate cuando se reduce a ese dispositivo llamado “grieta” que es la institucionalización del conflicto estéril.

En lo concreto, las sociedades necesitaron y necesitan del conflicto para su movimiento. La historia de los avances sociales y políticos en la humanidad, puede contarse a través del mismo. Razonando de manera inversa, si “la grieta” no nos permite avanzar, evidentemente no es conflicto. Es otra cosa. Tecnología electoral de campaña permanente, probablemente.

El punto más álgido de su propuesta se encuentra en la discusión dialéctica falaz que titula esta nota: “yo lo hice mal, pero vos lo hiciste peor” es lo mejor que pueden decirnos.

Por primera vez las condiciones electorales pueden ser diferentes a las que hemos tenido en las últimas dos décadas: no sabemos cómo impactará en las urnas el desencanto por la pandemia, la percepción errática de los gobiernos y el estilo de vida que nos impuso el coronavirus. Este tipo de opciones, que seguramente no serán mayoritarias, sí pueden hacer permeable el sistema a candidaturas outsiders, como sucedió en Madrid con una candidata ultraderechista, que impacten de aquí en adelante.

Este panorama no hace más que ratificar que en Argentina urgen los consensos. Sin abandonar el conflicto, tal y como se sostuvo líneas atrás, pero sí volviéndolo lo suficiente maduro como para que nos permita avanzar.

La semana pasada se difundió la cifra de inflación: la gran mayoría de los ciudadanos fue en abril un 4,1% más pobre, en un camino lineal que no encuentra piso. Los habitantes de nuestro país mueren de a cientos a raíz de la pandemia. El país todavía no sabe qué pasará con un endeudamiento feroz que compromete a las futuras generaciones. Ahí está lo importante. “Hagan algo” puede transformarse en “que se vayan todos”. (Artículo de opinión para CAMBIO 2000)

Categorías