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Una noticia para nada nueva

Por Maia Franceschelli

En tiempos de coronavirus, donde las medidas de cuarentena nos han privado de reunirnos como normalmente lo haríamos, las videoconferencias o videollamadas son moneda corriente, incluso entre los políticos.

Días atrás, en una sesión virtual con integrantes de la comisión de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Cámara de Senadores, el Ministro de la Nación Juan Cabandié se expresó sobre el modelo de agricultura que prima en el país y su descontento al respecto.

Como hemos mencionado reiteradas veces, el Estado Argentino, independientemente del tinte político que se encuentre en la banca mayor del Ejecutivo, se caracteriza por depositar su confianza -al menos estos últimos 20 años- en el uso incesante del glifosato, poderoso herbicida, ya evidenciado mortal.

“Ustedes -refiriéndose a los senadores- saben lo que significa el glifosato y el paquete tecnológico en la Pampa Húmeda y más… ese glifosato o veneno, según cómo quieran llamarlo, contamina las napas freáticas, se fumiga en la cara de los niños en las escuelas rurales, en los centros urbanos, hay muertes productos de glifosato”, afirmó Cabandié.

Esta información, presentada por el ex Diputado como novedosa, sabemos que no es para nada nueva. Sin ir más lejos, fue durante el gobierno de Cristina Kirchner -al cual Cabandié es afín en términos partidarios-, donde se evidencia un auge en las apuestas a este tipo de tecnologías, las cuales incrementan la producción y las arcas económicas, en detrimento de la vida y de los recursos necesarios para subsistir.

Sin esperar, fueron varios los que se alzaron contra sus dichos, tildando a sus palabras como “imprudentes” y sin fundamentos científicos. Desde la Federación Agraria Argentina (FAA) aseguraron que las afirmaciones del ministro no ayudan para la interrelación entre lo urbano y lo rural.

En su defensa, el presidente de la FAA Carlos Achetoni, sostuvo que “el sector productivo se esfuerza por hacer su tarea de la mejor forma, con la mayor calidad y cantidad de producción, pero también de la manera más inocua y con el mayor cuidado del ambiente posible, en especial los productores pequeños y medianos”.

Por su parte, el presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA), Daniel Pelegrina, indicaba que desde el sector ven “con suma preocupación que un funcionario público que ostenta el cargo de ministro pueda emitir una opinión infundada sin ningún sustento científico que puede tener consecuencias muy graves para la Argentina y su producción en un momento tan delicado de su economía”.

A estas previsibles respuestas por parte del sector agrario, se le suman las apreciaciones ya conocidas de los medios hegemónicos, quienes legitiman el uso de este producto letal.

A pesar de que aluden que Argentina representa menos del 10% del consumo global de este herbicida, ya en el 2018 la Universidad Nacional de La Plata alertaba sobre el aumento a nivel nacional de su uso.

Alertaban que se encuentra presente en diferentes concentraciones en la lluvia que cae, en el algodón, en gasas, peces, en lagunas, en distintos alimentos que consumimos. En todo nuestro sistema ambiental.

Hoy, nuevamente el glifosato es noticia y con ello una nueva ocasión para repensar el paradigma impuesto. (Artículo de opinión para Cambio 2000)

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