|  

Un mundo estallado

Por Maia Franceschelli

Finalizando el séptimo mes de cuarentena obligatoria en el territorio, y habiendo analizado ya las causas que llevaron al origen del virus, hay cuestiones de base que llaman nuestra atención. Una de ellas, es la insistente propaganda a favor de la procreación.

El mundo se cae a pedazos y los seres humanos somos los responsables de ello. Seguir trayendo gente a este mundo, como ya lo hemos comentado, no tiene ninguna lógica. Millones de personas sin siquiera las necesidades básicas cubiertas; gente muriendo de hambre, de sed; y nosotros, los que tenemos todo cubierto y comida todos los días, continuamos sustentando la destrucción del medio natural a fin de conseguir los recursos (in)necesarios para poder seguir viviendo ésta cómoda vida.

A fines de abril, Naciones Unidas proyectaba que en los siguientes 6 meses, en el mundo, 7 millones de mujeres tendrían embarazos no deseados, debido, sobre todo, a la incapacidad para obtener anticonceptivos.

En el territorio argentino, 7 de cada 10 embarazos adolescentes entre 15 y 19 años de edad son no intencionales; y aunque la legislación Argentina dice que todo embarazo que no es intencional atenta contra los derechos sexuales y reproductivos, hay menores que, como vimos, son obligadas a parir.

En el año 2002 se sancionó a nivel nacional la ley N° 25.673 donde se establece la creación del Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable, con el objetivo de garantizar los derechos sexuales y los derechos reproductivos de toda la población, y así disminuir las desigualdades que afectan la salud sexual y la salud reproductiva, desde una perspectiva de derechos y de género.

Nos interesa resaltar específicamente que “la procreación responsable” resulta actualmente bastante cuestionable, pues insistimos, no hay ninguna política destinada a crear conciencia sobre el alcance que tiene hoy el continuar trayendo humanos a este mundo y la relación directa de ello con el medioambiente.

En el año 2006 se sancionó la ley nacional N° 26.130 de Anticoncepción Quirúrgica, que incorpora la posibilidad de acceder de modo gratuito -como a todos los anticonceptivos- a la ligadura tubaria o ligadura de las trompas de falopio, como así también, a la vasectomía. Un gobierno consciente y comprometido con la naturaleza, como mínimo, promovería estos tipos de métodos.

Pero, ¿en qué consisten estos procedimientos anticonceptivos tan poco estimulados? La ligadura tubaria consiste en una cirugía irreversible -sencilla, según la página web oficial del Estado- que se practica en las trompas de falopio, es decir, en los cuerpos de las personas capaces de gestar. Estas trompas, conectan al útero con los ovarios y permiten que el espermatozoide se junte con el óvulo, proceso que quedaría inhibido de llevarse adelante esta intervención.

Mientras, la vasectomía, es una técnica que liga el conducto deferente, por donde salen los espermatozoides; cuando se liga el conducto de un lado y del otro, permite la eyaculación pero impide el paso de los espermatozoides. Es una cirugía que posee una tasa de efectividad mayor al 99%, no suele tomar más de 30 minutos, es de carácter ambulatorio (no necesita hospitalización), y no afecta la vida sexual.

Sobre ambos procedimientos, existen tabúes, mitos, y muchas veces (sobre todo con la ligadura de trompas) trabas por parte de los profesionales.

Sin embargo, no cabe duda, poner en conocimiento a la sociedad sobre estos métodos por parte del Estado, ayudaría muchísimo a paliar la enorme cantidad de embarazos no deseados, y sobre todo, el insostenible crecimiento de la población humana.

Existen solo dos requisitos para poder acceder gratuitamente a estos procedimientos: tener la mayoría de edad y firmar un consentimiento informado, un documento de carácter de declaración jurada. No se necesita la autorización de la pareja, cónyuge o juez. Solo la voluntad y la convicción de que ésta es una manera de ayudar al mundo. (Nota de opinión para CAMBIO 2000)

Categorías