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Testeo humano

Por Maia Franceschelli

La experimentación en animales para beneficios humanos no sólo se lleva a cabo en las ciencias médicas, físicas y biológicas que se sirven de ellos en sus laboratorios, sino también en la industria militar, en la armamentista, en la industria cosmética, la del tabaco y la industria química en general.

Los ensayos sobre animales hace tiempo son una actividad básica de la ciencia médica. Ya era una cuestión clásica en la medicina del siglo XIX en el área de investigaciones. Esta postura y a pesar de sus aplicaciones, tiene fuertes opositores en distintos movimientos que velan por los derechos de estos seres vivos.

También reciben un fuerte rechazo por parte de un sector de la ciencia que advierte que los experimentos realizados no serían extrapolables al hombre, es decir que los resultados de las investigaciones que se realizan experimentalmente en ellos rara vez serían directamente aplicables al ser humano.

En los laboratorios, los individuos son usados principalmente para los test de toxicidad. En estos son sometidos a dosis letales de todo tipo de ingredientes, a pruebas alergénicas y de irritación, ulceración cutánea, a pruebas de inhalación e inyección de tóxicos, de armas biológicas y químicas, de resistencia a la falta de atmósfera o gravedad, de medicamentos y fármacos, e incluso, de alimentos para animales de compañía.

Primates, ratas, ratones, conejos, cobayos, perros, gatos, cerdos y otros animales son masacrados en nombre de la ciencia y la técnica, a razón de tres animales muertos a cada segundo en los laboratorios del mundo.

La suerte que corren aquellos utilizados en las hazañas militares resulta terminal.  Se conoce que, por ejemplo, en las instalaciones de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos se experimentan todas las formas de armería en animales, desde rifles, agentes biológicos y químicos, hasta explosiones nucleares. A esto se le suma que muchos animales son reclutados para el combate, siendo enviados a “misiones” que ponen en peligro sus vidas y su bienestar.

En lo referente a la industria cosmética, escondiéndose detrás de leyendas como «clínicamente testado» o «testado bajo control dermatológico» millones de animales son sometidos cada año, a innumerables pruebas y experimentos muy dolorosos para determinar la seguridad de productos cosméticos, de aseo personal y limpieza. Espumas de afeitar, champús y dentífricos son introducidos a presión en sus estómagos; inhalan lacas para el cabello; sustancias volátiles son rociadas sobre piel y ojos, y la lista continúa.

Respecto a la industria del tabaco y a pesar de que las comisiones de salud saben desde hace décadas que fumar induce a cáncer de pulmón, enfisema y otras enfermedades, en un intento por encontrar evidencias de lo contrario, sigue realizando dolorosos experimentos en diversos animales.  

Entre sus técnicas encontramos la exposición crónica de perros y monos al humo, inserción de electrodos en sus genitales para comprobar los efectos del tabaquismo en el funcionamiento sexual, entre otras.

Si bien actualmente encontramos en el mundo legislaciones que amparan con un piso mínimo de derechos a otros seres, lo cierto es que la visión especista -de supremacía- es la que prevalece en prácticamente todas las actividades que emprendemos. Específicamente, los testeos experimentales a los cuales sometemos a los animales son la acción más descriptiva del comportamiento humano que se nos puede ocurrir.

Por esta razón e impulsados por nuevos paradigmas más empáticos y conscientes, debemos comprometernos a aggiornar nuestras prácticas e ideas a las nuevas alternativas que presentan las diversas áreas, donde no es necesario someter a infinidad de seres vivos a nuestros crueles métodos para alcanzar los resultados deseados. (Nota de opinión para Cambio 2000)

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