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Renovación de la energía

Por Maia Franceschelli

Desde la revolución industrial del siglo XVII, la quema de hidrocarburos sigue siendo la fuente energética más utilizada en el mundo. Petróleo, carbón, gas natural son algunos de los combustibles fósiles que se queman a diario para abastecer a un amplio mercado de consumo. Pero las consecuencias medio ambientales una vez más no son tenidas en cuenta.

La industrialización que ha avanzado a costa de alterar ecosistemas, utiliza de forma abusiva y sin mayores resguardos los recursos naturales finitos y contamina todo a su paso. Tanto la extracción, como el tratamiento y el consumo del petróleo y del gas natural contaminan los diferentes elementos básicos de la naturaleza: aire, agua y tierra.

Su combustión emite gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono (CO2) o el metano entre otros, que se van acumulando en la atmósfera y favoreciendo el calentamiento global.  Además el gas natural libera otros gases muy contaminantes como mercurio y óxidos de nitrógeno y azufre que además son los responsables de fenómenos como la lluvia ácida y el smog.

Durante su extracción e incluso durante su transporte se eliminan gases y partículas que aumentan la contaminación atmosférica, del agua y de los suelos. A la contaminación se le deben sumar los altos costos y el indefectible agotamiento de las fuentes convencionales.

En consecuencia, y frente a innumerables evidencias que confirman el cambio climático, el sistema ha tenido que impulsar nuevos modos de generar energías, las cuales de a poco se van empezando a implementar en miras de revertir el desastre que ha provocado y continúa provocando.

Cuando hablamos de energías alternativas hacemos referencia a las técnicas y procedimientos para obtención de electricidad diferente a las tradicionales, con la característica fundamental que resultan ser menos contaminantes, con igual rendimiento.

Se han vuelto menester, teniendo en consideración que el consumo de energía no ha parado de crecer: la demanda aumenta vorazmente con la diversidad tecnológica que inunda cada vez más nuestra cotidianeidad.

Mientras que la producción de energía actual conlleva inversiones constantes y dañinas para los ecosistemas, apostar a este cambio trae consigo una reducción del impacto en el medio ambiente, ya que se utilizan formas ecológicas de obtención y extracción, disminuyendo los costos de la materia prima y limitándolos a la instalación inicial y posterior manutención.

Diversos son los suministros de energías alternativas que podemos encontrar: solar, obtenido a través de placas que absorben los rayos UV; eólica, generado con la fuerza de los vientos por medio de grandes molinos, conectados a generadores de electricidad que transforman la energía producida cuando el viento hace girar las aspas.

La energía hidroeléctrica que se sirve de la fuerza del agua en curso, producida normalmente en presas; biomasa, que consiste en la combustión de residuos orgánicos de origen animal y vegetal.

Biogás, producido biodegradando materia orgánica, mediante microorganismos, en dispositivos específicos, generando un gas combustible; y la energía del mar, mareomotriz o undimotriz, según si aprovecha la fuerza de las mareas o de las olas.

Reemplazar los métodos ya conocidos por estos modos ecológicos de generar electricidad es realmente muy necesario. Como también lo es el hecho de no permitir que estas prácticas se transformen en negocios cooptados monopólicamente por los mismos de siempre.  (Artículo de opinión para CAMBIO 2000).-

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