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Recursos golpeados

Por Maia Franceschelli

La coyuntura social que estamos atravesando en Latinoamérica es terrorífica. Los pueblos se han alzado contra los representantes de los intereses más nefastos del mundo, intereses de quienes vienen por los recursos naturales, tesoro que aún no han podido terminar de saquear.

La historia de muchos de nuestros pueblos se asemeja, no sólo culturalmente, también comparten padecimientos ancestrales. Particularmente en el país hermano de Bolivia, sus habitantes son incansables defensores de las riquezas terrenales que la zona alberga, pues comprenden que sin la naturaleza no somos nada.

Colmados de una cosmovisión armónica con el entorno natural, a través del tiempo, los distintos sectores más humildes y comunidades originarias bolivianas han atravesado diversas guerras sociales que han parado en veredas opuestas a quienes bregan por la preservación de los recursos y quienes, respondiendo a los requerimientos de las grandes corporaciones extranjeras y con el aparato jurídico de su lado, venden la tierra al mejor postor.

Entrando en los años ‘90, Bolivia vivía una oleada de privatizaciones impulsadas por los organismos internacionales como parte de un proceso de ajuste estructural. La concesión del sistema de agua de la ciudad de Cochabamba a un consorcio de capital extranjero en el año 2000 ponía en riesgo el acceso a las fuentes de agua para las comunidades regantes y los barrios periurbanos.

Las tarifas se alzaron hasta alcanzar un 300%, provocando un malestar social insostenible, con  promulgación de la Ley Marcial de por medio -estadio en el cual se exceptúa la aplicación de normas legales ordinarias y se otorgan facultades extraordinarias a las fuerzas armadas o la policía- donde la policía boliviana mató al menos a una persona (Víctor Hugo Daza, de 17 años) e hirió a otros 121, en tanto que 172 personas fueron encarceladas por participar en las protestas. Este suceso se conoce como “La guerra del Agua”.

En el año 2003, se desarrollaba un nuevo episodio sangriento en la historia del país hermano. El conflicto -conocido como “La guerra del Gas”- se centró en la explotación de las reservas de gas natural que se descubrieron en el departamento de Tarija a mediados de la década del ‘90​ y que fueron catalogadas conjuntamente como el segundo yacimiento más grande de Sudamérica.

Las principales demandas de la guerra del gas eran a la no exportación del gas natural hasta que existiera una política para abastecer el mercado interno, y de la misma manera por los precios bajos a los que se pretendía exportar el gas. Las protestas derivaron en la exigencia de la estatización de los hidrocarburos, dirigidas por los representantes del campesinado y minería de las diferentes regiones del país. 

La acción por parte del gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada fue la militarización. Este cuerpo invadiendo las calles con armas de guerra y grandes ametralladoras empezaron a disparar contra la población, provocando la muerte de al menos 65 personas. Este episodio se dio a conocer como “Masacre de Octubre”. La batalla se ganó, ya que años más tarde los hidrocarburos fueron estatizados.

Hoy, una nueva guerra los atraviesa, el pueblo minero y los pueblos campesinos originarios -histórico cabezal de las luchas- han salido a las calles en contra del golpe de estado cívico militar. En contra del racismo. En contra de la quema de su símbolo, la wiphala. El trasfondo de esta situación siguen y seguirán siendo los recursos naturales: el gas, los minerales, el agua y la Amazonía.

Como vemos, absolutamente todos los recursos de la región latinoamericana se encuentran bajo amenaza. Ya mencionamos lo que ocurre en nuestro país. Ahora para nuestros hermanos bolivianos “la guerra” también está en curso. (Artículo de opinión para Cambio 2000)

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