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¿Quema controlada?

Por Maia Franceschelli

El Amazonas continúa en llamas. El pulmón y principal acuífero de agua potable de América del Sur y del mundo, está sufriendo una de las peores catástrofes provocadas por el hombre.

El bioma amazónico contiene unas 30.000 especies de plantas, 2.5 millones de especies de insectos, 2500 especies de peces, más de 1500 especies de aves, 550 especies de reptiles y 500 especies de mamíferos. Posee un tercio de los bosques primarios del mundo, y a través de sus ríos y afluentes proporciona el 20% del agua dulce no congelada del planeta.

Estas tierras, consideradas como uno de los últimos bastiones que le hacen frente al calentamiento global, se encuentran ardiendo hace 30 días. El bosque actúa como sumidero de carbono, absorbiendo más dióxido del que emite y liberando oxígeno, además de almacenar de 90.000 a 140.000 millones de toneladas de éste gas.

Se pronostica que si la temperatura llega a ser muy alta de ahora en adelante, el Amazonas no podrá producir suficiente lluvia para mantener su selva tropical, llegando incluso posiblemente -por efecto del calor- a transformarse en sabana.

Son ya 500.000 hectáreas destruidas y cerca de 350 los pueblos originarios que habitan entre Brasil y Bolivia, sumando cerca de 1.5 millones de habitantes afectados.

Este genocidio ambiental tiene culpables, y no son los perejiles que nos quieren vender: los gobiernos de Jair Bolsonaro y Evo Morales. A través del pronunciamiento de la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA), advierten que la responsabilidad de los mandatarios por acción y omisión se hace cada día más grande por las pérdidas irreparables que han provocado.

Denuncian que sus políticas económicas acarrean el exterminio indiscriminado de toda la biodiversidad para favorecer los negocios millonarios de la agroindustria y la minería.

Se le imputa al gobierno brasileño no sólo no hacer cumplir las leyes que protegen las reservas forestales sino peor aún, incentivar la incursión ilegal de colonos -mineros, explotadores madereros y agricultores- a áreas prohibidas por pertenecerles a los pueblos ancestrales.

Solamente el ganado ocupa más del 60% de las zonas deforestadas, siendo consideradas éstas tierras “la gallina de los huevos de oro” de la agroindustria brasilera. El agro genera cerca del 25% del PBI nacional y fue uno de los sectores que más se impulsó en la campaña de Bolsonaro, coincidiendo con una política de liberación y desarrollo, enfocada en la relajación de multas, en la expansión territorial y la construcción de rutas.

Por su parte en Bolivia se modificaba para el mes de mayo del corriente año, la ley de uso y manejo racional de quemas, que cuenta con un artículo donde se establecen las autorizaciones para la quema, otorgándola por hasta tres años en predios de actividad agrícola y por hasta cinco años en predios con actividades ganaderas.

Bolivia además, cuenta desde antaño con “épocas de chaqueos” que es una técnica utilizada para limpiar terrenos de cobertura forestal y vegetal y “recuperar” pastizales para el alimento del ganado. Este método barato impacta de manera directa en la fertilidad del suelo, la pérdida de biodiversidad, la erosión y desertificación del terreno, como así también la emisión de miles de toneladas de gases, provocado por la deforestación.

Mientras tanto, se acusa a tres sospechosos de incinerar 5.000 hectáreas de selva por los cargos de daños al medioambiente, polución, incendio y asociación criminal, sospechándose también que el trío habría pagado a unos 50 hombres para derribar 20.000 hectáreas.

¿Acaso será un montaje? ¿Un chivo expiatorio tal vez? La realidad es que los gobiernos no sólo hacen la vista ancha sino que incentivan la deforestación para que los sectores más poderosos continúen avanzando sobre estas tierras, de la mano de un discurso desarrollista y con un aparato mediático y legal que avala ese accionar.

Las pérdidas son inmensurables aún, pero sí sabemos con certeza que las repercusiones serán devastadoras para toda la Madre Tierra. (Artículo de opinión para Cambio 2000)

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