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¿Qué comen quienes comen?

Por Maia Franceschelli

Transcurridos ya nueve meses de este año 2020, la situación de muchísimas personas ha empeorado considerablemente, por diversos factores más allá del pandémico. Las pésimas medidas gubernamentales que a lo largo de la historia se han llevado a cabo, denotan hoy más que nunca que -para cada vez más cantidad de población- hay un sinfín de necesidades básicas insatisfechas.

La inmersión cada vez más profunda en la pobreza es una de las consecuencias más funestas por la que muchos están atravesando. Sabemos que sin un plato de comida no hay cuerpo que aguante ni mente que pueda pensar, pues la alimentación es pilar elemental para el funcionamiento de cualquier ser vivo.

Sin dudas, el modelo agrotóxico que nos han instaurado y que, como hemos visto en reiteradas ocasiones, resulta beneficioso sólo para quienes se llenan los bolsillos, delimita la comida a la que tenemos acceso y a su vez, la calidad de la misma. La trampa discursiva sostenida en el tiempo, instaurada desde finales del siglo XIX, de “Argentina, el granero del mundo”, resulta insostenible actualmente.

Hoy día aluden a que “Argentina produce comida para 400 millones de personas”, algo que no han parado de repetir, al menos, los últimos dos mandatarios presidenciales y sus equipos de trabajo.

Esta afirmación, que en realidad es una estimación ya que no se basa en datos concretos, pues no hay estudios al respecto, no puede estar más alejada de la verdad, sobre todo si tenemos en cuenta que mucha de esa producción de la que hablan se destina para alimentar animales, no son cereales destinados para el consumo humano directo.

La realidad, es que Argentina al menos podría alimentar a toda su población y un poco más, unos 60 millones de habitantes aproximadamente. Así lo sostiene un informe especial del Centro de Investigación sobre Problemáticas Alimentarias Nutricionales (Cispan) de la UBA y la Federación Argentina de Graduados en Nutrición (Fagran), ante la consulta que llevó a cabo el medio Chequeado respecto al tema en cuestión.

A su vez, desde Unicef, pronostican que al finalizar el corriente año habrá 1,2 millones de pobres más entre los niños, niñas y adolescentes de Argentina en relación al año anterior.

¿Cómo produciendo alimento para alrededor de 60 millones de personas, hay personas sin comida?

Por otro lado, las personas que tenemos acceso diario y sin mayores inconvenientes a 3 o 4 comidas por día, hemos caído en una trampa estratégicamente preparada y sin ningún escrúpulo.

A lo largo de las últimas décadas, la intromisión en el mercado mundial de los alimentos ultraprocesados, poco nutritivos y sobrecargados de grasas, azúcares y sal, nos han ido acostumbrando a una dieta cada vez más escueta.

En su libro Malcomidos, Soledad Barruti expresa que “desde que la sociedad moderna -ocupada en otras cosas, sin tiempo para nada, rebalsada y urbanizada hasta lo imposible- delegó en la gran industria alimentaria la producción de lo que se lleva a la boca, ya nada es lo que era. Básicamente porque la lógica que impone el mercado es una sola: ganar la mayor cantidad de dinero en el menor tiempo posible. No nutrir, no cuidar, ni siquiera ser saludable: simplemente ganar lo más que se pueda”.

En concurrencia, estos productos resultan más económicos que los que realmente deberíamos ingerir.

A todo lo mencionado, se suma el boom por el consumo de soja texturizada como reemplazo de la carne animal: ya hemos hecho referencia a la industria cárnica y su devenir insostenible, pero… ¿suplirlo por este monocultivo transgénico?

Desmonte e incendios, exilios y más violencia -institucional-, se suman a la realidad cancerígena que provoca esta política desastrosa y el cuento de la soberanía alimentaria.

Resta preguntarnos: ¿realmente sabemos lo que comemos, quienes comemos? (Nota de opinión para CAMBIO 2000)

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