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¿Por qué la tasa de mortalidad de Alemania es una de las más bajas? La visión de una bahiense desde Berlín

“La tecnología y los recursos que tienen son asombrosos. Los hospitales parecen ciudades. Acá ya no se debate sobre el número de camas y de respiradores”, dice Selene Rueda. Con 0,89 %, el fenómeno sorprende y está en el otro extremo de Italia: 9,9 %.

Desde el cuarto lugar, Alemania es uno de los países con mayor número de infectados por coronavirus en el mundo. Sin embargo, posee una de las tasas de mortalidad más bajas.

   Una rápida comparación explica el fenómeno en cifras: 0,89 % respecto de la más alta, que es Italia, con el 9,91 % de casos fatales. En la Argentina, por ejemplo, es del 2,4 %.

   “La tecnología y los recursos que tienen para enfrentar a la pandemia son asombrosos”, sostiene Selene Rueda, una chef bahiense que reside desde hace dos años en Berlín.

   “Hasta el momento no sólo es baja la tasa de mortalidad, sino que también es muy importante el número de recuperados”, agrega.

SELENE RUEDA. En la cuarentena, en su departamento del barrio Charlottenburg.

   Berlín, la cosmopolita capital alemana, tiene alrededor de 4 millones de habitantes.

   Hasta este viernes 3, el número de diagnosticados en todo el país era de 91.159; el de recuperados de 24.575 y los casos fatales llegaban a 1.275.

  En la misma referencia, los Estados Unidos superó los 270.000 contagios (9.445 de alta), con 6.889 muertos; Italia los 120.000 (17.510 recuperados), con 14.681 personas fallecidas y España los 118.000 (30.513 rehabilitados), con 11.009 casos fatales. Se trata de los tres países que ya han rebasado a China, donde surgió una pandemia que ya se llevó más de 59.000 vidas.

   “Del mismo modo, los hospitales son increíbles. Parecen verdaderas ciudades. De hecho, una prueba de esta capacidad es que varios de ellos están recibiendo a pacientes infectados de países como Francia e Italia”, afirma Rueda.

   “Hasta ahora no hay debate sobre si alcanzan la cantidad de camas y el número de respiradores (artificiales), ya que es un tema resuelto”, dice.

   Alemania tiene poco más de 28.000 camas instaladas en terapia intensiva, y con disponibilidad de respiración asistida, cuando Italia, que se encuentra colapsada, tiene cubiertas sus 5.000 camas, así como Francia, con cerca de 7.000, está a punto de ingresar en crisis.

   Otra de las razones del bajo número de fallecidos respecto de los contagiados es que se realizan alrededor de medio millón de pruebas a la semana.

CONTROL. En la cantidad de tests es donde Alemania hace la diferencia.

   “Esto se debe, en parte, a una gigante red de laboratorios independientes, todos capacitados en tiempo y forma para atender lo que se venía”, asegura la joven.

   Mientras Alemania hace un promedio de medio millón de tests por semana, otros países europeos, como Italia o España, tienen un tope de entre 50.000 y 100.000 tests para el mismo período.

   El primer test para detectar el Covid-19 se realizó en la segunda semana de enero, cuando el mundo aún creía que el virus no se extendería mucho más allá de China.

En el otro extremo de Alemania (0,89 %), las tasas de mortalidad más altas están en Italia (9,9 %); España (8,8 %) y Países Bajos (7,1 %). Una referencia cercana: Argentina (2,4 %).

   Adelantarse a los sucesos, tal como en un espejo se realizó en la Argentina más allá de una diferente estructura de salud, es considerada como una decisión clave.

   “Al margen del coronavirus, acá dicen que mucho también influye la buena salud de los alemanes”, indica.

CUARENTENA. No todas las actividades están prohibidas en Alemania, siempre y cuando se cumplan los protocolos.

   “Son muy sanos y pocas veces toman medicamentos, aunque sí vitaminas y otros productos que los ayudan a nunca enfermarse. Entiendo que esto está relacionado con la cantidad de gente que se recupera (del coronavirus)”, asegura Rueda.

   “Otro punto es que son jóvenes los que más se infectan, por lo que la recuperación es más rápida y sin tantos riesgos como sucede con las personas mayores”, expresa la bahiense de 26 años.

“Si tenés un poco de cabeza (a la cuarentena) la hacés igual”

    “Acá no hay cuarentena obligatoria, pero si tenés un poco de cabeza (sic) la hacés igual. Son medidas restrictivas (NdR: hasta el domingo 19). Desde lo personal, lo más difícil es no poder ver a mis amigos; los abrazos; el contacto físico”, afirma.

   “Sí se puede salir a trabajar y a hacer compras de elementos esenciales, pero está casi todo cerrado: escuelas, jardines, centros comerciales, boliches, restorans y bares. Abiertos hay tipos kebab o hamburgueserías, pero sin sillas ni mesas, sólo para to go (NdR: se puede pedir, pero no hay servicio de delivery)”, añade.

ALEMANIA. La cuarentena se hace con restricciones.

   “Las calles están vacías y los metros y trenes también, aunque justo llegó la primavera y la gente empezó a salir a los parques. Se puede hacer en forma individual, ya que hay multas para quienes anden en grupos. Si te juntás y un vecino te ve desde un edificio, te denuncia al toque”, cuenta.

   Las multas por infringir la cuarentena son importantes. Por ejemplo, más de dos personas juntas, 200 euros (14.800 pesos); por picnic, € 250 euros; deportes en grupo, € 1.000 y repetición de cualquier de ellos, € 25.000 ($ 1.855.250).  

   “Y, por lo que leo desde acá, en algo nos parecemos a la Argentina: las farmacias están llenas, aunque siempre con la distancia de dos metros entre las personas, y no se consigue alcohol en gel”, compara.

   Respecto de su trabajo, Rueda comenta que el rubro gastronómico está en caída libre.

   “A muchos empleados no les van a pagar, y a otros sólo el 60 %. Pero si no tenés plata, el Estado te ayuda”, asegura.

   La joven estudió en la Escuela Primaria Nº 69 Campaña al Desierto, del barrio Patagonia; y en San Vicente de Paul y en la Escuela Nacional. La carrera terciaria la hizo en el Instituto Goyena, donde se recibió de chef.

   “¿Cómo me cuido? No toco nada. ¡Pero nada! Tampoco compro comida que no sea del supermercado; llevo siempre alcohol en gel; en el transporte público uso la bufanda, o la bandana, para taparme la nariz y la boca; mantengo la distancia de la gente y salgo lo justo y necesario”, relata. (La Nueva)

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