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Políticas regresivas y discursos simples

Por Lautaro Peñaflor Zangara

Año electoral. Estas dos palabras, directa o indirectamente, marcan lo que sucede los 365 días de cada turno en el que toca acudir a las urnas. No importa que las campañas tengan períodos determinados y plazos legales: en la era de la información veloz e inmediata, la comunicación política no se toma descanso.

Los oficialismos cuentan con la maquinaria estatal. Una potente herramienta que permite dotar obras, actos públicos, lanzamientos y campañas con elementos visuales que los identifiquen con el partido al que representan.

En la coyuntura actual el gobierno tiene dos contratiempos: debe gestionar una pandemia sin precedentes y, además, la alianza de gobierno está conformada por sectores cuya unidad es tan necesaria como delicada.

En el caso de las oposiciones, aunque no tienen la posibilidad de mostrar gestión actual, sí disponen del tiempo que no ocupan en la gestión para construir armados que les permitan llegar con la mejor estrategia al momento de la votación.

En el caso nacional hay algunos dirigentes que parecen estar aprovechando el alejamiento de los cargos públicos para ampliar su alcance. En este sentido, nada de casual tienen los ensayos que en las últimas jornadas realizaron figuras como Patricia Bullrich o Miguel Ángel Pichetto.

En el primero de los casos, la actual presidenta del PRO -nada menos- no dudó en ponerle el cuerpo a las protestas en Formosa a raíz del regreso a fase 1 de las medidas preventivas. Sin ingresar en la discusión respecto a esta provincia, lo concreto es que la política como espectáculo elevó sus límites cuando Bullrich encabezó las marchas disfrazada de presa.

También fue un paso más allá de la discusión política al proponer privatizar la vacuna y “que la compre quien pueda hacerlo”: un extremo de la falacia meritócrata que, al menos desde lo retórico, suele sostener Juntos por el Cambio.

Otro ejemplo es Miguel Ángel Pichetto: nada menos que candidato a vicepresidente en fórmula con Mauricio Macri en 2019. No es una sorpresa que el ex senador tenga declaraciones aporofóbicas o xenofóbicas, porque ya ha hablado de dinamitar la Villa 31 y hasta el hartazgo de los migrantes, vinculándolos al delito sin un solo aval probatorio de sus dichos.

Esta vez, sin embargo, también transgredió sus límites al sostener que la Asignación Universal por Hijo “habría que dársela a los que no tienen más de dos hijos porque si no tienen un montón”. Cabe recordar que el mismo Pichetto fue jefe de bancada en el Senado del Frente Para la Victoria, gobierno que reconoció este derecho.

La oposición está armando su estrategia camino a las elecciones de este año y también hacia el 2023. Sostienen discursos que probablemente siempre creyeron, pero se cuidaban de sostener en público. Ahora, por el contrario, parecen estar dispuestos a tomar esta línea de una manera más explícita, e incluso, dar ese tipo de discusiones desde lo mediático.

Quizás estén en la búsqueda de ampliar su base electoral que, a juzgar por los resultados del anteaño, puede haber tenido una fuga de votos “por derecha” a través de opciones que se mostraban más radicalizadas, como las que lideran Javier Milei, José Luis Espert o Juan José Gómez Centurión.

Tampoco son expresiones excluyentes de la oposición. El ministro de Seguridad bonaerense, siempre dispuesto a ser título, Sergio Berni, también coquetea con este viento de época que propone políticas regresivas desde discursos simples.

¿Qué fue primero? ¿Los líderes políticos marcan el sentido común? ¿O los dirigentes irresponsablemente toman banderas, a sabiendas de que impactarán negativamente en la opinión pública, pauperizando la discusión y pudiendo incluso llegar a degradar derechos adquiridos? (Nota de opinión para CAMBIO 2000)

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