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Policía del cuidado

Por Lautaro Peñaflor Zangara

Al momento de redactar ese artículo Facundo Astudillo Castro está desaparecido. Desapareció después de que un retén policial lo parara entre Mayor Buratovich y Bahía Blanca, ciudad a la que quería llegar a dedo, pese a las medidas preventivas.

No se conoce su paradero desde el 30 de abril, aunque recién hace algunas semanas la búsqueda se volvió más intensa. Las circunstancias colocan su desaparición en estrecho vínculo con la actuación de la policía.

Es su mamá, Cristina, quien apunta contra la Bonaerense desde el primer momento y logró, a los gritos, que se hiciera un lugar al tema en la agenda pública, en una escena que se repite: son los familiares los que impulsan las investigaciones en casos de estas características.

Ella recibió un llamado de Facundo ese mediodía. Fue la última vez que supo de él. “Que la policía tenga la cara de decir qué le hizo a mi hijo”, pidió Cristina en declaraciones periodísticas, convencida de que “le hicieron algo en Mayor Buratovich el 30 de abril”.

El 5 de junio quedó radicada la denuncia; el 19 se realizó el primer rastrillaje y recién el 8 de julio se apartó a la Policía Bonaerense de la investigación. Cuarenta días después, que son un gran interrogante.

Días después apareció una foto de Facundo esposado delante de un móvil policial, temporalmente anterior al llamado. Al menos tres testigos de la querella, encabezada por Cristina, aseguran haberlo visto subir a un patrullero en un horario posterior al de la imagen. La hipótesis que sostienen es la desaparición forzada.

Con la separación de la Bonaerense comenzaron a actuar fuerzas federales, encabezando fastuosos operativos de rastrillaje. Pero el despliegue policial no necesariamente implica garantías: uno de los abogados de la familia, Leandro Aparicio, también fue el abogado de la familia de Katherine Moscoso -joven asesinada en Monte Hermoso en 2015- y cuenta que el cuerpo de la adolescente fue encontrado en un médano, en un lugar que ya había sido rastrillado antes.

Cristina pidió que actúen los perros del adiestrador que encontraron a Micaela Ortega, víctima de femicidio en Bahía Blanca en 2016. “Confío más en los perros que en las personas” dijo, resignada a encontrar el cuerpo de su hijo.

Aparecieron nuevas hipótesis y testimonios, a los que acusa de falsos, que dicen que Facundo habría continuado viaje hacia Bahía Blanca. La querella denuncia que a un sector de la prensa, experto en publicar la versión oficial, le llegó evidencia a la que ellos no habían tenido acceso. En sentido contrario, les niegan información que consideran necesaria para su línea de investigación. Mientras, siguen los rastrillajes.

El caso recuerda a otros similares, trama que se repite con nuevos actores. Días atrás un efectivo policial mató de un disparo en el tórax a Lucas Verón en La Matanza. Semanas atrás hablamos de Luis Espinoza en Tucumán. También de la violenta represión a una comunidad QOM en Formosa.

Aunque algunas lecturas encuadran estos casos en el marco de la cuarentena, sucedían antes y sucederán después. Evidencian la contradicción que representa para muchos que la propuesta semántica de una “policía del cuidado” olvide enfatizar el prontuario de las fuerzas policiales.

¿La policía nos cuida porque estamos indefensos o es esa relación vertical de poder la que, en nombre del cuidado, nos coloca en situaciones de indefensión?

Durante el gobierno anterior se sostenía activamente un discurso pro represivo. El actual gobierno elude responsabilidades y se aleja discursivamente, pero legitima en los hechos. En todos los casos, la policía es el Estado y es, al mismo tiempo, parte investigadora e investigada.

Como expresó el abogado de la familia de Facundo Astudillo Castro, “ojalá que esté en Brasil” y no se sume a esta lista. (Nota de opinión para Cambio 2000)

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