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Pedro Tello, una de las glorias del ciclismo carhuense

Pedrito Ponce, tal como se lo conoce, revive en una entrevista con CAMBIO 2000 vivencias y anécdotas de su exitosa y prolongada trayectoria en el ciclismo deportivo, desde su primera carrera en 1956. Sus victorias más resonantes y mucho más, en esta nota.

PEDRITO TELLO. “Usaba la bicicleta como medio de movilidad para todo”, recordó.

CARHUÉ (Cambio 2000).- Una avalancha de recuerdos no hacen más que avalar que Héctor Pedro Tello, más conocido como Pedrito Ponce, es una de las tantas figuras que protagonizó el brillante pasado que tuvo el ciclismo en la ciudad.

Sus prematuros logros y sus sueños de grandeza en tiempos en que era pibe, sumados a la constancia, la confianza, el carácter y el placer por surcar caminos y circuitos a bordo de una bici durante más de cuatro décadas, dan forma a la historia de un grande que tejió su propia trama con pequeñas y grandes hazañas, que en su evocación, llegan hasta nuestros días.

En 1956, Pedrito Ponce se sube por primera vez a una bicicleta para participar de una competencia; y en el presente, habiéndose constituido en una institución de este deporte, comparte memorias con CAMBIO 2000, a través del teléfono, y por amabilidad de Sandra Martín, de la Residencia de Adultos Mayores Autoválidos Evita, donde el protagonista habita este tiempo.

“Empecé a correr a los 14 años, en el año ‘56, cuando en Carhué, el 25 de Mayo, se hizo una carrera muy grande. Era aficionado del ciclismo, me atrapaba mucho y tenías ilusiones. Era muy humilde, entonces me armé una bicicletita como pude, y me presenté a correr, con las ropitas que tenía, y una zapatillas Boyero. Era una competencia en la que intervenían personas de renombre de la época, como por ejemplo los hermanos Lo Surdo, entre otros. Esa carrera se corrió en un circuito de 25 cuadras, con partida en San Martín y Colón, donde es el Automóvil Club”, memoró.

“En esa primera competencia -continuó-, sin contar con ningún tipo de experiencia, se ve que no desentoné, y hubo gente vinculada a la actividad que me echó el ojo. Intervine en la segunda categoría y gané, sacándoles dos vueltas a los otros corredores, entre los que recuerdo nombres como Mora, Julio Marcaida, Izzoli, González, por decir algunos”.

Tras esa intervención, personas relacionadas a la actividad en la época centraron su ilusión en él. “Me acuerdo que Ruby Barros, Fariña y Biffano, preguntaban quién era yo, y como mi mamá y uno de mis hermanitos estaban ahí, ella dijo que yo era su hijo; entonces le preguntaron por Sandalio Ponce, mi padre, que estaba trabajando en el campo. Estas personas le pidieron a mi mamá que cuando mi papá viniera a Carhué el sábado, fuera por favor a hablar con ellos, porque me querían llevar a correr una carrera a Salliqueló”.

“Mi papá fue a hablar con ellos, y como él estuvo de acuerdo en que me dedicara a la actividad, en lo de Biffano me armaron una bicicleta nuevita para mí, y efectivamente corrí en esa carrera de Salliqueló, a la que siguieron unas cuantas más, que fui ganando en su mayoría, siempre en la segunda categoría”, subrayó.

“Cuando cumplí los 17 años, se hizo una carrera muy grande acá en Carhué, en la que participaban las dos categorías, que largaban juntas, e incluso, saqué una vuelta a los de la principal. Ahí salió primero Salvador Lo Surdo, y después entré yo”, resaltó.

En esos años, Pedrito Ponce disfrutaba de la fama de ciclista destacado, y en sus recuerdos siempre trae a su hermano Carlos Tello, tan apasionado de la bicicleta como él, en cuya casa “hoy están todos los trofeos y medallas que ganamos, y los recortes de los diarios de esa época donde nos hacían algún reportaje o figuraban los resultados de las carreras”.

Cuatro décadas corriendo

EXITOSA TRAYECTORIA. «Hoy siento orgullo de haber ganado las dos carreras grandes que se hicieron acá», señaló Pedro.

Repasando diferentes tiempos de su prolongada trayectoria, Pedrito llega a la última carrera que se hizo en nuestro medio antes de que se inundaran Epecuén y el autódromo; porque “ahí se corrió una fecha del Campeonato Argentino, que pude ganar yo, cuando ya era un hombre de 46 años”.

“Otra gran carrera que se me viene a la memoria, fue cuando Epecuén ya estaba inundado, y si bien el circuito estaba previsto dentro del pueblo, donde estaban los hoteles y demás, no se pudo hacer ahí, porque ya había agua. Entonces, se corrió en unas cuadras de la avenida principal, yendo y viniendo por el mismo lugar”, recordó.

Por ese entonces, Pedrito Ponce estaba corriendo en Bragado, un lugar de gran arraigo de la actividad ciclística. “Una vez estaba tercero en el campeonato, empatado con un muchacho de Huanguelén; y la final se corrió acá en Carhué. Ahí participó también mi hermano Carlos, y aunque él ya no tenía chance en el campeonato, corrió para ayudarme a mí; porque si yo ganaba esa carrera, podía ser campeón. Entonces, cuando la carrera se larga, movimos los que estábamos empatados, y mi hermano se venía con todo el pelotón. Había cuatro embalajes, y si ganabas los cuatro, salías campeón”.

“Antes de largar, le pregunté a este muchacho de Huanguelén, cómo íbamos a encarar la carrera, si hacíamos dos y dos; y me contestó que si él podía ganar los cuatro embalajes, lo iba a hacer. Entonces, hice la mía. Llegó el primer embalaje y me lo comí; después el segundo, y también me lo comí; entonces, agarré confianza, pero el pelotón de los compañeros de él se me comenzaron a venir para sacarme la vuelta, y ahí es donde le pego el grito de auxilio a mi hermano Carlos para que me ayude. Él me ayudó como habíamos acordado, y así pude sacar ventaja, ganar los cuatro embalajes y salir campeón. Pero todavía me acuerdo que enfrente del Hotel Avenida, mi oponente se cayó, lo busqué, lo agarré de la mano y lo llevé”, puso de relieve.

“Hoy siento orgullo de haber ganado las dos carreras grandes que se hicieron acá, tanto la del autódromo, donde estuvo el campeón argentino del momento, y que gané haciendo 42,800 de promedio, como la de Epecuén, que para mí eran muy importantes, porque fueron en mi propio pueblo”, remarcó el ciclista.

Su trayectoria está marcada por actuaciones en una amplia región, y el país, que se sucedieron por un prolongado lapso que alcanzó las cuatro décadas. “Estuve corriendo en Bahía Blanca, Cabildo, Punta Alta, Tornquist, Trenque Lauquen, Olavarría, en el Sur del país, como por ejemplo Allen, y otras provincias y campeonatos, con una bicicleta Legnano que pesaba cinco kilos, que Barros me había traído especialmente para mí, porque corría en directa, o sea con un solo piñón y una sola corona”.

“Pasé toda una vida arriba de la bicicleta, desde los 14 años hasta los 55, cuando en una caída, en una carrera de nivel nacional que se hizo en La Pampa, en Victorica, hubo un accidente grandísimo con muchos protagonistas, del que alcancé a zafar saltando hacia afuera, pero cuando me reincorporé nuevamente al pavimento, venía una rueda dando vueltas, no la pude esquivar, me caí y me fracturé la rótula, y ya se hizo difícil volver a las competencias; pero con la rodilla rota, terminé como pude, entrando cuarto”, enfatizó.

Pedrito Ponce remarcó que “usaba la bicicleta como medio de movilidad para todo; si por ejemplo el domingo había carrera, durante la semana me hacía 600 kilómetros. Me acuerdo que cuando trabajaba en el ferrocarril y vivíamos en Bahía Blanca, mi señora, también de familia de ciclistas, de apellido Lo Surdo, se venía de allá los fines de semana en colectivo, y yo hacía los 200 kilómetros en bicicleta”.

“En una oportunidad hice esa pedaleada desde Bahía a Carhué un sábado, y llegué acá a las cinco de la tarde; ni bien estuve en casa de mi mamá, ella me contó que me había estado buscando Alberto Pulpita Finoia, para comentarme que al día siguiente se hacía una carrera grande en Rivera, organizada por el Club Independiente. Recién había llegado de Bahía Blanca, pero eso no fue impedimento para que al otro día, temprano, armara el bolso, y saliera para Rivera, donde corrí, y volví a la tardecita para Carhué. Tenía un estado impecable”, aseguró Pedrito Ponce para finalizar, prometiendo una nueva nota junto a su hermano Carlos, “cuando todo esto pase”.

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