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Pandemia y desigualdad, un buen maridaje

Por Lautaro Peñaflor Zangara

La gestión política de la pandemia de coronavirus, atravesada por cuestiones geopolíticas y asuntos de poder, está configurando el mundo del presente o, mejor dicho, lo está programando, a la luz de la ya ineludible tecnología omnipresente.

Es en este sentido que, ya transcurridos varios meses desde su llegada a Argentina, algunas de las intuiciones de aquellos primeros momentos comienzan a tomar cada vez mayor verosimilitud. La más general de esas intuiciones se relaciona con la devastadora desigualdad que, parece, dominará el globo terráqueo de aquí en más.

Debemos advertir, no obstante, que no se trata sino de una continuidad de la hegemonía histórica de ciertos grupos sobre otros y de ciertos países sobre otros. El sur está abajo porque alguien así lo representó en el mapa, tanto en el planisferio, como en el de nuestras ciudades. De esta misma manera, la pobreza se acentuará donde ya existía y se recuperarán quienes tienen la capacidad de hacerlo pese a la pandemia.

Las desigualdades que podemos observar son, al menos tres: entre estados centrales y periféricos, entre sectores sociales, y entre estados y grandes corporaciones.

En el primero de los ítems, el reparto de vacunas resulta muy gráfico. El 75 % de las vacunas ya puestas se concentran en 10 países. Con industrias que no dan abasto, los países más poderosos serán los que accederán a más dosis, en una suerte de nacionalismo de vacunas en dos sentidos: aquellas que el sentido común del mundo occidental percibe “más seguras” y la disputa de los Estados por hacerse con las cantidades que necesitan. Demás está mencionar a dónde nos llevaron anteriormente este tipo de enfoques.

En cuanto a los sectores sociales, según datos de la Organización Internacional del Trabajo, los varones y las mujeres de hasta 29 años, de niveles educativos bajos y con trabajos informales fueron los más afectados por la caída en la tasa de empleo registrada durante 2020.  Un dato muy gráfico, para quienes gustan hablar de meritocracia.

De acuerdo con la misma OIT, en 2021 la economía mundial no podrá contrarrestar el daño al empleo, después de que la pandemia eliminó 255 millones de puestos de trabajo. Es que las corporaciones, llegando al tercer ítem, optaron por retirarse de los mercados, para reducir sus plantas y reconvertirse.

En este sentido, muchos puestos de trabajo no se recuperarán porque proliferaron nuevas modalidades laborales, que erosionan derechos que se consideraban adquiridos y los vuelven precarizados y vulnerables.

Fueron los Estados los que debieron estructurar sistemas de contención, en la medida que pudieron.Con cierta perspectiva, ya podemos afirmar que las naciones latinoamericanas habrán resignado una parte mayor respecto a sus propias economías que “el norte global”.

Mientras que cientos de millones de personas corren riesgo de perder su trabajo o caer en la pobreza, o ambas cosas simultáneamente, un puñado de billonarios se beneficiaron con la pandemia y la crisis. De acuerdo con los datos de Bloomberg, los 5 hombres (si, son todos hombres y 4 de ellos son blancos y estadounidenses) más ricos del mundo han aumentado su patrimonio personal en 201.000 millones de dólares, sólo hasta octubre de 2020. Sin embargo, el presidente argentino habla en conferencias internacionales de un “capitalismo humanitario”, mientras el mundo se reconfigura sin alterar sus relaciones de poder preexistentes.

Pandemia y desigualdad forman un buen maridaje (nótese el sesgo machista del término, considerando que las feminidades han sido las más perjudicadas). ¿Queda espacio para pensar un mundo mejor? (Nota de opinión para Cambio 2000)

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