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Panadería La Familia: Un establecimiento carhuense que cuenta la historia de dos generaciones

Osvaldo Detzel recuerda a su padre Armando, el iniciador del emprendimiento junto a su mamá Carmen. También habla de la evolución del comercio y el rubro en general, hacia las nuevas modalidades de producción y ventas.              

Panadería La Familia, o “lo de Detzel”, como suelen denominarla los carhuenses, es uno de los establecimientos referentes del rubro en la comunidad que, nacida por la inquietud de Carmen Leibolt y Armando Detzel en tiempos en los que Carhué temía por su destino, hoy tiene continuidad a través de Osvaldo Detzel y su equipo de trabajo, quienes día a día se ocupan con esmero de dar respuestas a las demandas de los consumidores, sin perder de vista los principios que trazó don Armando.

Osvaldo Detzel es quien cuenta a CAMBIO 2000 sobre el origen y la historia de La Familia; y en tal sentido dice que “vivíamos en el campo, y cuando cumplí mis cinco años, con motivo de que se aproximaba mi escolaridad, mis padres emp.ezaron a pensar en venir a vivir a Carhué, y a buscar una actividad. En el inicio, mi papá encontró su salida laboral a través de un taller de zapatería, pero en 1985, que fue el año de la inundación de Epecuén, sintió el mismo temor que muchos, y pensó que no sería suficiente ese trabajo para el sustento familiar; por eso, en medio del desánimo de aquel momento, que era bastante generalizado a nivel comunidad, empezó a buscar otra salida”.

“Papá conocía a Juan Carlos Fuhr, que era un panadero que se desempeñaba en la Panadería Córsico, de Epecuén, y él le propone que alquile las instalaciones que pertenecían a José Fuhr, en calle Moreno, entre Pueyrredón e Irigoyen. La idea se analizó, y papá arma una sociedad con su hermano Aurelio, y ahí es donde incursiona en el rubro panadería; un oficio que aprendió con Juan Carlos Fuhr”.

“En esa época trabajaban unas diez personas y se elaboraba diariamente entre ocho y diez bolsas de harina, entre pan, facturas y especialidades. Por entonces no existía aun lo que era el reparto, pero si la reventa, que las tenían sólo algunas de las cinco o seis panaderías que existían en Carhué”.

“Yo era chico todavía, pero tengo muchos recuerdos de la época, entre ellos, que para fin de año, se elaboraban cerca de 1500 pan dulces, porque no se veían todavía los industrializados que con el tiempo fueron lanzando al mercado distintas marcas, tal como vemos hoy”.

“También la manera de elaborar era diferente, era una tarea dura, se hacía sobre tablas, se usaban los hornos a leña, con todo lo que ello implicaba, porque al horno había que comenzar a calentarlo la tarde anterior; se pasaba mucho calor; y cuando la tarea finalizaba había que retirar brasas, limpiar cenizas, y juntar y entrar la leña a esas cuadras que por lo general eran de dimensiones importantes”, contó Osvaldo Detzel.

Prosiguió diciendo que “en determinado momento, cuando habrían pasado aproximadamente unos 10 años, José Fuhr, el propietario del lugar, le pide a papá las instalaciones, y es ahí cuando desarma la sociedad que tenía con su hermano, y comienza a armar su propio espacio donde era nuestra casa, que es el lugar en el que actualmente se encuentra la panadería, en Pedro Gallo N° 656”.

“Los tiempos ya habían cambiado, – asegura-, habían aparecido los hornos rotativos y mejores máquinas, por lo que se hizo una panadería más chica, con una cuadra más moderna y funcional, adaptada al momento, e iniciamos la actividad en familia; de allí el nombre de la panadería”.

“En esa etapa me sumé formalmente al trabajo, porque en la anterior era prácticamente nada lo que podía aportar, por la edad. Cuando arrancamos allí, mi mamá estaba a cargo del despacho, así como trabajábamos junto a un primo, y algún empleado, de los que fueron pasando según transcurría el tiempo, pero que nos permitió generar nuevas amistades y vínculos con proveedores y amigos”.

“Hemos trabajado siempre a conciencia, con responsabilidad y cumpliendo con los pedidos, y elaborando productos que nos diferenciaran con otros comercios del rubro, porque como es frecuente en nuestra ciudad, cada establecimiento tiene su fuerte; en el caso de La Familia, nos caracterizan el pan de miga, las tortas rusas y los pan dulce. Sacamos muy buenos productos, porque nunca se ha mezquinado en cuanto a materias primas se refiere; y eso hace que nos hayamos podido mantener en vigencia con el transcurso del tiempo, sumando a la vez aquello que va demandando la gente, como el pan de harina integral, el pan lactal, y productos sin sal, lo que nos lleva a una adaptación permanente en base a lo el cliente requiere”.

“Eso nos lleva a la innovación continua, a hacer cursos cada vez que nos es posible, y a tomar contacto con colegas de otros lugares que tienen experiencia en determinados tipos de elaboración. La comunicación y el intercambio son permanentes, y vamos nutriéndonos entre todos, tanto sea para la elaboración como para hacer la compra de insumos y otros aspectos, porque el objetivo es siempre mejorar”, remarcó.

“La modalidad de venta también ha variado; -apuntó Osvaldo Detzel-, de  comercializar el pan en los despachos propios, y las reventas, desde hace años ha cobrado mucha importancia el tema de os repartos; y por eso hoy se encuentran productos de panadería en supermercados, almacenes de barrio, poli rubros y kioscos, porque hasta allí los llevamos diariamente”.

“A la vez, desde hace tiempo abastecemos a dos comedores y al municipio; mientras que nos presentamos a las distintas licitaciones cuando desde diferentes entidades u organizaciones de la comunidad nos piden cotización para eventos. A las instituciones siempre les hacemos un precio especial, porque sé de qué se trata, e intento dar una mano”.


DESDE 1985. La familia Detzel se ha transformado en un clásico del rubro en Carhué.

“El oficio del panadero ha mutado mucho a través del tiempo”

Más adelante, Osvaldo Detzel destaca que “el de panadero, es un oficio que ha mutado mucho a través del tiempo; la gente va cambiando sus hábitos de consumo y sus costumbres, y hay que actualizarse acompañando esos cambios. A veces tengo la sensación de que el oficio se va a ir extinguiendo en manos de lo industrializado; pero mientras tanto, seguimos para adelante”.

“El trabajo en la panadería me ha dejado muchas cosas; en principio, la posibilidad de trabajar al lado de mi viejo, Armando, quien lamentablemente nos ha dejado hace unos meses, y este año es la primera oportunidad que conmemoramos el Día del Panadero sin él; pero con mamá, seguimos adelante con el aporte de tres colaboradores y una chica que se aboca al reparto. Juntos en el día a día, tratamos de seguir haciendo honor a ese nombre que papá eligió para el emprendimiento: La Familia; porque eso es lo que somos quienes desarrollamos tareas en el lugar, con quienes compartimos muchos momentos”.

“No sé si la panadería tendrá continuidad en el tiempo de cara al futuro cuando ya no esté al frente, porque mis hijos están estudiando, han elegido su camino por allí, lo que es muy bueno; pero mientras tanto estoy dispuesto a seguir en este lugar, que en realidad, en principio soñó mi madre: Carmen Leibolt, que fue quien incursionó primero en el rubro, ya que mientras mi padre se desempeñaba como zapatero, fue ella quien en un local de la esquina de Irigoyen y Pedro Gallo, muy cerca de donde estamos hoy, puso una reventa de la panadería Córsico de Epecuén”

“Atravesamos momentos difíciles a nivel país, -añadió para terminar Osvaldo Detzel-; y en ese marco, producir se ha vuelto una cuestión complicada, porque los precios varían de manera constante, y los precios de los productos también; pero seguimos adelante, sin abusar de la situación, y manteniéndonos al servicio de los clientes, que son la parte más importante”. (Cambio2000)

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