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Otra de “fake news”

Por Lautaro Peñaflor Zangara

La expresión “fake news” está instalada. En realidad, las noticias falsas lo están. El avance de internet y la dinámica de las redes sociales fueron moldeando formas de comunicación con las que ya convivimos a diario o, mejor dicho, minuto a minuto.

La comunicación política se vale de las mismas. En la era de la posverdad y del gobierno por Twitter es frecuente ver en circulación titulares que apelan a la emoción, enfatizando prejuicios o conceptualizaciones simples que refuerzan ciertas construcciones.

En Argentina el 52% de las personas dice recibir fake news todos los días, el 28% una vez al mes y sólo el 13%, nunca o casi nunca.

Uno de los ejemplos más recientes es el caso de la Ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, quien difundió un video participando de un acto algo despeinada. A las pocas horas, el mismo fue viralizado ralentizado -según sus palabras- “para ridiculizarla” siendo “el primer fake news de la campaña 2019”.

El ataque a la ministra merece repudio, máxime por tratarse de falacias ad hominem, es decir, ataques a la persona que no se sustentan en la lógica ni debaten ningún argumento, además de estar algo cargados de misoginia.

Pero no se trata de la primera noticia falsa de la campaña. La circulación de información falsa viral genera un estado de campaña permanente, alimentada por la velocidad, el bajo costo, el anonimato y la potencialidad de instalar mensajes con las que se difunden.

En materia de seguridad, el discurso político de Bullrich se valió de esta herramienta con frecuencia en hechos de gran trascendencia, que luego fueron desmentidos por fallos judiciales, información periodística u ONGs.

“Damos a la versión de Prefectura carácter de verdad”, dijo Patricia Bullrich en el marco del asesinato de Rafael Nahuel, dando por cierto que se trató de un enfrentamiento contra un grupo violento. Luego la justicia condenó a un prefecto por homicidio agravado.

Durante la desaparición de Santiago Maldonado, funcionarios del gobierno y medios hegemónicos de comunicación difundieron más de 30 noticias falsas sobre el caso. Meses después, la organización Amnistía Internacional difundió un extenso documento, disponible en su página web, en el que denuncia la existencia de ejércitos de trolls que responden a Marcos Peña, Jefe de Gabinete de Ministros, explicando la situación de Santiago como caso testigo.

Hace pocos meses, Facundo Ferreira -un niño de 12 años- fue asesinado por la policía de un tiro en la espalda. Bullrich, textualmente, dijo: “Si ese chico le tira a un policía, tiene todo el derecho a defenderse”. Según pericias oficiales, Facundo nunca portó un arma.

Más acá en el tiempo, declaró que cuatro personas extranjeras debían ser “expulsadas lo más pronto del país”, acusados de generar disturbios en las afueras del Congreso. Hoy la causa está cerrada por falta de pruebas.

Podríamos seguir enumerando otros casos: lo cierto es que la gestión de Patricia Bullrich puede contarse a través de las fake news. En definitiva, la ministra pide en su caso contemplaciones que ella y el gobierno en general no tuvieron ni tienen con otros ciudadanos.

El auge actual de las noticias falsas no significa que no hayan existido antes. Probablemente siempre existió la circulación de información falsa pero hoy en día la coyuntura tecnológica las jerarquiza y su utilización llegó a contaminar el discurso público.

Estamos ante la primera elección en la que todos los sectores muestran preocupación por su impacto en los resultados. El nuevo paradigma comunicacional exige una actitud ciudadana proactiva para detectar y no viralizar contenido que pueda ser malicioso. Pero más imperativo es el compromiso de todo el arco político de no utilizar a su favor, herramientas distorsivas de comunicación. (Nota de opinión para Cambio 2000)

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