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Obesidad y Covid-19: un encuentro entre dos pandemias

La Licenciada en Nutrición Lorena Guzmán explica claramente todo lo referente a las relaciones del sobrepeso y la obesidad con la cuarentena. Brinda detalles de los últimos estudios estadísticos sobre el tema y también menciona, entre otros aspectos, la incidencia de esta problemática en el sistema inmunológico y sobre el componente emocional. La Licenciada en Nutrición habla también de las dietas, de la importancia de tener hábitos saludables y deja algunas recomendaciones interesantes para tener en cuenta.

LORENA GUZMÁN. Licenciada en Nutrición. Vive en la localidad de Rivera.

RIVERA (Cambio 2000).- Antes de la llegada del coronavirus, 7 de cada 10 argentinos tenía sobrepeso u obesidad. El estudio realizado por la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN) y publicado como trabajo científico, arrojó que el 80% de los argentinos aumentó entre 1.5 y 3 kg de peso en los primeros 2 meses de la cuarentena.

Al respecto, la Licenciada en Nutrición Lorena Guzmán, especificó que “el aumento de peso preocupa porque la obesidad convierte a un paciente común en un paciente de riesgo frente al coronavirus”.

“Para que se entienda, el exceso de grasa corporal genera un estado de inflamación general, que debilita el sistema inmunológico, el cuerpo confunde la grasa e intenta combatirla para eliminarla, creyendo que es un virus, por eso cuando éstos llegan (coronavirus) no tenemos el mejor de los ejércitos para defendernos”, clarificó.

Comentó que el gobierno porteño también realizó una investigación online, para saber cómo la cuarentena modificó la manera de comer, cuyos datos arrojaron que el 70% de los hogares aumentó el hábito de cocinar.

“El componente emocional, asociado al malestar general que nos provoca toda ésta situación, junto al sedentarismo de las primeras etapas, acentuado por el aislamiento obligatorio, puede explicar en gran parte el aumento de peso y los cambios en los hábitos alimentarios”, describió la profesional.

En este sentido, preguntó: “¿Por qué me refiero a lo emocional? Una emoción es un sentimiento muy intenso de alegría o tristeza, producido por un hecho, situación o recuerdo. Las emociones nos informan. Por lo general no estamos acostumbrados a reconocer o bancarnos una emoción, y muchos menos a afrontarla. En cuarentena atravesamos una montaña rusa de emociones que hacen que a lo largo del día pasemos por diferentes estados de ánimo, que se asocian a un aumento del estrés y que la mayoría canaliza con comida. El 70% de las personas comen de más ante una emoción o stress y el 30% come lo mismo o a veces menos. Por lo tanto no es anormal qué las investigaciones hayan arrojados esos datos”.

Precisó que la respuesta de nuestro cuerpo ante una amenaza, es justamente “estrés”, motivo por el cual el organismo estimula la liberación una hormona llamada cortisol. “Esta hormona aumenta cuando nos suceden cosas inesperadas, cuando te anuncian una mala noticia, etc. Si nos ponemos en contexto, la llegada del Covid-19 fue algo totalmente inesperado. Estamos estresados porque nos sentimos amenazados por un virus que llegó para llevarse varias vidas”.

“Ahora bien -sostuvo Lorena-, hay una trampa psicobiológica asociada a la comida y el estrés; y es que comer, baja la liberación de cortisol. Por lo tanto si el estrés general nos saca del estado de confort en el que queremos estar, buscaremos comida que nos devuelva a ese estado”.

Mencionó que “esas comidas se llaman confort-food, comidas de confort. Se llaman así porque nos remontan al momento lindo, al recuerdo agradable, al cumpleaños, al recreo del cole, etc., y es por eso que aumentó más que nada el consumo de preparaciones menos saludables, panificados, pastelerías, amasados, etc.”

Puntualizó que el picoteo entre comidas fue un hábito que también aumentó. “El ocio, el aburrimiento, el encierro, la mayor cantidad de horas en casa, lo incrementó, y no precisamente con alimentos más saludables”, dijo.

“Pero bueno -aclaró la profesional-, no todo fue negativo, también aumentó la comensalidad, muchas familias hoy comparten la mesa y las cuatros comidas, cosa que antes se dejaba para los fines de semana”.

En esta línea, según la investigación del Gobierno de Buenos Aires, el 50% de las familias desayuna y merienda, el 70% comparte la mesa del almuerzo y el 90% la cena. “Estos son datos muy positivos, más allá de que la elaboración de comida casera no arrojó el mayor aumento de preparaciones saludables. Aumentó el consumo de verduras, porque había más tiempo para cocinar, pero bajó el de frutas, carnes y huevo”, dijo.

“Aumentaron las actividades al aire libre”

AUMENTO DE PESO. Un estudio arrojó que el 80% de los argentinos aumentó entre 1.5 y 3 kg de peso en los primeros 2 meses de la cuarentena.

Con respecto al movimiento y ejercicio físico, el 60% de los argentinos tienen hábitos muy sedentarios en cuarentena. Menos del 30% encontró la forma de entrenarse, generalmente deportistas y habitúes de gimnasios, pero los que ya hacían poco, ahora hacen menos. Un 10% optaron por clases de gimnasia a través de las redes sociales, como un pasatiempo saludable, que disminuye el estrés, mejora la energía y el estado de ánimo entre miles de beneficios para la salud.

“El encierro que tuvimos que atravesar fomentó las ganas de aunque sea salir a caminar, sobre todo en aquellas personas más sedentarias, esos también son cambios positivos. Hoy en día claramente aumentaron las actividades al aire libre, más allá de los gimnasios”, apuntó.

Consultada la licenciada sobre las publicidades o promociones de dietas en todo este tiempo,  dijo que “si hablamos de dietas, las redes sociales están invadidas por mensajes dirigidos a bajar de peso, de la manera que sea, tanto de profesionales como de aquellos que sin serlo, tomaron el lugar de los que saben. En éstos días, todos los que comen y beben, parecen ser expertos en Nutrición (Asker Jeukendrup)”

“En lo personal -añadió-, ningún momento de la vida es correcto para iniciar una dieta, y mucho menos en cuarentena, sobre todo si son restrictivas”.

La destacada profesional afirmó que “es un concepto totalmente erróneo, pensar que luego de subir ciertos kilos de grasa en cuarentena, logremos bajarlos como si nada, cuando todo esto vuelva a la normalidad. Se producen cambios metabólicos, respuestas cerebrales, estímulos digestivos, etc., que no desaparecen tan fácil después, por lo que se requiere de largos meses de aprendizaje para poder levantar el reprobado de una lección mal dada”.

Prosiguió explicando que no existen dietas que den resultados sostenidos a largo plazo. “Como dice la Dra. Katz, si te separaste y querés entrar al mercado, hace una dieta Keto, Ceto, Detox, Ayunos, que claramente vas a adelgazar, eso sí, sustentables en el tiempo, a largo plazo, no hay evidencia científica al respecto”.

“Por lo tanto, debemos trabajar en la modificación de hábitos y estilos de vida, tanto alimentarios como de ejercicio físico”, instó. “Para ello les dejo algunas sugerencias o recomendaciones”, añadió.

“Moverse: la OMS recomienda 10.000 pasos diarios para los adultos y 12.000 para niños menores de 18 años. Para ello existen las aplicaciones gratuitas para celulares dónde contabilizan la cantidad de pasos que hacemos por día (la dificultad es que tenemos que estar con el celular en contacto con nuestro cuerpo). También existen los famosos relojes cuentapasos, podómetros, steps, qué serían la mejor opción, y con costos accesibles”, señaló.

“Recordemos que no existe un estilo de vida saludable, si no hacemos actividad física (disminuye el estrés, mejora el rendimiento, mejora el ánimo, fijación de calcio al hueso, beneficios cardiovasculares, circulatorios, mejora el sueño, etc., etc., etc.)”, expresó.

“Organizar la semana, armar un plan de comidas, no siempre 100% saludable, podemos elegir un 80/20 e ir al supermercado con la lista de eso alimentos”, sugirió.

“Realicemos por lo menos 3 o 4 comidas con horarios flexibles. Si contamos las horas del día, de las 24, 8 deberíamos descansar de las 16 que quedan libres, si las distribuimos cada 4 hs aproximadamente, con 4 comidas estamos perfectos, dependiendo de la vida de cada uno, por supuesto, las colaciones son un derecho, no una obligación, si la necesito las hago, sino, no. ‘Las deudas de hambre se pagan con comida’ (M. Katz)”

“Tratar de que la mitad del plato diario de almuerzo y cena tenga colores (verduras/frutas) y la otra mitad podemos completarlas con alguna carne (pescado, vaca, pollo, cerdo) o huevo, y otra con cereales integrales, cebada, quinoa, arroz yamaní, avenas, legumbres, pastas de trigo candeal, harinas integrales. No quiere decir, que no podamos comer cereales o harinas refinadas, es solo que los que nombro contienen mayor cantidad de nutrientes que los blancos o refinados. Con ésta distribución estaríamos aportando gran parte de los 60 nutrientes que nuestro cuerpo necesitaría por día”, puso de relieve.

Además, entre las recomendaciones mencionó: “Movernos en un ambiente seguro. No tengas a tu alcance alimentos que no puedes manejar su consumo”. Propuso “llevar la comida a la mesa servida en el plato, como si fuera un restaurante. Servirse una sola vez ¿por qué? Porque no es la última comida!!!”

También aconsejó “comer despacio, masticar bien para que nuestro cerebro se entere que estamos comiendo y libere las hormonas de la saciedad. Aprender a gestionar el estrés, porque ante el estrés… comemos!!!”

Asimismo, sugirió “lograr hacer un descanso de mínimo 7 u 8 horas diarias. Está comprobado científicamente que dormir menos de 7 horas, favorece el sobrepeso”.

Sobre el final de la nota con CAMBIO 2000, la Lic. en Nutrición, Lorena Guzmán, dijo: “Quiero compartir dos frases que me encantan…”

• “Somos lo que comemos y cómo comemos” (Ludwig Feuerbach)

• “Sea el alimento tu medicina y la medicina el alimento” (Hipócrates)

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