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No todo lo que es oro brilla

       Por Maia Franceschelli

Cuando se habla de avances científicos, todo el mundo presta especial atención, porque éstos suponen un mejor futuro para la humanidad. Sin embargo, no todo lo que es oro brilla.

La semana pasada recibieron el Premio Nobel de Química John B. Goodenough (Estados Unidos), Stanley Whittingham (Gran Bretaña) y Akira Yoshino (Japón) por desarrollar la batería de iones de litio. Este mineral es considerado “la energía del futuro”; pero, ¿qué es y a quiénes beneficia su negocio?

Argentina es un país rico en reservas mineras y recursos energéticos. Gran parte de los depósitos minerales se encuentran cercanos a la Cordillera de los Andes. Allí se sitúan los principales distritos mineros en exploración y explotación.

Las actividades mineras tuvieron su auge en las provincias andinas durante el siglo XIX, y a principios de los años 90, cuando se estableció un marco legislativo favorable para la explotación del sector. Este hecho, junto a la apertura de los mercados a la inversión extranjera y el atractivo precio de los metales en los mercados internacionales, derivó en una corriente exploratoria y en la puesta en marcha de yacimientos.

El litio es uno de los recursos que más interés despierta en el mundo, debido a que resulta ser un perfecto almacenador de energía; también por su alto grado de adaptación a distintos tamaños, diseños y formas, se utiliza como insumo clave para la fabricación de baterías varias, celulares, computadoras portátiles y vehículos eléctricos.

El Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS) ubica a la Argentina en la cuarta posición en la producción mundial de litio, con unas 873.000 hectáreas disponibles para la explotación, distribuidas en salares de Salta (41%), Jujuy (37%) y Catamarca (22%). Además, junto con Bolivia y Chile conforman el “Triángulo del Cono Sur del Litio” ya que juntos concentran el 80% de las reservas mundiales del llamado “oro blanco”.

El creciente interés de países como Japón, Corea del Sur, China, Australia, Estados Unidos, Canadá y Francia en la extracción y comercialización en el norte argentino es cada vez más intenso.

Según explica el informe oficial Litio en la Argentina, presentado en febrero por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología de la Nación, actualmente se apuesta a que Argentina se convierta en el principal productor mundial de carbonato de litio, que hoy constituye el 93% de las exportaciones nacionales, no solo por las condiciones naturales que benefician al país, sino también por el marco normativo que, en relación con los países vecinos, favorecen el arribo de inversiones extranjeras.

Unidos por un hilo invisible, los países del “Triangulo del Litio” comparten situaciones y conflictos semejantes. La llegada de la megaminería a los salares sudamericanos ha alterado la vida diaria. Mientras algunos no ocultan su entusiasmo frente a los beneficios económicos que acarrea, los habitantes de la puna ven amenazadas sus tradiciones, su cultura ancestral y con ella todo su entorno natural.

Anteriores mega proyectos de similar envergadura nos han enseñado que la flexibilización legal beneficia a las grandes multinacionales: se instalan, explotan el recurso, precarizan la mano de obra lugareña, destruyen el medio ambiente, se llenan los bolsillos de dinero, y se van sin más.

La revolución de este material se basa en que suplanta a los combustibles fósiles, recurso prácticamente agotado y obsoleto. Pero, a éste ritmo, será otra nueva fuente de energía que terminará corriendo la misma suerte, y su extracción dejará también consecuencias irreversibles, social y medioambientalmente. (Nota especial para CAMBIO 2000)

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