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Néstor Cimatti: el carhuense que hizo carrera en Buenos Aires, pero mantiene vigente el amor por su lugar, donde vuelve una y otra vez

CARHUÉ (Cambio 2000).- Nacido y criado en Carhué, en la primera cuadra de la calle Pellegrini, y a pesar de que la vida y su formación musical lo llevaron a buscar otro rumbo, Néstor Cimatti sigue eligiendo volver; lo hace permanentemente, cada vez que puede, y es frecuente verlo sobre distintos escenarios locales, tocando junto a otras bandas y músicos amigos, dando clases de batería en la escuela de música en algún momento, y seleccionando el entorno que tanto disfruta, para trabajos vinculados a la música.

La semana pasada, estuvo como invitado en CRUZANDO EL PUENTE, el programa que se emite por las mañanas en RADIO 2000, y repasó su trayectoria, recordando en principio su aporte a la creación de la Escuela de Música de Carhué. “No quiero llevarme ningún galardón, pero la escuela de música tuvo que ver con un proyecto que presenté hace muchos años a quien fuera la secretaria de Cultura, Cristina Barriola, y a partir de allí se generó una movida a la que se fueron sumando otros músicos, y fue creciendo hasta alcanzar a la comunidad, y fue cobrando forma, incluso hasta una conformación definitiva, con un director que provino de Pringles”.

 “Hace unos siete u ocho años que ya no doy clases en Carhué, pero estuve un prolongado período viajando, viniendo dos veces por mes, para dedicar a la actividad el fin de semana completo; eso no fue fácil, porque se me complicaba con mi trabajo en Buenos Aires, donde tocaba mucho en eventos, y a la larga, si bien me gustaba mucho venir a Carhué, decidí dejar de hacerlo con ese fin”, expresó.

Fascinación por la batería desde los 5 años

BATERISTA Y PERCUSIONISTA. Desde los 5 años Néstor Cimatti comenzó su «amor» por la batería.

Luego, remontándose al principio de la historia de su vínculo con la música, Néstor recordó que tuvo fascinación por la batería “desde cuando tenía cinco años. En esa época, mi tía Chocha y mi tío Tito, me pasaban a buscar para ir a Epecuén, a los bailes, y en las orquestas tocaban personas como Cacho Graff o Yani, por ejemplo, y lo hacían en vivo; en esas ocasiones no paraba de mirar, atrapado por la batería, hasta que llegaba el momento de irnos. Y ese fue el inicio”.

“En el tiempo de secundaria -prosiguió-, con Gustavo Capozzi no hicimos muy amigos, y con él recomenzamos la historia de la música, con escuchas, en un tiempo en que no había redes ni YouTube, con lo cual nos habíamos hecho socios del Círculo del Disco, donde elegíamos los vinilos que luego nos enviaban”.

“Mi primer batería se la compré a José Luis Viberti, y empecé a tocar a fuerza de coraje, porque por entonces, en Carhué no había quién diera clases, a diferencia de la actualidad, donde los chicos viven una gloria con la información disponible, la accesibilidad y la escuela de música”, dijo.

“Con la decisión de estudiar música, terminado el secundario, me fui a Buenos Aires en busca del objetivo, y por supuesto a trabajar, porque no podía estudiar solamente. En ese tiempo era muy raro que alguien eligiera estudiar música; años posteriores se hizo más común, y de hecho, ya hay quienes han vuelto a la ciudad recibidos de conservatorios; pero en mi tiempo no. No obstante hoy digo que mi elección fue correcta, y la música me salvó la vida”, remarcó.

“Lo digo porque hoy es mi motorcito diario, doy clases, tengo mi estudio en Buenos Aires, tomo clases constantemente con distintos profesores de diferentes estilos, y con cada uno de ellos, voy durante dos o tres años, y luego paso a otro que trabaja técnica solamente, así como he incursionado en las congas, bongos, bombo legüero, y cajón peruano, con lo cual voy armando en mí un lindo combo que me va nutriendo de posibilidades y me va suministrando un montón de información para trabajar; tanta, que no alcanza una vida para absorberlo todo; pero lo importante es que cada día, al levantarte, ya tenés un leitmotiv para seguir”, puso de relieve.

“He logrado vivir de la música, -aseguró Néstor-, y soy un agradecido, aunque al principio, fue medio raro; me casé, trabajé en otra cosa, y dediqué menos tiempo a esta pasión, pero hubo un momento, sobre mis 30 años, en el cual comencé a estudiar y no paré más hasta ahora; antes sólo tocaba, aunque me faltaran muchos conceptos, y lo hacía prácticamente de manera intuitiva”.

“Escucho todo”

NÉSTOR CIMATTI. El músico carhuense habló de su trayectoria en la música por Radio 2000.

Contó más adelante que es muy amplio en los gustos. “Escucho todo, desde Ricky Martin, Alejandro Sanz, hasta Coldplay, o Kellington por citar algo, pero me atrapó mucho la música latinoamericana, que tiene un entramado muy interesante, distinto al concepto del pop y del rock, que es lo que siempre hice”, expresó.

“Pero cuando descubrí la música latina, cómo está todo trabajado desde la percusión y los instrumentos armónicos, me dije que era lo que quería comenzar a aprender. Es difícil porque el lenguaje es distinto; y sin desmerecer al rock, entiendo que tocarlo es más fácil, demanda menos conceptos para funcional, pero hay estilos en los que para meterte, hay que estudiar, salvo que los tengas incorporados por tradición, por tener madres o padres que lo tocan, como el folclore por ejemplo en Santiago del Estero, aunque esa gente también tenga que ponerse a estudiar y practicar; porque entiendo que Peteco Carbajal, por ejemplo, debe haber estudiado y practicado para ampliar e incorporar cuestiones”, resaltó.

Sobre la gente del ambiente que ha conocido en su andar, como puede ser recientemente el músico brasilero Everton Vidal Azevedo, Néstor Cimatti apuntó que eso forma parte de “las bondades de la pandemia, porque nos contactamos por Instagram, y comenzamos a mantener conversaciones de ida y vuelta, comenzamos a grabar, porque en casa tengo un estudio que fui armando a lo largo de los años, donde fui aportando en la medida de mis posibilidades porque todo demanda mucho dinero; y tras esa primera grabación, hace poco él me contactó porque para Navidad iba a sacar un disco, dándome la posibilidad de grabar dos temas. Él es un guitarrista y compositor de un nivel extraordinario, que me sorprendió por su calidad y precisión”.

“Esa propuesta me encantó, porque si bien no es simple a veces tocar cosas tan intrincadas, en este caso todo fluyó, y sonó muy lindo. Él quedó muy conforme y yo muy agradecido”, destacó.

“No puedo quejarme de lo que pude lograr en tiempos de aislamiento”, manifestó, aclarando que  pudo “seguir trabajando, valiéndome de la tecnología, porque venía ya con cierta inercia, dado que cada año tengo unos 20 ó 25 alumnos, con quienes preparo las muestras anuales para las cuales contrato un lugar, sonido, músicos amigos, y cada alumno toca dos temas con los músicos. Y aunque durante la pandemia, con clases on line, ese número mermó, pude salir adelante”.

“También se dio que como trabajo mucho con la colectividad judía, en pandemia, desde el estudio El Santito, de Diego Mizrahi, hicimos muchos streamings, lo que sumado a los alumnos on line, y las grabaciones de percusiones y batería que comenzaron a surgir ese año, hicieron que mi situación no sea la de tantos otros”, expresó.

“Grabo mucho, he tocado con un montón de gente, a la que le interesa el combo de  poder ensamblar percusión y batería en un solo lugar, como fue el caso de Machi, el ex músico de Pappo. Hay cosas beneficiosas, que acortan caminos, y como puedo facilitar eso, la cuestión comenzó a funcionar; luego llegó el pedido de otro chico que fue compañero de trabajo cuando dábamos clases en la escuela de música en Villa del Parque, que se había ido a vivir al Bolsón hace unos años, y me contactó para que también le grabe percusión y batería en su disco; por lo tanto, la pandemia tuvo sus pro y sus contra, aunque en cierto modo, a mí me benefició”, dijo el músico carhuense. (Cambio 2000)

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