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Mondo Salamone: el influencer detrás del mito

A través de su cuenta de Instagram (Mondo Salamone), un fotógrafo sigue el rastro del misterioso arquitecto Francisco Salamone.

A través de su cuenta de Instagram (Mondo Salamone), un fotógrafo sigue el rastro del misterioso arquitecto Francisco Salamone

Corrían los años 30 en Argentina, una de las épocas oscuras de la historia nacional, conocida como la Década Infame cuando un arquitecto de origen italiano pasó del anonimato a convertirse en el artífice de más de 70 obras públicas, realizadas en menos de 4 años en distintos pueblos olvidados de la Provincia, muchas de ellas de características monumentales. Su nombre: Francisco Salamone.

A más de seis décadas de su fallecimiento, Martín Aurand, un joven fotógrafo, apasionado por la obra salamónica, sigue desde 2007 la huella del enigmático arquitecto que levantó decenas de obras tan imponentes como estremecedoras en alrededor de 20 pueblos y pequeñas ciudades, principalmente al sudoeste de la provincia de Buenos Aires, entre ellos, Guaminí, Azul, Carhué, Laprida, Coronel Pringles, Balcarce, Saldungaray, Tornquist, y Rauch.

El fotógrafo asume que a la obra de Salamone llegó «de casualidad» cuando tenía 25 años, en un viaje a la localidad de Azul. Una mañana en 2007 lo acompañó a su padre, quien tenía ir a visitar a su ex pareja, que estaba internada ahí; y mientras esperaba que volviera su padre, él y quien era su novia en ese momento, leyeron en un folleto turístico sobre las obras del arquitecto en la ciudad.

«Era verano, no teníamos nada que hacer y decidimos ir al cementerio», recuerda Aurand, «cuando lo vi, quedé muy impactado con eso, no solo por la sorpresa de ver esa obra, sino también porque, siendo un lugar familiar para mí, nunca nadie me había hablado de ese cementerio».

A partir del momento en el que se paró frente al portal de 21 metros de altura y 43 de frente, que tiene como figura principal al arcángel San Miguel, el ángel de la muerte, materializado en una estatua de piedra, de cinco metros y medio de alto; no hubo vuelta atrás para el joven, que quedó fascinado por la obra que, además esconde un cierto enigma.

Según una tradición popularizada entre la gente del lugar, hubo un diálogo entre el intendente de Azul y Salamone el día de la inauguración. «Hay algo malo, algo oscuro. Parece construido por el diablo», le habría dicho el funcionario aturdido al arquitecto, que le habría contestado: «No sea ingenuo, doctor, el diablo nunca hubiera llegado tan lejos».

A través de su cuenta de instagram (Mondo Salamone), Aurand divulga no solo las imágenes que captura en sus visitas a los distintos puntos del territorio bonaerense a donde se dirige en busca de las creaciones de Salamone, sino que también comparte antiguos croquis de muchos de los proyectos firmados por el arquitecto de las pampas, incluso aquellos que finalmente no se llevaron a cabo; además de distintas historias cargadas de intriga, que alimentan el misticismo que rodea a su figura.

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#Repost @museomulazzi • • • • • • Septiembre en el Mulazzi . . La obra del genial arquitecto e ingeniero Francisco Salamone se impone en la Sala Mayor con dos propuestas. Aquí la que surge desde la fotografía: MONDO SALAMONE de Martín Aurand. Una espera obligada. Un momento ocioso en la ciudad de Azul allá por 2007 fue el puntapié inicial para emprender un recorrido que aún continúa y ha llevado al fotógrafo a transitar cientos de kilómetros para registrar la obra del arquitecto Francisco Salamone, rescatando monumentos, edificios y espacios públicos que hablan subrepticiamente de una política de estado pensada para el sudoeste bonaerense durante la década del 30. Desde su cuenta de Instagram @mondosalamone, Martín Aurand comparte sus fotografías de esas obras que en solo 4 años crearon un corredor estilístico y materializaron dicha política estatal, marcando un sello en el espacio y la geografía de la región. Apertura 6 de septiembre. 19 hs. Sala Mayor

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«Primero hice un Facebook, despues un Tumblr, y el Instagram lo hice hace dos años porque mi novia me recomendó que lo haga. Ahí me cayó la ficha de que podía hacer algo más en serio para poder mostrar las fotos», comenta Aurand, que viene recopilando información a partir de libros y consultas a arquitectos e historiadores, «yo quería mostrar las fotos y listo, no quería ponerme en el lugar de alguien que está divulgando, pero ahora siento que encontré el punto en el que divulgo cosas sin meterme en terrenos que no manejo».

Según Aurand, los seguidores también contribuyen con el contenido de la cuenta, haciéndole llegar distintas historias vinculadas con el arquitecto. «Me escribió hace poco el descendiente de un político de Arroyo Corto de los años 30, y me mandó la información sobre un Cristo que había diseñado Salamone, que tenía una historia vinculada con su tío abuelo, que era político y lo había asesinado otro político», relata el administrador de Mondo Salamone, quien también compartió esta anécdota en sus stories de Instagram, en donde se puede leer que el arquitecto italiano le había obsequiado ese Cristo, que fue colocado en el cementerio, construido por el mismo Salamone, donde fue enterrado el difunto político.

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Cementerio / Saldungaray

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«Salamone me llamó la atención primero desde un lugar estético porque es una arquitectura que no tiene similitudes con nada que uno haya visto y, encima, al estar en medio de la pampa, eso te llama mucho más la atención», indica el fotógrafo y agrega que » Salamone es una muy buena excusa para conectar con otras cosas que hay escondidas en cada paraje y en cada pueblo de la Provincia».

¿Quién fue Salamone?

Nacido en Leonforte, Sicilia, Francisco Salamone llegó a la Argentina cuando tenía 6 años y se instaló con su familia en la ciudad de Buenos Aires. Siguiendo los pasos de su padre, que era constructor, se recibió a los 18 como Maestro Mayor de Obras en el colegio Otto Krause, la Escuela Industrial de la Nación. Años más tarde se mudó a Córdoba, donde obtuvo el título de arquitecto-ingeniero en 1919.

Apenas recibido, el joven Salamone presentó algunos proyectos en exposiciones en Milán y Barcelona, obteniendo medallas de oro en las dos. El ítalo-argentino, que luego se casaría con Adolfina Vlieghe de Croft, hija del cónsul austrohúngaro que vivía en Bahía Blanca; se convencía cada vez más de que su destino no podía ser otro que construir edificios, y su presunción se concretaría en la década de 1930, cuando realizó casi un centenar de obras encargadas por el Estado entre 1936 y 1940.

Durante ese período, el gobernador de turno de la Provincia de Buenos Aires, el ultraconservador Manuel Fresco, quien adhería al fascismo y al nazismo y que incluso tenía en su despacho un retrato de Mussolini y otro de Hitler; realizó una inversión descomunal en lo que refiere a la obra pública, que lo tuvo a Salamone como uno de sus pilares fundamentales junto al arquitecto Alejandro Bustillo.

Mientras que este último, hermano del ministro de Obras Públicas José María Bustillo, es designado con la ambiciosa tarea de urbanizar la playa Bristol en Mar del Plata; Salamone queda a cargo de «consolidar urbanísticamente» los distintos pueblos del sudoeste de la provincia de Buenos Aires que, para aquella época, tenían apenas un puñado de habitantes.

De un momento a otro, el nacido en Italia se había convertido en el profesional de la construcción que más obras acaparaba en todo el territorio bonaerense. Tal es así que, durante la época, se había popularizado la frase: “Lo que Fresco dispone lo construye Salamone”.

Como si tuviera en su poder una varita mágica, Salamone realizó algo impensado para la época: en tan solo 40 meses, hizo aparecer en el paisaje solitario y sereno de la inmensa llanura pampeana más de 70 construcciones, principalmente cementerios, mataderos, palacios municipales y otras dependencias públicas. Pero no se trataban de edificios comunes y corrientes, sino de impresionantes moles de hormigón, con torres altas, líneas rectas y mucha simetría.

La monumentalidad de sus obras y su característica futurista contrastaban notablemente en sitios de casas bajas, con menos de mil habitantes; pero todo eso estaba en los planes: el mensaje que se quería dar era el de la presencia de un Estado poderoso.

Los tiempos dorados de Francisco Salamone al frente de la construcción de edificios de esta magnitud se terminaron tan drásticamente como llegaron y, en 1940, cuando el gobernador Fresco fue expulsado del gobierno, el proyecto urbanístico encabezado por el arquitecto de las pampas queda congelado. De ahí en más, Salamone se alejó totalmente de la construcción de edificios y se dedicó a pavimentar calles con la empresa que había formado con uno de sus hermanos.

Francisco Salamone fallece el el 8 de agosto de 1959, con 62 años de edad y prácticamente olvidado, o al menos sin el reconocimiento que empezó a tener desde hace menos de dos décadas cuando se comenzó a revalorizar su obra.

La presencia del «loco de las torres», como lo llamaron al arquitecto, aún persiste en distintos pueblos bonaerenses en los que sus obras colosales continúan asombrando aún hoy a los visitantes.

«En líneas generales las municipalidades están muy bien porque es difícil encontrar una municipalidad o delegación que esté abandonada; los cementerios ya no están tan bien, me imagino que se debe a que para municipios muy chicos, son difíciles de mantener», explica el creador de Mondo Salamone, Martín Aurand y agrega que «los mataderos son los que se llevaron la peor parte porque fueron los primeros en ser abandonados y los municipios no supieron bien qué hacer con ellos».

Las obras de Salamone, del cine al trap

Entre las variadas curiosidades que se comparten en Mondo Salamone, se destaca un hilo de stories titulado «Salamone y el cine». Allí, Aurand recopila y comenta sobre películas que utilizaron como escenario en sus rodajes alguna de las construcciones del enigmático arquitecto .

«Empecé a darme cuenta de que, sobre todo en el cine nacional, se habían usado las locaciones salamónicas mucho más de lo que pensaba a priori y constantemente me voy enterando o algún seguidor me dice que vio una obra suya en tal película», cuenta Aurand, «en los 90 hay por lo menos dos películas que retratan alguna de sus obras: una es Una sombra ya pronto serás, donde aparece el palacio municipal de Carhué; y la otra es una película de Pino Solanas, donde pasa por el antiguo matadero de Epecuén».

Las obras del arquitecto e ingeniero de las pampas, o el «arquitecto maldito», como se lo calificó a partir de algunos mitos, pero también por lo tétrico de algunas de sus creaciones; no solo llegaron al cine, también hicieron su aparición en videoclips de artistas contemporáneos.

«El cementerio de Laprida lo usa un trapero que se llama Neo Pistea, que es impresionante porque lo usa de principio a fin. Eso es muy llamativo porque quizás uno, por prejuicios, no se imagina que ese tipo de artistas puedan conectarse con esto, y al final ves que sí», observa Aurand y concluye: «Eso me parece algo genial de Salamone también, el hecho de no estar muy encasillado en algo, hace que haya un abanico muy disímil de gente que se lo fue apropiando».

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