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Mismo consumo, nuevos paradigmas

Por Maia Franceschelli

Las nuevas generaciones, ante el inminente e innegable desastre medioambiental que atravesamos, vienen apostando a reciclar como medida para paliar la situación actual.

Hasta hace un tiempo, creíamos sin titubear que esto era una ayuda enorme para el planeta; hoy la realidad nos presenta un nuevo paradigma: solo con reciclar, no alcanza.

Actualmente, debido a la globalización y la capacidad de comunicación instantánea que presenta el mundo, las singularidades han perdido su espacio. El objetivo de ser todos iguales nos ha tornado en sujetos de idéntico consumo. Todas las personas en todas partes del mundo “deseamos” consumir las mismas cosas, obviando que las necesidades que tenemos -y las posibilidades- son distintas.

Tampoco importa de qué manera llegamos a ese consumo, para el sistema lo primordial es que lo hagamos, independientemente del modo que empleemos para llegar a ello: a Nike sólo le interesa que compres sus nuevos pares de zapatillas, si los compras en un local, los robas, los canjeas, no les importa; ellos vendieron, ellos ganaron.

La publicidad es una poderosa herramienta que tiene el sistema. Intenta por diversos medios incrementar el consumo de productos o servicios que no necesitamos, haciéndonos creer que sí, precisamente porque trabajan con la ilusión de felicidad. Si consumís, aumentas tu bienestar.

A ello se suma que por lo general, los productos del mercado suelen venderse como objetos que tienen un fin único, es decir, una función exclusiva. Ello nos lleva a descartar y adquirir cada vez mayor cantidad de adminículos innecesarios (creyendo que lo son).

Podemos sostener entonces que reciclar es insuficiente como acción única y aislada, pues no debemos perder de vista que las empresas generadoras de estos residuos son las mismas que impulsan campañas de sensibilización al respecto.

En otras palabras, el mercado ya ha asimilado la consigna “ecofriendly” y nos la devuelve en forma de objetos que nada tienen de amistosos con el mundo…

Por mucho que apliquemos la separación de residuos para su posterior reciclaje, es poco el porcentaje que llega a las plantas de tratamiento. Si la demanda y el consumo siguen la progresión actual, no sólo se perpetuará la expoliación actual de los recursos naturales, sino que peor aún, aumentará.

Un ejemplo de ello es el despropósito del aluminio, con altas tasas de reciclaje, que rondan entre el 65 y 90%. Su incesante incremento en la demanda para la fabricación de envases, vehículos, aparatos electrónicos y eléctricos, entre otros, hace que el aluminio reciclado solo implique el 30% de las necesidades de este material, mientras el 70% restante continúa procediendo de materias vírgenes.

La falta de incentivos para la investigación y posterior fabricación de productos de larga vida útil y su biodegradación, debe mutar cuanto antes. En esta línea, apostar a una economía circular en la que paguemos por la generación y tipo de residuo que ocasionamos puede ser una opción viable, de la mano del impulso a las empresas para que diseñen productos duraderos, desmontables y reparables.

Nosotros, como consumidores, debemos apostar no solo al reciclaje sino, sobre todas las cosas, a reducir nuestro consumo y a reutilizar cosas que creemos -o nos hacen creer- que ya no sirven más: hoy en día basta con abrir el explorador de internet y consultar, ¿qué puedo hacer con tal objeto? Les podemos asegurar que son muchas las personas que con su ingenio, ya le han dado un segundo uso a casi todo lo que pensamos desechable. (Artículo de opinión para CAMBIO 2000)

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