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Mientras, deben gobernar

Por Lautaro Peñaflor Zangara

Los últimos días nos regalaron dos momentos extraños en terreno político nacional. Mauricio Macri, luego de reaparecer en la escena a través de la presentación de su libro “Primer Tiempo”, dijo en una entrevista televisiva que “si Perón estuviera acá, se anotaría en Juntos por el Cambio”.

Extraño guiño el del ex presidente a un sector al que culpó hasta el hartazgo del contexto que, según su evaluación, condicionó el indiscutible fracaso de su gobierno (recordemos los “setenta años de peronismo”). Notando además la carencia de jerga política -habló de “anotarse”, como si se tratase de un taller cultural, en lugar de “afiliarse”- Macri explicó su afirmación sosteniendo que el justicialismo ahora representa “a quienes no trabajan” y que los trabajadores son representados por Juntos por el Cambio.

Quizás no tiene presente que su gobierno terminó agravando las cifras de desempleo, de precarización y de pobreza. También hizo toda la fuerza que pudo, resistida por múltiples sectores, para instalar una reforma laboral legal en claro prejuicio de los derechos adquiridos que surgen de las relaciones de trabajo. ¿Puede arrogarse su representación? ¿Puede afirmarlo alegremente sin que exista una repregunta o un cuestionamiento?

Las danzas de Juntos por el Cambio para conquistar sectores que le son esquivos no es novedosa (recordemos que la fórmula en 2019 fue Macri-Pichetto), pero sí viene sumando algunas capas que bien podríamos incluir en un concepto amplio de “populismo”. En la actual oposición consideran que existe una fuga de votos que pueden ir a su espacio, a través de expresiones conservadoras y de derecha que se expresan con mayor claridad. Los dos ejemplos más notorios son las fuerzas que en las últimas elecciones encabezaron Gómez Centurión y Espert.

No casualmente Patricia Bullrich, actual presidenta del PRO, encabeza performáticamente actos opositores disfrazándose de presa, como sucedió en Formosa, o trepándose a alguna instalación, como pasó en Calafate. La elevación del tono en ciertas discusiones también avanza en ese sentido: en las últimas jornadas propusieron, por ejemplo, privatizar el acceso a las vacunas “y que acceda quien pueda pagarlas”.

Retornando al origen de esta columna, el segundo hecho tuvo que ver con Cristina Fernández elogiando, a través de Twitter, la postura de Horacio Rodríguez Larreta respecto a la última dictadura eclesiástico cívico militar. La actual vicepresidenta realiza un uso muy cuidado de sus redes sociales y, a sabiendas del impacto que genera cada vez que aparece, gestiona con celo sus palabras y también sus silencios.

Nombrar a Rodríguez Larreta implica resaltar su figura, en contraposición a la de Mauricio Macri. Es involucrarse en la interna partidaria de la oposición, que se debate entre la moderación discursiva y posturas más recalcitrantes. Los famosos “halcones y palomas”.

Un anticipo de ese mensaje tuvo lugar en el acto que encabezó por el Día de la Memoria: allí hizo una clara y cruda alusión a la familia de su sucesor en la presidencia, criticando que se benefició con la dictadura y su modelo económico.

Esta situación grafica el alto nivel de confrontación y de fuego cruzado que sectores del oficialismo y la principal oposición sostienen, con un encono que ya parece personal, además de político y judicial, entre los últimos dos presidentes mandato cumplido en nuestro país.

Cristina demostró que “sola no se puede, pero sin ella no alcanza”. Macri, que emuló de CFK la estrategia de lanzar un libro para retornar, parece buscar que la consigna mencionada se repita en su espacio. Mientras tanto, a quienes democráticamente así les sea delegado, deben gobernar. (Nota de opinión para CAMBIO 2000)

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