|  

Mariano Alló: “Con que una sola persona sienta que el libro la ayudó, todo el esfuerzo habrá valido la pena”

El profesional carhuense, quien reside en Alemania, acaba de lanzar su último libro, “Cuando el cerebro dice basta”, donde habla de la depresión desde una óptica casi exclusivamente biológica. En una entrevista con Cristina Victory, se refiere a ella analizando las teorías científicas más actuales, sus investigaciones en el campo de la biología molecular y aporta su propia experiencia como enfermo.

MARIANO ALLÓ Y SU ÚLTIMO LIBRO. En “Cuando el cerebro dice basta”, habla de la depresión.

 (Cambio 2000).- “Finalmente, después de más de 3 años de trabajo, aquí tenemos al bebé!!! Ojalá que sirva para ayudar a generar conciencia y conocimiento en nuestra sociedad acerca de una de las batallas más difíciles que podamos tener que enfrentar. Con que una sola persona sienta que el libro la ayudó, todo el esfuerzo habrá valido la pena”, expresaba en las redes sociales el carhuense Mariano Alló el pasado 13 de octubre al presentar su nuevo libro “Cuando el cerebro dice basta”, donde habla de la depresión desde una óptica casi exclusivamente biológica.

Desde Heidelberg (Alemania), donde reside, el doctor en Biología molecular, en esta entrevista realizada por Cristina Victory, nos habla de la depresión analizando las teorías científicas más actuales, sus investigaciones en el campo de la biología molecular y aporta su propia experiencia como enfermo. Vale mencionar que la depresión es la segunda causa de muerte entre personas de 15 a 29 años.

“‘¿Por qué no te esfuerzas por sintetizar más insulina?’ A nadie se le ocurriría decirle esto a un enfermo de diabetes. Pero a muchos enfermos de depresión se les sigue pidiendo un esfuerzo, un poco de voluntad, ‘que pongan de su parte’. Sin embargo, la depresión no es cuestión de voluntad”.

Mariano Alló lo sabe como científico y como enfermo de depresión durante más de 20 años y por eso en su libro “Cuando el cerebro dice basta” nos explica por qué la depresión no es cuestión de voluntad sino de biología, de experiencias personales traumáticas, del estrés individual y social sostenido y de una combinación de factores como la alimentación, la bebida y el descanso que provocan alteraciones significativas en nuestro organismo.

Depresión: suma de “desequilibrios”

– En su libro ‘Cuando el cerebro dice basta’ nos habla de la depresión desde una óptica casi exclusivamente biológica ¿parece que estar depresivo no es simplemente un estado de ánimo alterado?

– Exactamente. La depresión es un síndrome muy complejo, que incluye una gran variedad de trastornos diferentes, pero en todos los casos existen componentes biológicos fundamentales. El avance frenético de la tecnología y el conocimiento científico durante los últimos 10 años lo deja muy en claro: la depresión es una enfermedad sistémica que no solo involucra a nuestro “cerebro”, sino también al sistema inmunitario, endocrino, metabólico, cardiovascular, etc.

El estado de ánimo, o incluso la esfera completa de nuestro mundo emocional, se ve afectado por la depresión, pero eso representa solamente un componente más sobre todos los que se verán alterados como consecuencia de los cambios biológicos que ocurren durante su curso.

A modo de ejemplo usemos una analogía, pensemos en un país hipotético que tiene una central nuclear como fuente esencial de suministro de electricidad. Ocurre un fallo en el reactor principal y un accidente obliga a que la central esté inactiva por 72 horas. Uno podría pensar, bueno la gente dejará de tener luz eléctrica por unos días. Pero la electricidad es utilizada para miles de cosas más que para generar luz.

Las cadenas de frío de los alimentos se verían afectadas, los sistemas de seguridad colapsarían, los bancos no podrían funcionar, la salud de cientos de personas entraría en riesgo sino pudiesen utilizarse los instrumentos vitales de los hospitales. Y así podríamos seguir enumerando cosas durante días. Con la depresión ocurre algo similar. Las emociones serían el equivalente a la iluminación en el ejemplo de la central eléctrica, tan solo una parte de los cientos que se ven afectadas cuando nuestra “central eléctrica” comienza a colapsar.

– Entonces ¿hay desequilibrios biológicos como en cualquier otra enfermedad?

– Efectivamente. Hoy las evidencias científicas son abrumadoras, y lo corroboran diversas disciplinas que se complementan unas a otras, en la depresión ocurren cambios biológicos muy importantes y a diferentes niveles. En este caso, la situación es más compleja que la mayoría de las enfermedades porque en el centro de la escena se ubica el sistema biológico más complejo que existe en el universo: nuestro sistema nervioso. Y por si esto fuera poco, éste afecta, y a la vez es afectado, por todos los demás sistemas.

Todo esto no quiere decir que la psicología no sea importante, porque lo es y nadie duda de ello. Pero siguiendo la analogía de la central eléctrica, podemos decir que la psicología es una variable que se suma a muchas otras, como la genética, la alimentación, la historia de otras enfermedades clínicas, la flora intestinal heredada, etc.

– Y ¿cuáles pueden ser las causas de estos desequilibrios? Habla de la teoría endocrina, de cambios en los biorritmos, en los neurotransmisores, inflamación en el sistema nervioso…

– Justamente por toda esta complejidad, los “desequilibrios” pueden ocurrir a diferentes niveles. Y, de hecho, en la depresión no se trata de un único factor, sino de una suma de “desequilibrios”. Podemos pensarlo de manera reduccionista en dos partes. Las causas y las consecuencias. A ambos lados tendremos cambios biológicos complejos y de hecho lo que normalmente ocurre es que esto se transforma en un bucle… un círculo que se retroalimenta… Los desequilibrios que ocurren como consecuencia de la depresión tienden a fomentar o incrementar los cambios que la originan y así sucesivamente… Es complejo ¿no?

– ¿La propia ciencia parece que no se ha puesto de acuerdo durante un tiempo, verdad?

– Claro, pero en realidad esto está más asociado con la forma en que el conocimiento científico es adquirido. Para poder utilizar el método científico nos vemos obligados a reducir el número de variables que estudiamos y las diferentes ramas de las disciplinas involucradas terminan siendo muy específicas. El resultado de este proceso es que cada una de esas áreas irá haciendo su aporte, sus descubrimientos… pero la integración, que es lo que a la sociedad más le interesa desde un punto de vista pragmático, lleva tiempo. Por suerte hoy estamos justamente entrando en ese terreno. Donde podemos observar los tremendos avances en el estudio de la depresión desde ópticas muy diferentes pero que al fin y al cabo se complementan.

“La trampa de la evolución”

– Y ¿qué es esto de la trampa de la evolución? Me está diciendo que nos deprimimos porque hemos evolucionado y que nuestros bisabuelos no se deprimían?

– Bueno, justamente “la trampa de la evolución” representa un intento de integración de los avances realizados en muchos campos. Allí dejamos de focalizarnos en un aspecto en particular para pasar a entender la depresión incluso en términos evolutivos y culturales.

Por un lado, tenemos las predisposiciones genéticas y ambientales (que para la ciencia representa nuestra historia de vida, alimentación, enfermedades, eventos traumáticos, etc.). En otro extremo tenemos diferentes “paquetes biológicos” que han aparecido a lo largo de la evolución ya que brindaban notables ventajas adaptativas para los organismos que las poseían. Estos “paquetes” son en realidad mecanismos de respuesta a diferentes situaciones. Algunos de estos mecanismos son muy ancestrales, y por lo tanto compartidos con prácticamente todos los mamíferos, como la respuesta biológica al estrés o la respuesta proinflamatoria de nuestro sistema inmunitario; pero también se incluye el papel de la corteza prefrontal, una estructura fascinante de nuestro cerebro que se ha desarrollado de manera desproporcionada en nuestra especie y nos permite planificar, imaginar situaciones, recrear el pasado, retener conceptos mientras razonamos, etc.

Y por último queda un factor clave: nuestro estilo de vida actual. El hombre ha vivido el 99% del tiempo sobre la tierra (cerca de 3 millones de años) en un contexto completamente opuesto al que lo hacemos hoy por hoy. Así pues, pasamos de vivir en la naturaleza, de comer lo que cazábamos y de escapar de los predadores a vivir apiñados en grandes ciudades, con una lista de situaciones estresantes completamente diferente. Nuestros antepasados disparaban la respuesta biológica al estrés esporádicamente al exponerse a situaciones que pusieran en riesgo su vida. Pero nosotros, lo hacemos decenas de veces al día. La combinación de nuestro estilo de vida, con esa maquinaria cerebral exquisita y refinada (la corteza prefrontal) que nos ha sido tremendamente útil a lo largo de la historia del hombre, hoy termina generándonos más que un dolor de cabeza. Cuando los estresores se vuelven crónicos y encienden constantemente a los paquetes evolutivos ancestrales, la consecuencia es que nuestro cerebro comienza a cambiar. Y lo hace, en algunos casos, de manera dramática.

– Entonces ¿situaciones de estrés sostenido, como la actual pandemia mundial, pueden tener consecuencias desastrosas? ¿Cuánto tiempo podemos estar con estrés sostenido sin pagar las consecuencias?

– Muchos científicos destacados se han pronunciado al respecto, señalando que las consecuencias de la pandemia en la salud mental pueden ser muy importantes. Sin precedentes a escala mundial. Es probable que muchos de sus efectos lleguen un poco desfasados en el tiempo. Pero llegarán.

Es difícil concretar cuánto tiempo puede soportar una persona este estrés sin sufrir consecuencias severas, ya que todo depende de los factores que antes mencionamos y por tanto de cada uno. Pero lo que está claro es que la población en riesgo es cada vez mayor con esta situación. Por eso es importante encontrar actividades que nos ayuden a reducir el estrés y así volver a equilibrar nuestra vida. Y por supuesto, es imprescindible que los gobiernos tengan en cuenta un plan que ayude a que la población pueda sobrellevar emocionalmente semejante situación.

– ¿Por qué cree que es importante entender el funcionamiento biológico del cerebro para entender la depresión?

– Yo lo veo de la siguiente manera. Imagina que te sientes atacado en la oscuridad de la noche.

Comienzas a defenderte y a pelear por tu vida, pero no sabes a qué te estás enfrentando. No sabes dónde te conviene golpear, o cuáles son los puntos débiles del contrincante, o si tiene sentido combatir o mejor deberías huir. Con la depresión ocurre algo similar, los estigmas sociales y el desconocimiento generan un cóctel peligroso. No sabemos a qué nos enfrentamos, muchas veces como consecuencia minimizamos la amenaza y solo eso ya nos pone en una situación muy delicada.

Entender la biología de la depresión, es como iluminar la oscuridad y poder ver cara a cara al atacante, incluso antes de que intente dar sus primeros golpes. Nos permite entender lo que nos pasa, romper con los estigmas, empatizar con nosotros mismo e identificar las mejores estrategias para el combate.

Una enfermedad biológica

– Si me permite, usted mismo ha sufrido depresión durante años, y en su libro explica que cuando le diagnosticaron depresión le costó aceptarlo porque en esa época usted sentía que “era feliz”.

– Si, este es un problema serio. Cerca de un 80% de las personas que padecen depresión no serán diagnosticadas. Ya sea porque nunca toman la decisión de ver a un profesional o, en muchos casos, porque el desconocimiento es tan grande que ellos no encajan en su visión de lo que representa la depresión. En parte es lo que me pasó a mí con todos mis prejuicios a flor de piel. La aceptación no llegó hasta que fui capaz de comprender cuáles eran los parámetros a los que debía prestar atención. ¿Cómo podía asumir que padecía depresión si en realidad desconocía lo que era la depresión?

– ¿Qué debemos hacer si sospechamos que algo no funciona como debería?

– Pedir ayuda. Romper con el tabú. Conversar abiertamente con amigos y la familia, y visitar a un profesional lo antes posible. Es importante resaltar que cuanto más temprano intervengamos más fácil será encontrar un camino de salida y mucho menores las consecuencias.

– Tanto por su experiencia personal como por su experiencia profesional ¿qué importancia tiene para los pacientes y la sociedad en general entender en qué lugar del cerebro anida la depresión?

– Eso dependerá de cada uno. Lo que sí es importante es conocer que la depresión genera cambios notables en nuestro cerebro, en cómo las neuronas se conectan y comunican, en el funcionamiento de nuestros “circuitos neuronales”, pero incluso en el volumen de algunas regiones específicas. No se trata de algo abstracto, o estrictamente remitido a la esfera psicológica. Transpira biología por todos lados y nuestra ciencia moderna nos permite poder visualizarlo con un nivel de detalle que hace algunos años simplemente era impensable.

– En su libro comenta que le costó contar a su entorno su enfermedad. ¿Cree que es habitual en los enfermos por depresión?

– Si, totalmente. Si bien es verdad que estamos comenzando a producir un cambio en el seno de nuestra sociedad todavía el estigma es muy grande. Lo he vivido en carne propia en muchas ocasiones. Y esto solo aumenta el problema exponencialmente. Muchas veces en su afán de ayudar, los seres queridos nos empujan más hacia el abismo. La presión por tratar de ser “normales”, de salir y hacer cosas, que suele ser la receta mágica como si la depresión se tratase de voluntad, suele ser muy fuerte. Nunca le pedirías a un paciente con diabetes que se esfuerce más por sintetizar insulina. No tiene sentido. Pero para ello, es necesario que los seres queridos entiendan que la depresión, al igual que la diabetes, es una enfermedad biológica.

– ¿Algún consejo para los familiares y amigos de un paciente con depresión? Puede llegar a ser muy frustrante acompañarle.

– Sí, que acompañen a su ser querido pero que no lo presionen ni lo empujen. Que estén a su lado, de la forma en la que la persona lo necesite. Que hagan un esfuerzo por aprender acerca de la depresión de manera que puedan empatizar. Esto es fundamental, ya que solamente podrán ayudarlo significativamente si logran comprender cómo siente una persona que padece depresión y esto que muchas veces parece imposible, en realidad, no lo es.

Los 5 pilares fundamentales

– Habla de empatizar ¿pero cómo podemos empatizar con algo que no conocemos o hemos vivido?

– Excelente pregunta. Ahí está el secreto, todos podemos encontrar ese ejemplo que nos permita empezar a entender lo que vive y lo que sufre quien enfrenta la depresión. Cualquiera que haya sufrido alguna vez una infección fuerte (viral o bacteriana) y haya tenido que estar una semana en cama volando de fiebre, sin apetito, sin energía, sin interés por ninguna actividad, con un poco de confusión mental, o muchas veces incluso sintiéndose un poco torpe, ya ha experimentado en menor escala lo que siente su ser querido.

La forma en que nos sentimos al enfermar es en realidad una respuesta biológica orquestada para facilitar nuestra supervivencia, aunque suene contraintuitivo. Muchos de los cambios que se dan en el cerebro durante la respuesta inflamatoria como consecuencia de la infección viral, por ejemplo, solapan con los que ocurren durante la depresión. Solamente que los primeros son agudos, a corto plazo, mientras que los últimos tienden a ser más crónicos y por lo tanto pueden durar largos periodos de tiempo. ¿Recuerdas alguna vez que te hayas sentido así?

– Sí. Realmente agotador. Comenta en su libro que vencer a la depresión puede requerir mucho más que tomar un antidepresivo o visitar a un terapeuta y habla de cinco pilares fundamentales. ¿Podría contarnos resumidamente cuáles son estos pilares?

– Los pilares se basan en: 1. La ayuda profesional y el diagnóstico adecuado, clave para un tratamiento efectivo. 2. La psicoterapia, en particular la cognitiva conductual que tiene un soporte científico muy amplio. 3. La práctica de meditación (o también la atención plena). 4. El cuidado en la alimentación. 5. El deporte.

Cada uno de estos puntos implica una mejora de los síntomas no solo para la depresión sino para muchas otras afecciones de la salud. De hecho, la eficacia de la terapia cognitiva conductual para el tratamiento de la depresión es muy similar a la de los antidepresivos. Pero eso sí, sin efectos secundarios.

Me gustaría destacar algo acerca de estos pilares. Si bien es cierto que cada uno de estos pilares por su cuenta ha demostrado ser efectivo, se nota una gran diferencia abordándolos de forma holística, ya que el resultado final es mucho más que la suma de las partes.

Para una persona que ya se encuentra en una fase más severa de la enfermedad, cada uno de estos pilares puede ser visto como un monte Everest a escalar. Para eso es importante no ser autoexigentes. Paso a paso, un poco de lo que se pueda. No se necesita correr una maratón para abordar el pilar del deporte. Quizás con caminar un poco todos los días veremos cambios capaces de sorprendernos. Y lo mismo ocurre con las demás propuestas.

– Tomar antidepresivos no es inocuo para nuestra salud. ¿Podría destacar alguno de estos “efecto secundarios” que considere importante?

– Los antidepresivos no son terribles. No debemos tenerles miedo. En muchos casos pueden ser vitales para que una persona pueda salir adelante. Sobre todo cuando se trata de un segundo episodio, o de uno de larga duración e intensidad y particularmente si la variable genética está a la vista (por ejemplo cuando familiares ya han sido diagnosticados anteriormente).

Pero, también es verdad que no son inocuos, y están lejos de ser una píldora mágica que hará feliz a cualquiera que la ingiera. Los efectos secundarios varían mucho según el tipo de antidepresivo. En caso de que su médico le recomiende un tratamiento con un antidepresivo, sería conveniente comenzar con aquellos que tienen menos efectos secundarios ya que la eficiencia es muy similar para todos.

– ¿Y aun así cree que en ciertas ocasiones es necesario medicarse?

– Efectivamente, en muchos casos la medicación es necesaria. Lo mejor es conversar con un psiquiatra o neurólogo. Desde una visión puramente científica solo puedo decir que las investigaciones científicas de los últimos 50 años han demostrado que los medicamentos para la depresión son efectivos.

– ¿Hay algo más que quiera añadir?

– Si. Estamos en un punto de inflexión respecto a los tratamientos, un momento de la historia que puede cambiar completamente la forma en que abordamos muchas de las enfermedades mentales, y en particular, para aquellos que no responden a los tratamientos más clásicos. El futuro luce muy promisorio, y yo diría que el impacto va mucho más allá de la depresión. La ciencia alrededor de esos tratamientos es simplemente increíble. Quiero decir los resultados de los ensayos clínicos, están fuera de escala. Nunca existió una medicación que remotamente se acercara a estos números. Y lo más loco es que estoy hablando de sustancias naturales que han sido utilizadas por milenios y que están sobre la tierra mucho antes que llegáramos nosotros.

Pero no nos adelantemos, ya tendremos tiempo para discutir esto más adelante.

Mariano Alló

Mariano Alló es un joven científico argentino, nacido en Carhué, establecido en Alemania. En 2012, una vez doctorado en Biología molecular, se postuló para realizar un post-doctorado en el Laboratorio Europeo de Biología Molecular (EMBL, European Molecular Biology Laboratory) de Heidelberg.

A lo largo de su joven carrera ha realizado importantes contribuciones a la comunidad científica como lo avalan más de una docena de publicaciones en reconocidas revistas y libros, y ha recibido prestigiosas becas internacionales como Marie Curie International Incoming Fellowships (IIF), EMBO y Union for International Cancer Control (UICC) Fellowship. Ha luchado durante muchos años para superar la depresión.

Categorías