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Maltrato y abandono: dos caras de una misma moneda

Por Maia Franceschelli

A lo largo de los años la ciencia se ha encargado de estudiar y analizar -según los expertos- al único animal con raciocinio: el ser humano. Que las personas seamos seres racionales implica que podemos entender, formarnos una idea determinada de la realidad y en consecuencia tomar decisiones.

De ello resulta que existan millones de maneras de actuar frente a distintas situaciones. Paradójicamente, respecto a los perros y los gatos, seres cercanos con quienes decidimos compartir nuestros días, actuamos sistemáticamente de un solo modo: ejerciendo lo que podría caracterizar mejor a nuestra raza, la crueldad.

En los últimos días se conocieron dos situaciones aberrantes: en la vecina localidad de Darregueira, una pareja encontró a un perro muerto arrollado por el tren, atado a las vías. Mientras que en nuestra ciudad se dieron a conocer casos de perros muertos por envenenamiento.

Estos casos no son aislados ni únicos y se suman a otros padecimientos que sufren nuestros amigos a manos de quienes debieran velar por su bienestar. El maltrato y el abandono, dos caras de una misma moneda, son provocados por falta de conciencia, educación, compromiso con el semejante, y se agravan por falta de políticas estatales.

Según lo publicado por el Colegio de Veterinarios bonaerense se estima que tan sólo en la provincia de Buenos Aires hay alrededor de 6 millones de perros y gatos en situación de calle y si bien es cierto que existe un programa a nivel país de castración gratuita, ésta única medida resulta insuficiente.

Hoy en día encontramos precedentes en el mundo de acciones complementarias. Por ejemplo Holanda logró ser el primer país sin perros abandonados. Tiene una de las leyes más duras de Europa que prohíbe a las personas no brindarles cuidados a sus mascotas. En caso de vulnerar esta ley, se condena con penas de tres años de prisión y graves multas.

En Chile el pasado año entró en vigencia la “Ley Cholito”, en honor a un perrito que fue maltratado en la calle. Se creó un Registro Nacional de Mascotas que obliga a anotar a todos los perros, los gatos y a sus dueños, penando el abandono con prisión entre 61 y 301 días de cárcel y con multas.

Siguiendo esta línea de ejemplos, resaltamos en nuestro país el incansable trabajo que llevan adelante los diversos refugios y agrupaciones aunque, en este contexto, no den abasto, primordialmente porque la población suele confundir el objetivo de estos albergues: resguardar el tiempo necesario a los animales hasta conseguir una casa donde ubicarlos y que su permanencia allí no sea de por vida.

El pasado 27 se conmemoró el Día Internacional del Perro Callejero, iniciativa surgida en el 2008 por parte de un joven chileno, en un intento por concientizar sobre la situación de maltrato extremo que sufren los perros abandonados ya sea por crisis económicas, falta de lugar, por camadas indeseadas, enfermedades, o simplemente por la pérdida de interés por el animal.

Jactarnos de ser seres racionales no implica una superioridad. Considerando este desolador panorama, la racionalidad no es suficiente sin una cuota de empatía y de preocupación por el bienestar del resto de los seres vivos. (Especial para Cambio 2000)

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