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Los sí, y los no

Por Maia Franceschelli

En marzo del corriente año, el presidente de Argentina anunció en el Congreso que mandaría un proyecto de ley propio de interrupción voluntaria del embarazo, lo cual hasta este momento no ha ocurrido.

Con este antecedente inconcluso, el 28 de septiembre ratificó nuevamente su compromiso con el proyecto, en el marco del Día de Acción Global por el Acceso al Aborto Legal y Seguro, instituido a partir del V Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, en 1990.

Junto a un incalculable movimiento de pañuelos verdes que vienen hace años abogando por la legalización del aborto -masivamente visible desde 2018-, hace unos días, más de 500 personas de distintos ámbitos reconocidos, peticionaron que se apruebe de modo urgente la mencionada ley.

En esta oportunidad, desde este espacio, queremos lograr dar a entender por qué no consideramos que resulta conveniente bregar por la legalización; y por qué sí creemos que lo más beneficioso es que se exija la despenalización del aborto.

En primera instancia, debemos aclarar que el texto analizado será el proyecto de ley debatido en 2018, ante la carencia de alguna redacción más actual. Dicho proyecto tomó estado parlamentario con media sanción en Diputados, y luego fue rechazado por el Senado.

Por otro lado, debemos aclarar la diferencia entre la legalización y la despenalización: legalizar -que es lo que se busca con este proyecto- implica dejar en manos del Estado la facultad de establecer las condiciones bajo las cuales se “permitirá” abortar; si no se cumple con dichas condiciones, se vuelve a caer en la figura de “delito”, y seguramente nuevas figuras penales aparecerán, sin dejar de lado por supuesto que se continuará persiguiendo a quienes no aborten, en este caso, como el Estado lo establece.

Mientras, la despenalización prevé quitar el aborto del Código Penal, y así, que la conducta deje de ser reprochable con la pena de prisión. Es decir, el acto dejaría de ser ilegal.

Varios son los puntos en los que disentimos. Pondremos en discusión algunos, por orden de aparición en el texto: en el primer artículo, se especifica que pasadas las 14 semanas de curso del embarazo, deja de ser legal abortar. Esto, como mínimo, da por sentado que todos los cuerpos son iguales, y, por ende, todos transitan los diversos procesos -en este caso un embarazo- del mismo modo. En esta redacción, no cabe la posibilidad de desconocer la existencia del embarazo antes de las 14 semanas.

En otro de sus artículos, se establecen las causas por las que se permitiría realizar el aborto en cualquier momento, sin límite temporal: en caso de violación, si estuviera en riesgo la vida o salud de la persona gestante, y si existieren malformaciones fetales graves… ¿Qué es lo que significa esto último?  Sin dudas, la apertura a la eugenesia de las personas consideradas “discapacitadas” bajo la óptica de este sistema completamente capacitista.

En la norma también se plantea que cuando el aborto necesite realizarlo una persona menor de 13 años se exigirá consentimiento con la asistencia de al menos uno de sus progenitores o representante legal. Esto, nuevamente, deja a merced de la voluntad de otras personas -ya sean sus padres, tutor o juez- el llevar a cabo la práctica o no.

Estas apreciaciones nos hacen repensar el modelo de la legalidad. La realidad, es que nos prometen que estarán garantizados los derechos de todas las personas, pero las leyes solo protegen a quienes pueden cumplir con las condiciones que el Estado establece.

Sin dudas, esto no cierra el campo de la clandestinidad -algo que tanto se han jactado de querer erradicar-, ya que el proyecto mantiene la criminalización.

Consideramos que esta práctica milenaria (de la cual hay evidencias del año 1500 a.C.) no necesita sumarle la burocracia estatal, que sólo robustece este relato opresivo y falto de libertad, donde el Estado impone, digita y programa lo que debería ser un ámbito autónomo de la persona gestante.

Tampoco creemos necesario que se monopolice esta práctica por los “profesionales de la salud”, dado que son los mismos que practican la violencia obstétrica hoy en día; estos conocimientos simplemente pueden ser impartidos como parte de la currícula de Educación Sexual.

No apoyamos el camino de la eugenesia de aquellas personas “improductivas” para este mundo.

Por eso, despenalización si, legalización no. (Nota de opinión para Cambio 2000)

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