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Los nadies y los violentos

Por Lautaro Peñaflor Zangara

No es necesario recorrer grandes distancias para encontrarnos con alarmantes casos de represión policial. Así como lo expresamos en la anterior entrega, lo sostendremos esta vez para hablar de la desaparición y asesinato de Luis Armando Espinoza en Tucumán, hecho por el cual se investiga a la policía de esa provincia.

Espinoza tenía 31 años y vivía en el Paraje Melcho, en Sinoca, a 95 kilómetros de la capital de Tucumán. Era trabajador rural desde chico. Desapareció el 15 de mayo, luego de enfrentarse con un grupo de efectivos policiales. Fue visto por última vez por su hermano, Juan Antonio, con quien transitaba a caballo cerca de un lugar donde se realizaba una “redada”, cuando fueron sorprendidos por los agentes.

Las “redadas”, carreras de caballos que se practican en la ilegalidad, son un capítulo aparte. Representan ganancias millonarias para algunos actores y, según quienes las investigan, esa cadena de clandestinidad también involucra a las fuerzas policiales e incluso a otros actores más poderosos.

Al ser interceptados, se generó un enfrentamiento entre la policía y Juan Antonio. Al intervenir su hermano, recibió un disparo de bala. No supieron más de él. La familia afirma que no les permitieron hacer la denuncia hasta 24 horas después, lapso en el que pudo haber pasado cualquier cosa.

Finalmente apareció una semana después, en un barranco situado en el límite con Catamarca, envuelto en una bolsa, atado y desnudo. La autopsia determinó que Luis Espinoza murió de un impacto de bala 9 milímetros en el omóplato izquierdo. El proyectil es compatible con el arma reglamentaria de uno de los efectivos policiales que estuvo involucrado. La fiscalía sostiene que varias personas colaboraron para arrastrar el cuerpo, e incluso, que podría haber estado vivo al momento de meter el cuerpo en una bolsa.

Algunos dicen que, cuando lo encontró la policía, Espinoza venía de cobrar una pensión. Otros que llevaba medicamentos a un familiar. La policía dice que participaba de una carrera de caballos que iban a desarticular. ¿Es estrictamente relevante? ¿Alguna de esas circunstancias acredita un disparo de bala de fuego, el ocultamiento de un cuerpo y un pacto de silencio?

Por el caso de Espinoza hay 11 detenidos. Probablemente existan condenas. No obstante, nada cambiará si se evalúa como un hecho aislado. Los efectivos son piezas intercambiables de un sistema policial que se presenta corrupto y violento. De hecho, otros casos similares no generaron mayores rechazos ni cambios estructurales en las fuerzas involucradas. Si este esquema se repite, podemos afirmar que algo parecido volverá a suceder.

Organizaciones como CORREPI o la Comisión Provincial por la Memoria relevan permanentemente casos de estas características, que no suelen llegar a los grandes medios, o que llegan parcialmente, sesgados para mostrar sólo una arista de un asunto que es complejo, sistémico y obsceno.

Esta vez fue en Tucumán, pero es prácticamente innegable que ninguna fuerza está libre de casos de gatillo fácil. Pese a eso, en cuarentena pudimos ver un recrudecimiento de la presencia policial y los métodos de represión. ¿Pueden esas policías devenir en “policías de cuidado”, o esa expresión es un oxímoron?

Esta vez fue Luis Espionza, pero antes fueron Luciano Arruga, Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, Facundo Ferreira, Rafael Nahuel, Santiago Maldonado… Tantas otras víctimas cuyos nombres son invisibles. ¿Quiénes son estas personas? ¿Qué tienen en común? ¿Qué representan?

Son ellos quienes ponen en evidencia los entramados del poder, aunque luego la impunidad se encarga de arrojarlos en el olvido. “Los nadies cuestan menos que la bala que los mata”, resume Eduardo Galeano con lucidez. (Artículo de opinión para Cambio 2000)

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