|  

Liberen las patentes

Por Lautaro Peñaflor Zangara

Una película que, seguramente, muchas de las personas que lean estas líneas hayan visto, plantea una guerra mundial zombie y termina cuando un investigador da con una vacuna, que es producida a gran escala y distribuida a la población arrojándola desde el aire con helicópteros.

La actual pandemia nos demuestra que no existirán dosis que caigan del cielo sino, por el contrario, el acceso a las mismas puede calificarse prácticamente -y sin eufemismos- como una guerra comercial que involucra estados poderosos, naciones marginadas y corporaciones vigorosas con fuerte poder de mercado.

Es en este marco que surge la campaña “Liberen las patentes”. La misma refiere a los derechos de propiedad intelectual, según los cuales sólo quienes registren una invención tienen la prerrogativa exclusiva de emplearla y, por lo tanto, controlar su precio y su producción. Así sucede también con las vacunas para inmunizar frente al coronavirus a pesar de tratarse, como insisten los gobiernos, “una situación inédita en más de 100 años”.

El planteo es razonable y sumamente inteligible. “La pandemia sólo se terminará cuando todas las personas accedan a las vacunas, los tratamientos y los diagnósticos. NO a las patentes de medicamentos, vacunas y diagnósticos durante la pandemia. Las vidas son más importantes que las ganancias de las empresas”, plantea Médicos Sin Fronteras, una de las organizaciones impulsoras.

Fue un logro de la ciencia desarrollar no una, sino varias vacunas en un año. Ahora bien, si las mismas quedan encerradas en la lógica de la antigua normalidad -que se parece bastante a la nueva- no habrá ritmo de vacunación que nos saque de atrás en esta carrera.

Plantean que si se liberan las patentes no habrá estímulos para investigar. Podemos asegurar que la industria farmacéutica es, desde hace mucho tiempo, una de las más vigorosas del mundo y su paradigma se verá incuestionablemente fortalecido a raíz de la pandemia.

También debemos considerar cuánto aportaron los Estados, vía estímulo a la ciencia, para que los laboratorios puedan desarrollarse. En tal sentido, no es ilógico pensar que en un contexto de crisis humanitaria, pueda exigirse cooperación a los laboratorios.

Argumentan que, aunque se liberen las patentes, no se cuenta con la capacidad técnica suficiente por fuera de sus estructuras. En este sentido, también existe la posibilidad de transferir tecnología. Así sucede cuando las industrias deciden fabricar sus vacunas en otros lugares del mundo, fuera de su radicación habitual.

De todos modos, no debemos apartarnos del más elemental interrogante: si inmunizar a gran parte de la población es lo que permite mejorar la situación ¿por qué no lo hacemos?

Las estrategias nacionalistas de los países con mayor poder de mercado (podemos intuir cuáles son) se imponen frente a cualquier solución solidaria o global. Iniciativas como el fondo COVAX, para facilitar el acceso a vacunas por parte de países con economías medianas o pequeñas, son insuficientes. De igual modo sucede con las propuestas en la Organización Mundial del Comercio: promovidas por el sur global, son los países hegemónicos quienes las bloquean.

El costo: millones de contagios, cientos de miles de fallecimientos y una vida muy difícil de transitar para las grandes mayorías. La sensación es que, no obstante, hablamos poco de la propuesta de librar patentes. ¿Por qué entre los cientos de panelistas que a diario se gritan en televisión ninguno menciona el tema?

Terminamos empatizando más con las ganancias de corporaciones que seguirán obteniendo rentas millonarias, que con la realidad de millones de personas con realidades cercanas a las nuestras. Es que nos enfrasca, nos vuelve egoístas, distorsiona nuestra escala de valoraciones. No es el coronavirus: es el paradigma capitalista con el que lo transitamos. (Artículo de opinión para CAMBIO 2000)

Categorías