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Las internas vinieron después

Por Lautaro Peñaflor Zangara

El domingo 12 de septiembre fue un cimbronazo para el gobierno nacional. El resultado electoral, con el mapa teñido de amarillo, expuso las diferencias dentro de un oficialismo de coalición que, en muchos sentidos, no terminó de ser eficaz en su funcionamiento.

Transcurrieron días de discusión política visible entre los más altos funcionarios: algo, aunque no habitual, tampoco malo en sí mismo. Es peor todo lo que se cuece en la sombra. Sin embargo, sí tienen un mayor poder de daño institucional el tono y las formas en las que se dio este proceso.

No ahondaremos en los hechos, ya conocidos, aunque sí estableceremos como corte en el análisis los cambios en el gabinete nacional. Algunos sectores criticaron los nombres elegidos, sin embargo, todos (con “o”, porque son hombres) han tenido relativo protagonismo en el peronismo o kirchnerismo durante los últimos años. ¿O se esperaba que se le ofrezca un ministerio a Patricia Bullrich? Debemos considerar que el justicialismo no suele buscar a sus funcionarios entre extrapartidarios ni acudir a cuadros técnicos por fuera de la política. Valoran la pertenencia y la carrera.

Un gobernador con poder territorial, un ex ministro con muchos defectos pero muy hábil declarante y reemplazos en áreas de funcionarios que no funcionaban. Así podríamos resumir la nómina de un gobierno buscando fortalecer sus bases más tradicionales, quizás algo olvidadas.

La designación de Juan Manzur como Jefe de Gabinete de Ministros es una expresión de todo aquello que el peronismo está dispuesto a soslayar. El gobernador de Tucumán viene de la provincia en la que sucedió el femicidio de Paulina Lebbos, vinculado con los hijos del poder. En lo personal, refleja el ideario del Opus Dei, probablemente, la visión más ortodoxa de la Iglesia Católica, que excluye y violenta.

En Tucumán una nena de 11 años fue obligada a gestar pese a haber sido violada, en lugar de motorizarse la práctica de la interrupción legal del embarazo, más que comprendida en los supuestos de la ley. No caben aquí medias tintas: obligar a gestar es torturar. También es esta provincia la tierra en la que Belén fue presa por abortar.

Dos apostillas: en el caso de la niña, la actual ministra de Mujeres, Elizabeth Gómez Alcorta, fue la denunciante. Respecto a Belén, Alberto Fernández asistió a la presentación del libro que relata su historia. También podríamos hablar de Aníbal Fernández y su locuacidad ante el asesinato de Mariano Ferreyra o la desaparición de Jorge Julio López.

Sin embargo, en las pasadas elecciones al menos un 70% del electorado eligió opciones de derecha o de centro derecha. Soslayando el “voto bronca”, el ausentismo y la población que ejerce su derecho sin mayor conocimiento, aquí hay un dato, considerando que el gobierno perdió muchos votos y deben estar abocados al análisis de hacia dónde se fugaron. Conocemos que el peronismo es pragmático y sabe mutar.

También queda la sensación de que en un país con la mitad de la población pobre, la agenda de prioridades del oficialismo fue quizás más simbólica que pragmática. Habiendo perdido varias batallas retóricas (clases presenciales, mayor pobreza, fuerte inflación…), debemos preguntarnos cómo se percibe en sus votantes, por ejemplo, la fuerte impronta de género y si el gobierno tenía la potencia de instalar estos debates. Asimismo, podemos cuestionar si la base electoral histórica del peronismo era, precisamente, feminista o si tenían su creencia más arraigada a las iglesias barriales. Juan Domingo Perón, como Cristina Kirchner, adscribía al catolicismo y defendía las estructuras más tradicionales de su doctrina.

Fue el objetivo de estas líneas interpretar en qué sentido se dio la discusión hacia adentro de un gobierno al que aún le quedan dos años y qué podemos esperar de aquí en adelante en una agenda que deberá focalizarse en el 50% del país pobre y en el desfasaje entre la oferta de empleo y las necesidades de las personas. (Nota de opinión para Cambio 2000)

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