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La vacuna que enferma

Por Maia Franceschelli

La pandemia provocada por el virus COVID-19 continúa aquejando a todos los rincones del mundo y, por tal motivo, gran parte de la sociedad espera ansiosa la proclama de la finalización de la tan esperada vacuna milagrosa que nos salve de esta terrorífica situación.

Ha transcurrido ya más de un mes desde que el presidente de Argentina, Alberto Fernández, anunció que mantuvo un encuentro en la residencia de Olivos con representantes de la farmacéutica AstraZeneca (de origen anglo-sueco, radicada en el país desde 2010) y de la empresa biotecnológica mAbxience del Grupo INSUD (establecida desde 2009).

De acuerdo a lo que figura en el sitio web de la Casa Rosada, se logró en este encuentro la firma de un “acuerdo cuyo objetivo es la transferencia de tecnología para la producción inicial de 200 millones de dosis de la sustancia activa de la potencial vacuna COVID-19”.

Esta es una jugada similar a la realizada en el 2009 con respecto a la Gripe A, en la que Sinergium Biotech -empresa perteneciente al mismo grupo- logra hacerse con el monopolio que le permite hoy día continuar siendo el proveedor principal de antigripales del Estado.

Para el hemisferio sur americano, Argentina y México serían así los responsables de producir la inyección contra el coronavirus, comenzando el proceso aquí y culminándolo en el país centroamericano, quien se encargaría de envasar y completar el desarrollo de producción de la vacuna.

En el discurso alusivo se hizo mucho hincapié en resaltar el valor de que el proceso de producción se lleve a cabo en el país, fundamentalmente por dos motivos que pretendemos desandar: el primero es que de esta forma se reconoce la calidad del laboratorio “argentino” y el segundo, radica en la importancia de que el cono sur disponga de la droga sin la necesidad de depender de América del norte.

El Laboratorio mAbxience del Grupo INSUD, encargado de dar inicio, ya se encuentra en la Fase III experimentando con suero hiperinmune de caballos, que actúa de forma similar al plasma humano, pues se les inyecta a los equinos una proteína del virus para que generen anticuerpos, de acuerdo a lo sostenido por el ministro de Ciencia y Tecnología Roberto Salvarezza a la Agencia Télam.

Como siempre -y sistemáticamente-, animales al servicio del hombre.

Y no sólo eso. Es menester mencionar que tal laboratorio es dirigido por su fundador y CEO Hugo Sigman, empresario que además de integrar la lista de las 10 personas más ricas de Argentina, se ha involucrado en proyectos de distintas índole.

Médico y psiquiatra, en la década del ´70 comenzó su camino por el mundo de los negocios.  Referente de la Cámara de Biotecnología, donde confluyen las grandes empresas de transgénicos y agrotóxicos -de las que es un gran accionista-, impulsa la soja y el trigo resistentes a la sequía (su “mayor logro”, de la mano del CONICET), promueve el acuerdo porcino con China, autoproclamándose en su cuenta personal de Twitter fundador de este conjunto de empresas (Grupo INSUD), que apuestan, entre otras cosas, a la sustentabilidad.

Propulsor del monocultivo de árboles, con similares consecuencias al de la soja (desmontes y desalojos), desfila además por un sinfín de rubros funcionales a sus intereses: hoteles, editoriales de libros, medios de comunicación, indumentaria, cinematografía. Un verdadero “polirubro multimillonario”.

Varias son las apreciaciones que podemos referir. En primer lugar ¿hasta cuándo continuaremos callados frente al sometimiento del mundo animal a nuestro antojo?

En cuanto a la cura ¿vamos a permitir así sin más que “nuestros salvadores” sean quienes se han enriquecido construyendo este mundo invivible a base de los modelos extractivistas que tanto daño han hecho?

Sin dejar de lado que son, además, quienes cuentan con el monopolio farmacéutico, es decir, los que nos enferman y luego nos proveen la medicina.

Y, en caso de que la vacuna sea viable… ¿cuán seguros estamos de que serán entregadas al pueblo, y no al dinero? (Nota de opinión para Cambio 2000)

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