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La lógica del cuidado

Por Lautaro Peñaflor Zangara

En este momento, el año cuenta más víctimas de femicidio que días transcurridos en el año. Es un dato que mucho se dijo en los últimos días pero que necesitamos repetir, dimensionar y pensar.

Uno de los casos más resonantes de las últimas jornadas fue el de Úrsula Bahillo, de 18 años, asesinada por su ex pareja, miembro de la policía bonaerense -el 12% de los femicidios que se registran en 2021 fueron cometidos por agentes de fuerzas policiales, según el Observatorio de MuMaLá-, además denunciado en reiteradas oportunidades por ella y por otras mujeres. 

No nos detendremos en los hechos específicos, ya conocidos, sino que buscaremos pensar por qué falla el engranaje de prevención, abordaje y contención en los casos de violencia de género.

En un momento en el que tenemos ministerios en la Nación y en la Provincia específicamente dedicados al área de género (y sin dudar de la idoneidad de quienes ocupan esos ministerios); en un contexto en el que existen comisarías de la Mujer y en el que el Congreso está presto a tratar estos temas; la pregunta es por qué las cifras son altas. Y también si reducir el diálogo social a las estadísticas no termina también por reducir el debate.

Es  tan cierto que ahora hablamos de empoderamiento, como que se trata de una expresión lo suficientemente laxa como para contener tantos significantes como personas busquen interpretarla. Y, sí, el lenguaje también es una cuestión de poder.

¿A qué nos referimos cuando hablamos de empoderamiento? ¿En qué construcciones reside? ¿Cómo se articula? A menudo pareciera que es un concepto aplicable a los asuntos económicos, que no son menos importantes, pero sí debemos observar que, atentos al paradigma capitalista en el que nos desarrollamos, volvemos consigna aquellos aspectos que fortalecen el intercambio de dinero y postergamos otros debates. Estos debates, aunque no sean cuantificables en dinero, sí tienen que ver con el peligro que significa existir percibiéndose en un género en particular.

Claro que reviste relevancia que cada persona tenga amplia libertad a la hora de decidir su proyecto de vida, en especial las mujeres y las disidencias. Pero en el mientras tanto, hay cientos de mujeres asesinadas cada año.

¿Qué sucedería si el concepto de empoderamiento, a mi gusto con gran carga liberal y capitalista, se vuelve aplicable a la defensa de la vida? ¿Qué sucede si, en cambio, la consigna es que alguien te cuide, sea el Estado, la policía o quien sea? ¿No resulta, en definitiva, desempoderante depositar esa carga en alguien más?

¿Cómo hace el Estado, o el responsable del cuidado, para llegar a cada caso específico de violencia cuando está ocurriendo? Claro que es importante pensar en la dimensión cultural, como la propuesta por la capacitación de la Ley Micaela, pero es sabido y harto reconocido que, en caso de ser efectivas, lo veremos en el largo plazo.

¿Qué haremos mientras sucede? Esta es la gran pregunta. ¿Vamos a lamentar una víctima de femicidio por día?

Son aspectos que no pueden quedar supeditadas al interés, deseo o la agenda de quien gobierne en el momento, porque no sabemos quién gobernará dentro de un tiempo ni cuál será su abordaje sobre las cuestiones de género.

Existen otras maneras de construir poder, individual pero sobre todo colectivamente, que no tienen que ver con el mercado, que no delegan esa carga en un aparato grande e intrincado que lo vuelve burocracia, que excede la dinámica situación de qué interesa a los sucesivos gobiernos y que sí ponen el ojo en el corto plazo, en llegar a las situaciones a las que el Estado, por definición y estructura, no puede llegar o lo hace tarde.

Finalizaré como empecé. El año 2021 cuenta más víctimas de femicidios que días transcurridos. Es momento de repensarnos. (Artículo de opinión para Cambio 2000)

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