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La ley y la trampa

Por Lautaro Peñaflor Zangara

Podríamos discutir mucho acerca de si la legalidad es conducente como parte de un proceso de reparación o de justicia o, más bien, si nació como un elemento de poder y todavía hoy sostiene -con matices propios de la época- ese carácter.

Afirma un texto que suele circular en redes sociales que el apartheid fue legal. La esclavitud lo fue. También el holocausto y el colonialismo. Es entonces que cuando algunas militancias circunscriben sus consignas a la sanción de una ley, también están techando sus posibles conquistas.

Sin embargo, y precisamente porque la ley está rodeada de elementos de poder, tampoco es sencillo lograr la creación de una norma por parte del parlamento. Observemos, sino, el ejemplo que nos convocará hoy: la Ley de Humedales.

Los humedales son ecosistemas fundamentales para la biodiversidad, afirman los expertos. Se trata de zonas de tierra inundadas de forma temporal o permanente. El agua es el elemento clave que define sus características físicas, vegetales, animales y sus relaciones. Se distinguen también por las características particulares de sus suelos y por la presencia de plantas y animales adaptados a sus características.

Se estima que Argentina cuenta con 600.000 km2 de humedales, lo que representa el 21% de todo el territorio nacional, y el 40% de la biodiversidad mundial vive o se reproduce en ellos. También estos ecosistemas ayudan a mitigar los efectos que provocan las sequías, colaborando con la protección contra los incendios e incluso las inundaciones.

Huelgan las conclusiones: los humedales merecen ser protegidos y hay quienes sostienen que esa guarda tiene que venir de la mano de una ley. Sistemáticamente se han presentado proyectos en el Congreso de la Nación, que han sido objeto de dilaciones y cajoneos. Incluso, recientemente la iniciativa perdió estado parlamentario al no ser tratada en el período 2021 ni en el llamado a sesiones extraordinarias. Actualmente un nuevo proyecto fue presentado en el Parlamento.

¿Dónde están las principales oposiciones a una ley que tienda a respetar los humedales? Probablemente en la especulación económica. Recordemos que la frontera del agronegocio ha ido extendiéndose sistemáticamente, arrasando con lo que se le presente: humedales por agrotóxicos. También debemos mencionar que imponentes proyectos inmobiliarios se han montado sobre y a pesar de estos ecosistemas. Después sorprende que aparezcan carpinchos…

Estos sectores están constituidos como poderes fácticos y cuentan con las herramientas para trabar iniciativas. Entre ellas, reúnen sobrada representación parlamentaria y, ni hablar, cuentan con interlocutores en los medios masivos de comunicación más hegemónicos.

Aún si existiera una ley, posterior a su sanción debe llegar la reglamentación, aplicación y control.  Sobran ejemplos de temas reglamentados a través de leyes, cuyo impacto en el asunto que legislan nunca se percibió.

Pero no todo es una cuestión de aplicación. También hay muchos ejemplos de que, en la dinámica social, en algún momento la presión popular y el equilibrio de fuerzas logran que un proyecto sea aprobado. Y podemos sostener, no sin argumentos, que la sanción de una ley calma la movilización popular y genera un vacío de consignas en ciertas militancias. Entonces, normar un tema y dejarlo en el olvido parece ser trato para los mismos poderes que se oponen al mismo. Esta situación vuelve un imperativo ser más exigentes y más creativos a la hora de buscar modificar un status quo destructivo.

En este sentido, es muy probable que pronto haya Ley de Humedales. ¿Problema resuelto?

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