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La genética del poder

Por Maia Franceschelli

“Monsanto es una empresa agrícola, que trabaja junto al campo y su gente para ayudarlos a producir más alimentos, cuidando los recursos naturales”. Así se define la multinacional estadounidense -hoy incorporada al grupo Bayer- en su sitio web oficial de Argentina. Pero los resultados de su actividad a lo largo de la historia no avalan para nada esta enunciación.

En sus comienzos en 1901, hace más de un siglo, Monsanto producía aditivos alimentarios, como la sacarina con la cual proveía a la compañía Coca-Cola. Este edulcorante sintético, años más tarde, fue expuesto como un químico productor de cáncer.

En 1935 la multinacional absorbió a la empresa que comercializaba bifenilos policlorados (PCB), utilizados para producir fluidos refrigerantes de transformadores eléctricos y motores. Estos compuestos se prohibieron en 1970, tras descubrir que se trataban de agentes contaminantes para el medio ambiente.

Treinta años después, en Anniston, Alabama (EE.UU), se llevó a cabo un juicio contra Monsanto, en el cual la justicia concluyó que la compañía conocía la toxicidad de los PCBs desde los inicios de su comercialización y que se lo ocultó al mundo para -palabras textuales de documentos confidenciales de la empresa- “no perder un dólar de ganancia”.

Esta ciudad, mayoritariamente integrada por población negra, llegó a ser la más contaminada del país: se llegaron a producir más de 300.000 toneladas de PCB, lo que llevó a muchos de sus habitantes a exiliarse del lugar.

La compañía fabrica también el dicloro difenil tricloetano (DDT) utilizado arduamente como pesticida durante el siglo XX. En 1972 queda prohibido en todo el territorio de EE.UU. debido a sobradas muestras que lo ubican como un «cancerígeno potencial para el hombre». A posteriori se demostró que es causal de infertilidad y de fallos en el desarrollo del embrión.

Para mediados de siglo Monsanto se había convertido en un importante productor de plásticos, como el poliestireno, y de fibras sintéticas, las cuales -como hemos mencionado en otra oportunidad- generan contaminación de todo tipo, mayormente afectando a los océanos. 

En los años ´60, durante la guerra de Vietnam, el gobierno de los Estados Unidos convoca a diferentes empresas para la elaboración de un herbicida, el cual sería utilizado por los militares estadounidenses como parte de su programa de guerra química. Monsanto Corporation y Dow Chemical fueron los finalmente fabricantes del llamado “Agente Naranja”.

El objetivo del programa era destruir la selva vietnamita y las cosechas, privando a las guerrillas locales de alimento y de vegetación donde esconderse. Asimismo, los campesinos rurales se vieron obligados a un éxodo hacia las ciudades, tomadas por los norteamericanos.

Además de la destrucción y daño de millones de hectáreas de selva y cultivos, el estado asiático estima que 3 millones de vietnamitas fueron asesinados, y 500.000 niños nacieron con malformaciones congénitas como resultado de su uso. La Cruz Roja del mismo país, estima que 1 millón de personas hoy tienen problemas de salud debido a este herbicida.

La hormona de crecimiento bovino recombinada (rBGH) es otro “logro” de ésta corporación. Conocido bajo su nombre comercial “Posilac”, este producto de la ingeniería genética, es una copia de la misma hormona (BGH) producida naturalmente por las vacas, e ideada para que la producción de leche sea más de la generada biológicamente.

En 1996, el Profesor Samuel Epstein de la Universidad de Illinois, Chicago, realizó un detallado estudio de los efectos producidos por altos niveles de la hormona en los humanos. Los resultados concluyeron que las concentraciones de IGF-1 (Factor de crecimiento 1 tipo insulina) que hay en la leche de las vacas tratadas con rBGH, pueden provocar cáncer de mama y colón entre las personas consumidoras de leche y sus derivados.

Denuncias que aumentan día a día, sobornos, intimidaciones, estudios concluyentes que se tiran a la basura: la cancerígena historia de Monsanto y de por qué su poder es tan mayúsculo interpela a distintos gobiernos del mundo, funcionarios nacionales e internacionales, motivados sólo por acumular más riqueza; mientras esa sea la prioridad, nuestra salud y la del medio ambiente continuarán deteriorándose. (Nota de opinión para Cambio 2000)

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