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La era de lo necesario pero no suficiente

Por Lautaro Peñaflor Zangara

La semana pasada fue noticia que el OPDS, Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible (OPDS), sancionó a 26 empresas multinacionales agroquímicas por un monto de 783 millones de pesos y aseguró que es “la pena ambiental más grande que se haya impuesto en Argentina”.

El titular del organismo explicó que la sanción se impuso porque en 2019 fueron más de 70 las empresas agroquímicas que comercializaron un poco más de 13 millones de envases de plástico (y otros materiales) en el sector productivo agropecuario de la provincia de Buenos Aires.

De este volumen total, la cantidad de envases recuperados en 2020 fue del 8%. A su vez, más de 30 empresas se encuentran en falta por no haber presentado su declaración jurada anual indicando la cantidad de envases de agroquímicos puestos en el mercado provincial en 2019.

Todo esto es cierto. También marca una linealidad que podemos considerar promisoria, en caso de que se la continúe, se la profundice y se busque corregir las contradicciones que en esta materia surgen con claridad desde el punto de vista del Estado.

Es que los modelos de análisis económico del derecho demuestran que una sanción que impacte en los balances es la herramienta más eficaz a la hora de que las empresas se replanteen sus rumbos.

Sin embargo, los diferentes gobiernos respaldan en los hechos aquellos emprendimientos que luego multarán. ¿Las razones? Son varias y las hemos tratado en este espacio. Entre las principales, ofrecen liquidez monetaria en tiempo “de vacas flacas” y cuentan con un fuerte poder de ejercer presión.

Asimismo, el ambientalismo y la economía en su conjunto tienen en su debe la tarea de cuantificar, volver concretos, los costos de aquellos daños que no son estrictamente monetarios, pero que implican fuertes pérdidas para el conjunto. Este aspecto, pese a que es decisivo para nuestro futuro, no se enseña en universidades.

A menudo parece que la humanidad está lo suficientemente alineada como para no percibir que existimos en un medio que todos los días da alerta de no soportar más. Que nuestras existencias se vuelven todos los días más dificultosas. La pandemia así lo ejemplifica.

Es importante la capacidad de significar de una decisión disruptiva. Pero también es importante resaltar que, mientras el OPDS multaba a las agroquímicas, en Chubut el gobernador del PJ logró con los votos positivos del bloque oficialista y de un diputado PRO, además de la abstención de dos legisladores de la UCR, vetar la Iniciativa Popular, que ingresó a la Legislatura de Chubut buscando prohibir la megaminería, con el respaldo popular de 30 mil firmas.

Así las cosas, la pregunta que surge es si alcanzan las acciones aisladas, disociadas, simbólicas. Si hay tiempo para que el proceso sea lento.

Estamos en un punto de inflexión en el que ya no alcanzan los gestos simbólicos ni las declaraciones de valores. No basta con solemnes reuniones de quienes se autodenominan “líderes climáticos” en las que llegan a acuerdos que borran con el codo.

Si analizamos la situación en términos de poder, la asimetría se vuelve manifiesta si consideramos que las corporaciones perforan los territorios nacionales; pero los Estados no son capaces de obligarlos.  Tampoco existen organismos internacionales con facultades coercitivas sobre las mismas.

En terreno mundial, curioso es que aquellos mismos espacios que hasta aquí nos trajeron, sean ahora los que lideren las agendas de transición. ¿Hay una real intención de cambiar o sólo pintan de verde una pared, cuando lo imperioso es volver a cimentar toda la casa?

En términos ambientales, transitamos la era de lo necesario pero no suficiente. (Nota de opinión para CAMBIO 2000)

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