|  

Industria sustentable

Por Maia Franceschelli

El pasado 2 de septiembre se recordó un nuevo aniversario del hecho que dio origen al actual “Día de la Industria”, establecido en 1941. Como es evidente, el auge de la industria no mermó, sino todo lo contrario: la producción en serie y a gran escala se coló bajo el lema de “más confortabilidad” para nuestras vidas.

Evidentes son también las secuelas de su crecimiento y expansión: el hecho de procurar obtener siempre la máxima ganancia les hizo “olvidar” que existen efectos a largo plazo. Sobre todo, consecuencias negativas para la naturaleza y los seres vivos, humanos y no humanos.

Es en este contexto que al día de hoy, el sistema industrial comienza de a poco a cambiar hacia un nuevo paradigma, buscando evitar huellas ambientales.

Buscando la solución en lo natural (donde siempre se tendría que haber buscado), es que se llega a una planta muy bondadosa, no sólo beneficiosa para nuestra salud, sino también y fundamentalmente, para el medioambiente: el cáñamo.

También llamado cáñamo industrial por sus múltiples aplicaciones en este ámbito, estas plantas son variedades de la familia Cannabis Sativa, cultivadas y moldeadas para obtener materias primas. Se cultiva a escala comercial en muchos países de todo el mundo como Austria, EE.UU, Reino Unido, Canadá, Francia, etc.

Por sus virtudes, esta planta acompañó al ser humano a lo largo de prácticamente toda su historia, teniendo registros de su explotación desde hace unos ocho mil años.

Seguramente, esta información sea nueva para muchos. Y no es para nada casual: los múltiples usos y funciones que se le pueden dar al cáñamo reemplazarían varias industrias existentes (y contaminantes), con toda la plata e intereses que ello conlleva.

Desde alimento, con un alto valor nutritivo tanto en sus semillas como en sus aceites; pudiendo igualmente ser procesado y utilizado en innumerables productos como biodiesel, jabón, cosméticos, pinturas, barnices; accesible para la obtención de papel y plástico biodegradable; dotada de una resistente fibra natural, plausible de ser la base de productos textiles, ropa, lienzos, cuerda, materiales de construcción reciclables y biodegradables.

Su corto ciclo de producción, su bajo requerimiento de insumos químicos y su eficiente absorción de carbono hacen que el cáñamo se posicione como una alternativa de producción y concuerde con políticas medioambientales.

Asimismo, al ser una planta fitorremediadora, mejora las condiciones físicas del suelo, al limpiar los niveles freáticos absorbiendo los compuestos químicos aplicados años atrás. Por demás, reduciría la deforestación, reemplazando la madera de un árbol que tarda 20 años para usarse por la de un cultivo de 4 a 6 meses.

Como vemos, sus ventajas son incalculables. Bien en claro lo tienen en China, el productor líder en cultivo de Cáñamo con fines industriales.

Creamos o no, hasta Manuel Belgrano hizo una serie de artículos sobre la planta y sus posibilidades benéficas para el progreso de las colonias en su época.

Sería por demás fructífero poder apreciar el potencial sostenible del cáñamo, tanto para generar una salida económica a esta crisis, como para afrontar estrategias contra el cambio climático, promoviendo el desarrollo sostenible y las prácticas agro-ecosistémicas tan necesarias y urgentes para el planeta.

Somos testigos de que las acciones que se han llevado a cabo, y las que se continúan promoviendo por parte de nuestros gobernantes, son las causales directas de la situación que atravesamos hoy. Siempre, los máximos beneficiarios son los empresarios. Ciertamente, también sacan tajada quienes les proporcionan todos los atajos legales para actuar sin inconvenientes: los políticos.

El cultivo industrial de cáñamo está ganando popularidad, el mundo entero está viendo sus atributos. Ellos, ¿serán capaces de verlos? (Nota de opinión para Cambio 2000)

Categorías