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Fue golpe de Estado

Por Lautaro Peñaflor Zangara

En las sociedades ningún hecho reconoce una única causa: cada situación puede ser analizada desde varias ópticas, teniendo en cuenta distintos factores y variables. Aun así, en algunos casos, no debe haber lugar para las dudas.

Es el caso de Bolivia, que sufrió un golpe de Estado a un gobierno democráticamente elegido.  En este sentido no hay peros ni concesiones, a pesar de las simpatías personales y de la ideología de cada persona.

Es razonable, no obstante, mencionar que Evo Morales tensó las cuerdas institucionales más de lo saludable para acceder a un cuarto mandato. Llegó a la presidencia en 2006 por el voto popular y fue reelecto.

Luego de modificar la Constitución, y considerando al mandato en curso como el primero, según las nuevas reglas accedió a un siguiente período de gobierno. La contundencia del resultado – obtuvo el 63% de los votos contra el 24% del segundo lugar- legitimó su rol.

Para la actual elección, Evo Morales convocó a un referéndum respecto a la posibilidad de ser reelegido. El resultado fue negativo por el 51,3% de los votos. Decidió desoírlo y, con aval de la justicia, fue candidato.

La noche de la elección comenzaron las denuncias de fraude que todos conocemos. Las manifestaciones comenzaron a verse en las calles y la OEA habló de “irregularidades” -nunca mencionó “fraude”-. Morales ofreció realizar un recuento vinculante. También renovar el Tribunal Supremo Electoral. Finalmente, convocar a nuevas elecciones. Las tan mencionadas “vías institucionales”.

Nada fue suficiente para algo que parecía estar dispuesto a suceder y el conflicto trepó sospechosamente muy rápido en poco tiempo. El desenlace: las fuerzas armadas “sugieren” renunciar al Presidente, en pleno ejercicio de su mandato que se extendía hasta el 22 de enero. Morales renuncia, evitando un recrudecimiento de la violencia.

La economía boliviana creció exponencialmente en los últimos años, en el marco de un proceso de inclusión. Uno de los datos que así lo evidencian es que la relación entre el ingreso del decil más rico de la población y el más pobre pasó de ser 128 veces en 2005, a 39 en 2014.

Antes de los cien días de mandato, decretó la nacionalización de los recursos hidrocarburíferos. Las reservas de gas y litio de Bolivia son de las más grandes del mundo y representan un atractivo para las grandes potencias, que ven a Sudamérica como carta de cambio.

Evo Morales obtuvo gran legitimidad de los movimientos vecinales, de los campesinos y los indígenas. Es que impactó de lleno en la concepción de quién podía participar y decidir los destinos del país, incorporando a millones de personas a la vida política. Con un crecimiento de la población del 26% entre 2005 y 2019, el padrón aumentó un 108%.

Si la discusión acerca del cuarto mandato se centraba en su carácter democrático o no, lo que vino después fue mucho peor. Si algo aprendimos en América Latina, es que las FFAA no deben gobernar. Quizás por eso el Poder Ejecutivo fue asumido por una civil, parte de la cadena de mando.  De igual modo, la banda fue colocada por miembros de las Fuerzas Armadas: las mismas que “sugirieron” renunciar a Evo Morales.

Luego de la renuncia el traspaso del poder fue más que veloz. Casas de dirigentes prendidas fuego, Wiphalas incendiadas en nombre de Dios, represión y enorme violencia, fueron el contexto en el que Jeanine Áñez se autoproclamó Presidenta, sin quórum en la Asamblea Legislativa.

La discusión acabó por tornarse de lo más elemental: el presidente constitucional se fue del poder antes de tiempo por presiones, debiendo exiliarse en otro país, en medio de una escalada violenta. En este punto, como mencionábamos, todas las discusiones cesan y exceden a las simpatías o antipatías personales. Fue golpe de Estado. (Artículo de opinión para Cambio 2000)

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