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“Estar en contacto permanente con la naturaleza, y sentirme útil produciendo y generando riqueza, es gratificante”

El profesional, oriundo de Arroyo Venado, habla de su presente en el marco de la Agropecuaria Millagro, de su desempeño en el ámbito del asesoramiento a nivel privado y de su trabajo en el campo familiar, entre otros temas que hacen a la cotidianeidad de la actividad.

El ingeniero agrónomo Eduardo Tcachuc es fundamentalmente un hombre de campo. La explotación familiar ubicada en Arroyo Venado es el lugar donde nació, se crió, y elige vivir y desarrollarse, a la par de su tarea en la firma Agropecuaria Millagro y su interacción con otros productores a los que asesora.

“Mi padre es oriundo de Carhué, mi madre de Guaminí, y vivimos en Arroyo Venado, promediando el camino entre ambas localidades; por eso suelo decir que soy mitad y mitad, aunque cursé la escuela primaria en Arroyo Venado, la secundaria en Guaminí, y luego hice la carrera en la Universidad Nacional del Sur de Bahía Blanca, donde estuve por el lapso de siete años”, contó a CAMBIO 2000 en el inicio del diálogo.

Agregó que su contacto con el campo, la riqueza ambiental, la producción y la libertad, hicieron que “desde siempre supiera que mi destino iba a estar ahí; que iba a dedicar mi vida al campo, y así fue, de una manera muy natural, a pesar de que al momento de formalizar mi educación con una carrera universitaria, intenté analizar y valorar la posibilidad de ser contador, por ejemplo. Pero esa idea que venía conmigo primó siempre y dejé de plantearme opciones, porque en realidad, desde que tengo uso de razón, supe cuál sería mi camino”.

“Lo seguí; cursé la carrera, y previo a recibirme, un par de meses antes, ya me encontraba trabajando con Mariano Moro, en La Medidora, porque en la campaña de gruesa de verano, él suele necesitar algún ingeniero más que le de una mano, y por esa razón estuve seis meses en ese proyecto, hasta llegado el otoño, mientras terminaba de elaborar la tesis que me permitió acceder al título”, contó Eduardo Tcachuc.

“En ese trabajo final de tesis, la temática rondó en probar un residuo de la producción de aceite de soja, que se denomina borra, como enmienda nitrogenada y fosforada para el suelo; o sea, que la idea fue probar si ese residuo se podía utilizar como fertilizante”.

Su naciente trayectoria laboral

Comentó más tarde que al primer trabajo en La Medidora, “siguió una etapa en la Cooperativa Agrícola Ganadera de Adolfo Alsina, en la sede central de Carhué, donde ingresé para llevar adelante una tarea que estaba vinculada con el desarrollo comercial en el partido de Guaminí. También ahí estuve por un lapso aproximado a los seis meses, pero como en el momento en que finalmente obtuve el título había enviado mi currículum a distintos lugares, fui convocado por Agropecuaria Millagro, desde donde me convocó Juliana Milla, y la propuesta me pareció la más indicada para mí”.

“El trabajo que se me asignaba y para el cual me seleccionaban estaba más ligado a lo productivo, que es lo que elijo. En cambio, en el anterior de la Cooperativa Agrícola, la acción se centraba en lo comercial, y por eso resolví quedarme con la propuesta de Millagro”, apuntó.

 Especificó después que su cotidianeidad en el marco de la empresa consiste en “el asesoramiento técnico en lo atinente a la siembra propia de la empresa, así como también intervengo en el área de servicios, porque la firma cuenta con una pulverizadora y una fertilizadora; y de mi parte me dedico a armar la logística, soy responsable de esas dos máquinas y de las personas que las operan”.

“Me siento muy bien con el trabajo que llevo adelante, que a la vez concuerda mucho con mi interés por seguir dedicándome al campo familiar, porque mi padre tiene una explotación en Arroyo Venado, y le doy una mano tanto en esa tierra propia, como en lo que juntos alquilamos para sembrar, que es poco, pero lo hacemos. De ese modo, a la vez que me siento muy cómodo en Millagro, tengo la posibilidad del crecimiento en lo privado”, señaló el ingeniero agrónomo.

 Eduardo Tcachuc, de 28 años de edad, mencionó que “también desde lo particular hago asesoramiento a algunos productores, y por eso debo decir que voy complementando todo de una manera que me permite dar cumplimiento a todo lo que voy proyectando; y si tuviera que elegir un paso más por dar en mi carrera, sería justamente el de seguir desarrollándome como profesional sobre los mismos ítems a los que me aboco”.

“Una carrera amplia”

 Aseguró que “ser ingeniero agrónomo significa abrazar una carrera muy amplia, con varias aristas hacia las cuales direccionar, ya que quien la elige puede optar por la parte de investigación, la comercial, lo atinente a lo productivo, que es donde me posiciono yo en este momento, así como también permite dedicarte a la extensión para estar en contacto con el INTA y sus referentes, los productores y demás actores que llevan a compartir e intercambiar conocimientos. Asimismo, es posible incursionar en la parte educativa; y con todo ello, el espectro se acción es realmente generoso”.

“Quien elija ser agrónomo, y como en mi caso se vuelque a lo productivo, sin duda debe disfrutar de estar en el campo y del contacto con productores, con operarios de las maquinarias, y saber de antemano que va a estar expuesto a las inclemencias del clima, y que en más de una oportunidad, el trabajo va a depender justamente de eso: del comportamiento climático; y puede suceder que te esfuerces mucho por obtener los mejores resultados, cuando las condiciones del clima son adversas y te hacen recibir un revés”.

 “No obstante, -aclaró-, disfruto la tarea, me apasiona el campo, su riqueza ambiental y todo lo que implica, al punto que en más de una oportunidad por ahí dejo de hacer cosas de otra índole para dedicarme a full al campo. Siempre digo que la vida me ha dado la posibilidad de estar en el medio que realmente me gusta, y encima me pagan por ello. Obviamente, a veces surgen sinsabores y reniego; pero estar en contacto permanente con la naturaleza, y sentirme útil produciendo y generando riqueza, es gratificante”.

EDUARDO TCACHUC. Oriundo de Arroyo Venado, siempre supo que su destino estaría ligado con el campo.

“Un tema delicado”

Consultado más adelante por su posición acerca de la forma de trabajo tradicional y su apertura a las nuevas tecnologías, el ingeniero agrónomo subrayó que “ese es un tema bastante delicado, y más en el contexto actual. Pienso que no hay que posicionarse en los extremos; pero soy consciente que muchos profesionales de otras generaciones han abusado de las tecnologías, han hecho una utilización en demasía de los herbicidas y han practicado mucho el monocultivo, soja sobre soja por ejemplo; han usado dosis altas de glifosato y demás, pero soy partidario de no estar en ese extremo, ni tampoco descartar las tecnologías que los seres humanos hemos desarrollado para incrementar la producción”.

“Trato de ser medido, sin dejar de lado lo que existe. Creo que las nuevas tecnologías están para ser usadas, y hay que adecuarse siempre a las buenas prácticas agrícolas. Las generaciones actuales lo estamos haciendo, y buscamos un equilibrio. Creemos en la siembra directa, en la rotación de cultivos, en las buenas prácticas, en los cultivos de cobertura, en la fertilización adecuada, y en otro montón de cosas que por ahí antes no se llevaban a la práctica. Ahora estamos tratando de buscarle la vuelta para no abusar de los químicos, pero valiéndonos en cierta medida de los elementos que tenemos disponibles para optimizar la producción cuidando el medio ambiente”.

Para terminar, el ingeniero agrónomo Eduardo Tcachuc, aclaró que “hablar de agroecología es delicado; es un tema sensible que tiene tanto sus detractores como sus seguidores; pero lo importante en este punto es que sin desmerecer la opción que puedan hacer otros profesionales o productores, existimos los que elegimos una posición de equilibrio”.

Lo que cuenta la historia

El 6 de agosto, en Argentina, se celebra el Día del Ingeniero Agrónomo y el Médico Veterinario, ya que en esa fecha de 1883 se inauguró el Instituto Agronómico Veterinario de Santa Catalina, ubicado en Lomas de Zamora, por iniciativa público-privada.

En ese primer año se inscribieron 17 alumnos internos y al año siguiente 51, por lo que hubo necesidad de ampliar el número de profesores, contratándose en Francia a los ingenieros agrónomos Luciano Garola, Pablo Lavenir, Eduardo Losson y Gustavo Rieder y a los doctores Víctor Even, Alejandro Tribout y Eugenio Vermersch.

En 1887 egresaron los primeros diez ingenieros agrónomos y tres médicos veterinarios recibidos en el Instituto Agronómico Veterinario de Santa Catalina; y al año siguiente, el 6 de Agosto de 1888, rindieron examen de tesis.

 Por Ley del 12 de noviembre de 1889 el Instituto Agronómico Veterinario de Santa Catalina se transforma en la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la Provincia de Buenos Aires con asiento en la ciudad de La Plata.

De acuerdo con el Centro Argentino de Ingenieros Agrónomos (CADIA), a nivel nacional existen alrededor de 40 mil profesionales, de los cuales hay 15 mil matriculados.

Si hablamos de la proyección de la profesión a futuro, hay quienes afirman que la ingeniería es una de las carreras del siglo XXI. El ingeniero agrónomo de nuestros tiempos se encuentra con desafíos como la generación de  plantas con mayores rendimientos, que necesiten menos pesticidas y fertilizantes, que puedan crecer en terrenos marginales para la agricultura actual y también plantas que produzcan alimentos funcionales o saludables.

En cuanto a los médicos veterinarios, se calcula que hay unos 18 mil profesionales activos en la Argentina. La provincia de Buenos Aires y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires concentran más del 50% de los veterinarios, seguidos por Córdoba (12%) y Santa Fe (11,8%). (Cambio2000)

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