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¿Esenciales o descartables?

Por Lautaro Peñaflor Zangara

Días atrás los trabajadores de plataformas como Pedidos Ya, Rappi y Glovo llevaron a cabo un inédito paro de actividades, reclamando no sólo por mejores condiciones laborales, sino también por insumos de prevención para enfrentar la pandemia.

El caso en particular de estos trabajadores abre la puerta para pensar respecto a los modelos laborales que se avecinan, tema que hemos abordado anteriormente en este espacio y que el aislamiento social, preventivo y obligatorio pone de manifiesto.

No sólo porque este tipo de actividades están exceptuadas de cumplir la cuarentena, sino también porque los hechos muestran que es un modelo que podría extenderse a otras actividades con mayor rapidez de lo que imaginamos.

A raíz de la cuarentena, miles de sectores se volcaron al comercio online ante la imposibilidad de trabajar de otra manera. Sólo en el primer día luego de que se habilitaran nuevos rubros a retomar sus actividades, hubo un 75% más de comercios operando en internet. La diferencia interanual fue del 180%. “Hemos logrado en un mes lo que nos hubiera llevado cinco años”, dijo el presidente de “Tienda Nube”.

Es que las modalidades digitales no se irán luego del aislamiento y, de esta manera, el comercio tal y como lo conocemos empieza a diluirse. En concreto, lo que está en crisis es el modelo laboral de la fábrica, que implica una jornada laboral delimitada, un lugar de trabajo presencial, un salario fijo, vacaciones pagas, aportes jubilatorios…

En simultáneo, se impone un modelo vinculado con el espacio laboral virtual. El de las plataformas, que no goza de todas las prerrogativas que mencionamos: no existe un contrato laboral sino una relación de trabajo encubierta muchas veces a través del monotributo, no cuenta con obra social ni ART, el salario está atado a la demanda, no se proveen insumos para cumplir con las labores, no existe un lugar físico para cumplir el trabajo, etcétera.

Cuando planteamos que estas modalidades llegaron para quedarse, nos referimos a que son aquello que “la modernidad” ofrece. El presidente de la Nación expresó en entrevistas recientes que “el teletrabajo está funcionando en muchos sectores” y que el peronismo será a futuro “el partido de los teletrabajadores”.

Regular el “home office” tal y como existe, significa ceder derechos. No implica robustecer a los trabajadores de plataformas, sino a los empleadores (que en su mayoría también son virtuales, porque estas empresas suelen cotizar en bolsa). Se trata de reglamentar la precarización. Aceptar una reforma laboral que, a fuerza de insistencia, terminará por imponerse por la vía menos pensada.

La modalidad digital en algún momento será excluyente, aunque por el momento coexista con los formatos tradicionales. Es que el capitalismo se adapta: lo hizo históricamente y puede volver a hacerlo.  Cuesta pensar, como sostienen algunas personas, que esté en una “crisis terminal”. Si consideramos que luego de la pandemia se elevará considerablemente el nivel de pobreza, las posibilidades de trabajo -por más precarias que sean- serán muy pretendidas.

Paradójicamente, la libertad de mercado que tanto se pregona funciona mejor cuando no puede elegirse dónde trabajar. Y la vulnerabilidad económica es una limitante a la hora de ser selectivo con las oportunidades laborales.

Las consecuencias de este modelo, que tiende a extenderse, son visibles: los empleados de plataformas para envío de paquetes son considerados “esenciales” en el marco de la pandemia. No obstante, realizaron un paro pidiendo algo tan elemental como insumos para no contagiarse coronavirus.

No existe para ellos otra opción que ponerse en riesgo para poder vivir. ¿Trabajadores esenciales o descartables? Esta es la disyuntiva por la que este debate debe comenzar. (Nota de opinión para CAMBIO 2000)

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