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Epecuén, la villa turística que emergió desde el fondo del lago

(Nota publicada en El Territorio, domingo 1 de marzo de 2020).- Argentina no deja de sorprender jamás. Y uno de los destinos que llaman la atención en la provincia de Buenos Aires es Villa Epecuén, un pueblo turístico en ruinas ubicado en la ciudad de Carhué, partido de Adolfo Alsina.

El pueblo tomó ese nombre por el lago que le pertenece, que tuvo su momento de gloria durante mucho tiempo tratándose de un sitio ‘bendito’ por ofrecer mejoras en cuanto a la salud de las personas gracias a las propiedades de sus aguas.

A unos 530 kilómetros de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (con al menos seis horas de viaje en vehículo), una de las particularidades de Epecuén consiste, en que se alimenta de las aguas saladas del lago Epecuén.

Este pequeño pueblo podría haber sido uno de los principales centros de turismo de salud de la Argentina, pero una inundación detuvo los proyectos de quienes apostaban a eso. Esta ciudad es testigo de lo que alguna vez fue Villa Epecuén: uno de los sitios elegidos por las familias patricias para vacacionar entre los años 20 y 70.

Inaugurado en 1821 por Arturo Vatteone, Lago Epecuén se transformó en el balneario más exclusivo del país.

Era el destino de moda de esa época y el lugar escogido por la aristocracia bonaerense como destino no solo para el ocio, sino también para curar enfermedades reumáticas y de la piel.

Sus aguas altamente mineralizadas eran famosas por su similitud con las propiedades del Mar Muerto. Por esta razón, el agua termal ha tenido una función curativa y la Organización Mundial de la Salud la incluyó dentro de la medicina tradicional.

A partir de 1921, Epecuén comienza a inaugurar a sus primeros balnearios sobre las costas. También empezaron a construirse hoteles, residencias y se desarrollaron empresas explotadoras de sal, de venta de barros curativos y jabones especiales.

Unos años más tarde, para 1930, la Villa Lago Epecuén ya se había consolidado como un pueblo típico de la provincia de Buenos Aires, con la presencia de una Iglesia, una Escuela y todos los demás servicios necesarios.

Desde la etapa indígena ya era utilizada el “agua milagrosa”, esto hizo que alguien decidiera fundar un pueblo y que esos turistas que venían a buscar salud, tuvieran comodidades y servicios.

A partir de allí todo fue creciendo y en los años 70 había 5.000 plazas hoteleras estables, 250 establecimientos de distinta categoría, 25.000 turistas durante la temporada de verano y una población estable de 1200 personas.

El exceso de construcciones y la falta de obras -que contrarrestaran los efectos de la mano del hombre- fueron la perdición de Villa Epecuén. El muro de contención que había entre el lago y la villa no era lo suficientemente fuerte como para contener el agua del lago por mucho tiempo.

Por eso, el 10 de noviembre de 1985 una sudestada comenzó a gestar la catástrofe. La fuerza del agua fue tan potente que el muro que protegía al pueblo cedió y el lago creció de a un centímetro por hora. Luego de dos semanas esa pared que parecía de acero, cedió.

Sus habitantes debieron ser evacuados y abandonar con mucha tristeza sus hogares y comercios.

La inundación generó un shock que aún hoy continúa en la memoria de los ex pobladores. La gente de un día para el otro perdió su actividad, su propiedad, su historia, sus raíces y su pasado.

Renacer de entre los escombros

En diálogo con El Territorio, desde la Dirección de Turismo de Carhué indicaron que “a partir de 1997 empezó a bajar el nivel del lago y comenzaron a resurgir las ruinas. Para el año 2000 comenzaron a explotarse como lugar turístico para recordar su historia y permanecer en el recuerdo de quién alguna vez lo pudo conocer”.

En la actualidad la zona puede visitarse y quienes la conocen destacan que parece un lugar “fantasmagórico” porque la sal del mar le da un tono blanco a las ruinas.

Pese a que las ruinas son algo triste para quienes vivieron en el lugar, han generado un atractivo único, no existe un pueblo que haya sufrido un cataclismo así y en el que tiempo después se pueda transitar por sus calles.

Actualmente la ciudad dispone de varios circuitos turísticos que reviven aquella época de esplendor: El Matadero, Ruinas de Villa Epecuén, Playas sustentables, Spa termales y el Museo Regional de Adolfo Alsina.

“Además de las ruinas contamos con sectores de playas a orillas de nuestro lago Epecuén. Nuestras aguas son hipersalinas similares al Mar Muerto, ofrecemos turismo salud y relax por sobre todo. Nos visitan muchos turistas interesados por la ruta Salamonica y en Carhué contamos con tres de sus obras arquitectónicas (nuestro municipio, matadero de Epecuén, sendero del Cristo). Somos récord Guinness por las propiedades de nuestro lago, ya que es un flotario natural” indicaron desde Turismo de Carhué.

Los misioneros que quieran conocer este sorprendente destino deben llegar a la capital y desde allí dirigirse hasta Carhué, “contamos con transportes de micros, combis o a través de trenes desde Constitución a Pigüé, realizando luego trasbordo en micro directo a Carhué”.

Los medios más frecuentes para movilizarse en la ciudad y para llegar a Ruinas de Epecuén (a tres kilómetros de Carhué) serían por medio de taxis o remis pero también hay bicicletas.

El costo de acceso a las ruinas es de 100 pesos por persona y el recorrido en el lugar es autoguiado, también cuentan con museo de interpretación.
“Contamos con espectáculos y actividades que se organizan durante la temporada en Carhué y Epecuén, como por ejemplo Aniversario de Carhué, Fiesta del turismo Termal, carnavales, bailes familiares, actividades culturales y deportivas en las ruinas y en nuestra ciudad”, informaron desde Turismo Carhué. (Fuente: El Territorio)

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