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En las PASO, pasan de la discusión ambiental

Por Lautaro Peñaflor Zangara

En la era del marketing las campañas electorales, en gran parte, implican correr los menores riesgos posibles. La velocidad con la que circula la información hace que cada traspié pueda costar la pérdida de votos.

Claro que no todo es traducible a votos. Existen temas en los que urge la toma de postura. Es el caso de la crisis ambiental. Pese a sectores minoritarios negacionistas del calentamiento global y la evidente predisposición de ciertos actores de soslayar el tema haciendo la vista gorda, lo concreto es que la agenda verde necesita ser discutida sin eufemismos y con la celeridad que amerita.

Sin embargo, los mensajes políticos en los tiempos que corren optan por la superficialidad, plagándose de slogans y frases entre hechas y motivacionales. Para evidenciarlo podemos citar un ejemplo en Adolfo Alsina, bien cercano: ¿alguien escuchó decir la palabra agrotóxicos en esta campaña?

Por esa razón, y considerando que la próxima elección es legislativa, repasaremos las últimas leyes ambientales que se votaron en nuestro Congreso nacional, además de algunas que son exigidas por los activismos en la materia.

Antes de comenzar, debemos aclarar que una ley en sí misma no crea realidades. Se trata, probablemente, de uno de los pocos instrumentos que pueden dar respuestas a las demandas civiles. Pero sobran ejemplos de que aún, existiendo leyes, el status quo puede permanecer inalterable.

La primera norma que mencionaremos es la Ley de Bosques que se votó en 2007. Recibió votos negativos de la UCR en el Senado y ausencias del mismo partido y el Frente para la Victoria en Diputados.  Esta ley establece los presupuestos mínimos de protección ambiental para el enriquecimiento, restauración, aprovechamiento y manejo sostenible de bosques nativos. Desde su implementación en 2009, nunca pudo contar con su presupuesto completo, y recibió mucho menos del 10% del presupuesto que les correspondería en todo ese período.

En el caso de la Ley de Glaciares, sancionada en 2010, se buscó proteger estos espacios como reservas estratégicas de recursos hídricos. Ciento quince diputados votaron a favor y 95 en contra. Los rechazos vinieron del FPV mayoritariamente en Diputados y de la UCR en el Senado, donde recibió 35 votos contrarios a la aprobación.

En cuanto al cambio climático, en diciembre de 2019 se aprobó una ley estableciendo presupuestos mínimos para garantizar acciones, instrumentos y estrategias adecuadas de adaptación y mitigación en nuestro territorio. Su aprobación tuvo ausencias deliberadas y abstenciones.

Por último, la Ley de Educación Ambiental Integral fue sancionada este año. Busca consolidar la educación ambiental en el ámbito formal, no formal e informal y aún espera su reglamentación.

¿Qué leyes faltan? La más visible es la Ley de Humedales, que busca inventariar la cantidad y condición de estos ecosistemas en nuestro territorio para determinar su protección concreta. En tiempos de carpinchos en Nordelta e incendios forestales, este proyecto podría perder estado parlamentario a fin de año por las presiones para que no se apruebe.

Otro interesante proyecto es el que busca dar un marco a la gestión de envases cuando terminan su vida útil. Algunos de los textos en esta materia, además, incorporan la actividad de cartoneros y recuperadores urbanos.

No menos importante es la ley de delito ambiental, que aspira a incorporar al Código Penal un tipo que sancione estas acciones con penas diferentes y mayores a las ya existentes. Aún no se debate y la primera discusión es delimitar qué se entiende por “delito ambiental”.

Como observamos, además de la falta de discusión en campaña, muchas de las leyes que se conquistan no se aplican o no cuentan con presupuesto. Además, el camino para que sean tratadas no está exento de presiones o lobbys.

Por lo pronto, las próximas elecciones son PASO y, precisamente, la enorme mayoría de las listas pasaron de discutir acerca del ambiente. (Artículo de opinión para Cambio 2000)

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