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El duro camino del billete de $ 100: de comprar mucho a casi nada en 11 años

La cantidad de alimentos indispensables para la subsistencia que se adquirían en nuestra ciudad en marzo de 2010 casi se pulverizó comparando con lo que se puede alcanzar hoy. 

LA TARUCA. La última versión del billete que supo ser el de mayor denominación en Argentina.

 En nuestro país, once años son una eternidad. De allí que ni el más optimista de los argentinos pueda siquiera esperar que los precios no se muevan en semejante período de tiempo. Sin embargo, las comparaciones asustan, sobre todo, cuando se evalúa cuanto podía comprarse en la Bahía Blanca de marzo de 2010 con 100 pesos y cuanto puede adquirirse en la actualidad.

Así, el billete violeta, que hoy homenajea a Eva Duarte, aunque también está la versión con la cara de Julio Argentino Roca, podía comprar casi 17 kilos de pan (valía 5,94 pesos promedio el kilo en los comercios bahienses relevados), 25 paquetes de fideos de 500 gramos ($ 4,05 por paquete), 4 kilos y medio de carne bovina ($ 22,18 por kilo), casi treinta litros de leche fresca ($ 3,56 por litro) y unos 22 paquetes de yerba mate de 500 gramos ($ 4,62 cada uno).

En nuestros días, la cosas son bien distintas y casi ni vale la pena hacer números, ya que hace años que en los comercios no miran con cara de enojo a quien presenta un billete de 100 a la hora de abonar. Sin embargo y al igual que en el caso anterior, tomando los precios promedio de un conjunto de productos básicos que mensualmente recaba en bocas de expendio locales el Centro Regional de Estudios Económicos de Bahía Blanca-Argentina (CREEBBA), surge que 100 pesos no alcanzan ni siquiera para un kilo de pan ($ 142,13 el kilo), apenas un paquete de fideos ($ 63,89 por unidad) y solamente un litro de leche ($ 72,01 el litro).

De comer carne y tomar mate ni hablemos: el “cara de Roca” apenas alcanza para 200 gramos de carne ($ 501,42 el kilo) y menos de un paquete de la bebida nacional ($ 197,44 la unidad).

Imparable

El enorme deterioro del poder de compra del billete de 100 pesos tiene una única responsable: la inflación. Es que entre marzo de 2010 y el mismo mes de este año, los precios subieron, en nuestra ciudad, a razón del 2.185,6%, de acuerdo con el CREEBBA.

Pensando en lo que vendrá, las noticias tampoco son muy buenas. Así, el Centro de Estudios de la Nueva Economía (CENE) de la Universidad de Belgrano ratificó en su último informe que, tras una inflación del primer trimestre superior al 10%, se esfumó la posibilidad de alcanzar la meta del 29% anual. Además, indicó que sin un plan antiinflacionario, el alza de precios podría volver a superar el 50% anual, como ocurrió en 2019.

«Si el gobierno lograra reducir el alza de precios mensual al 3% de aquí a fin de año, la inflación anual se ubicaría en el 45%”, indica Víctor Beker, director del CENE.

“Ése parece un pronóstico más realista que el anunciado en el Presupuesto Nacional para este año, habida cuenta de la necesidad de realinear los precios relativos, particularmente los de los combustibles y las tarifas de los servicios públicos”, continúa el economista.

“Dada la inexistencia de un plan de ataque a la inflación, los distintos factores que la alimentan seguirán operando a lo largo del año. A la realineación de precios relativos se agrega el aumento del precio internacional de las commodities, que la autoridad económica pretende neutralizar mediante el atraso cambiario, con el daño a la competitividad internacional que ello puede ocasionar”, observa.

“También podría operar en la misma dirección el eventual incumplimiento de la meta de déficit fiscal que fue calculada suponiendo a gran parte de la población vacunada y, por ende, sin necesidad de una nueva cuarentena que obligue a reinstaurar el IFE y el ATP o medidas equivalentes”, indica el director del CENE.

 De acuerdo con el economista, el mayor déficit obligaría a una mayor emisión monetaria que, por ahora, se ha logrado mantener, medida por la base monetaria (dinero bajo estricto control del BCRA) en un nivel interanual del 31%.

Sin embargo, los pagos que debe llevar a cabo mensualmente el Banco Central en concepto de intereses por las Leliqs y pases pasivos (N de R: una operación de préstamo entre bancos) ya de por sí presionan al alza dicho guarismo, ya que se debe recurrir a más emisión para cancelarlos.

“En efecto, el total de Leliqs y pases pasivos ya supera largamente los 3 billones de pesos, es decir que son mayores que la propia base monetaria. Ello requiere unos 80.000 millones mensuales por pago de intereses”, asegura Becker. (La Nueva.)

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