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El devenir informático

Por Maia Franceschelli

En los últimos tiempos con el creciente aumento de las tecnologías informáticas en nuestra cotidianeidad y de modo permanente hemos estado -y aún lo estamos- viviendo en dos mundos: el real y el virtual. Creemos tener el control de la situación, pero esta virtualidad nos ha superado.

Ya entrando en el nuevo milenio fuimos deslumbrados con las conexiones inalámbricas a internet, cruzando por la banda ancha, hasta el punto de poseer hoy en día infinidad de dispositivos que cuentan con esta opción.

Las pantallas planas, los videos de alta resolución, las redes sociales, el mercado on-line, la nube que alberga datos, la navegación GPS, las plataformas de streaming, los diarios digitales, los juegos electrónicos y virtuales… y la lista continúa.

Sin dudas los beneficios son múltiples: internet nos da información inmediata, generaliza contenido, elimina barreras de tiempo y espacio aumentando la comunicación, facilita el acceso en la rama educacional y también en el trabajo, ofrece entretenimiento… pero no hay que perder de vista las consecuencias de su uso que, resulta ser abusivo.

Ya se habla de diversas “patologías” que han surgido con el devenir informático: nomofobia, entendido como el miedo a estar incomunicado sin teléfono móvil; apnea de whatsapp, definida como la ansiedad que genera en el cerebro de los usuarios la consulta compulsiva de mensajes.

Cibercondría que consiste en recurrir a la red para el autodiagnóstico de enfermedades y la búsqueda de posibles tratamientos; el síndrome de Google, que se intuye podría ser el causante de limitar las capacidades intelectuales y de una modificación en la conducta de quien recurre al buscador y deja de esforzarse para memorizar.

Sin embargo, el uso desmedido de estas tecnologías no solo impacta de modo negativo en el ser humano, también le hace daño al medioambiente.

La contaminación que produce se debe al consumo de electricidad, puesto que gran parte es generada por medio de gas o combustible que al procesarse producen CO2, y aunque hay métodos alternativos para producirla, como paneles solares o energía eólica, éstos aún son insuficientes.

El consumo de energía es gigantesco, tanto por el uso de los dispositivos individuales como por los centros de datos de empresas como Google, Microsoft, Yahoo y Facebook, que cuentan con algunos de los más grandes del mundo, los sistemas operativos móviles como iOS y Android y millones de aplicaciones.

Un informe reciente de Gartner -compañía estadounidense de investigación de las tecnologías de la información- señala que las computadores y monitores representan “alrededor del 40% de la demanda total de energía y el 0.8% de las emisiones globales de CO2”.

Google refiere que los buscadores emplean alrededor de 0.0003 KW/hora de energía para responder una sola consulta, es decir, 0.2 gramos de CO2, así que imaginemos la cantidad de contaminación que se genera con millones de consultas al día.

Estando las tecnologías tan presentes en nuestras vidas, resulta utópico pensar que las mismas dejen de estarlo. Por eso debemos apuntar a modificar las fuentes de energía por alternativas renovables, como así también a educar para que el consumo de todos los usuarios, actuales y futuros, sea consciente y responsable. (Artículo especial para Cambio 2000)

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