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El desmonte marino

Por Maia Franceschelli

El pasado 8 de julio se conmemoró el Día Mundial de los Océanos, promovido desde la ONU (Organización de las Naciones Unidas), “para recordar a todos el papel importante que tienen los océanos en la vida cotidiana”. No hay que olvidar que son los pulmones de nuestro planeta, la mayor parte del oxígeno que respiramos.

Greenpeace -ONG ambientalista-, en la misma fecha, presentó un informe donde denunció que el Mar Argentino se encuentra al borde del colapso producto de la pesca masiva y de las petroleras y pidió que el gobierno actúe.

La organización, realizó un patrullaje por los límites de la Zona Económica Exclusiva, esto es, la franja donde el Estado tiene derecho a la exploración y explotación económica. Allí se encontraron con que el ecosistema marino es hoy “similar a un bosque arrasado después del desmonte”.

“…a la intensidad de la actividad pesquera, que convierte el fondo marino en un desierto, se le suma la exploración petrolera, responsable de generar bombardeos acústicos tan potentes como el despegue de un cohete espacial”, expresaba la coordinadora de la campaña por la protección del Mar Argentino de Greenpeace.

Estos ruidos producidos por los bombardeos submarinos -práctica habitual en la explotación petrolera- son para Greenpace el segundo mayor contribuyente de ruido subacuático causado por el hombre, solo detrás de explosiones nucleares y de otro tipo en pruebas militares. “Estos disparos no solo afectan a las poblaciones de peces, sino que también a los mamíferos y aves”.

La coordinadora de la campaña por la protección de Mar Argentino, Luisina Vueso, afirmó que “lamentablemente pese a esta emergencia ambiental, a fines del año 2019, y con muy poca prensa, se firmó un acuerdo que junto con resoluciones previas otorgó a la industria petrolera más de 1 millón de km2. de la superficie marina para la explotación sísmica hasta el 2025 y permiso para bombardear casi toda la plataforma continental”.

El otorgamiento de permisos para darle luz verde a la explotación fue para la empresa noruega TGS AP Investments, quien con vía libre para la acción, llevará adelante la generación de fuertes ondas sonoras producidas por cañones de aire que provocan impacto en más de 300 mil km2, una superficie equivalente a la provincia de Buenos Aires. Incluso, este sonido es comparable a las bombas de Hiroshima o Nagasaki.

Como venimos advirtiendo, a pesar de la pandemia, las actividades destructivas del medio ambiente no han cesado. Peor aún, son estos los momentos propicios donde se toman decisiones de importancia a espaldas del pueblo. Sin duda alguna los medios de comunicación aportan lo suyo al concentrar toda nuestra atención en este virus y todas sus variables, sumando más paranoia a la ya reinante en el mundo.

En épocas donde se nos incita a creer que el Estado está para protegernos -con la policía-, no hemos en ningún momento leído o escuchado a los mandatarios estatales hacer alusión a las problemáticas medioambientales que hay detrás de todo esto.

Muy por el contrario, se jactan de firmar acuerdos con multinacionales, con los ya comentados pretextos de “generar trabajo” y “hacer crecer el sector”, cuando sabemos bien que lo único que siempre buscan todos es aumentar su patrimonio.

Hacerse cargo de algo semejante es admitir que la globalización depredadora en la que estamos inmersos y la relación que le plantea el hombre a la naturaleza es causal directa de la situación que atravesamos. Es decir, hacerse cargo, no paga. (Artículo de opinión para CAMBIO 2000)

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