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Discusiones viejas sobre problemas nuevos

Por Lautaro Peñaflor Zangara

“Servicio Cívico Voluntario en Valores”. Es el nombre de una reciente iniciativa del Gobierno pensada para que los jóvenes de entre 16 y 20 años que no cuentan con un trabajo, ni acceden a algún tipo de oportunidad educativa, se formen con los valores que promueve la Gendarmería Nacional.

Es cierto que las posibilidades de acceso al empleo para las personas más jóvenes son un problema en la actualidad, que requiere esfuerzo y creatividad por parte de las distintas áreas del Estado.

Pero, si pensamos en esa fórmula tan livianamente repetida que es “jóvenes ni-ni”, encontramos que abarca un sinfín de realidades multicausales posibles. En todos los casos tienen más que ver con un Estado incapaz de brindar respuestas, que con la falta de voluntad de las personas.

Si pensamos en la línea de acción que el Gobierno viene dando a esta problemática, no resulta extraño que hayan mentado un programa de talleres a cargo de Gendarmería. Ante el crecimiento del número de jóvenes con dificultades para el acceso al trabajo y la educación, el oficialismo no eliminó, pero tampoco jerarquizó propuestas territoriales como Envión o las ofertas para la terminalidad de la escuela secundaria.

En cambio, ideó grandes Ferias de empleo con cientos de miles de postulantes y pocos cientos de puestos de trabajo ofrecidos. Y también buscó instalar sistemáticamente la baja en la edad de imputabilidad penal de 16 a 14 años.

El ámbito de la seguridad no es el adecuado para dirimir este tipo de cuestiones. La órbita de la ejecución de la pena es un ejemplo: solemos utilizar expresiones como “reeducación” o “inserción social”, incluso en la normativa. Pero las prisiones son instituciones de control a cargo de las fuerzas de seguridad. Si la ley es tan clara, ¿no debiera ser otro el enfoque?

Si el objetivo del programa es realizar talleres de robótica, software, plomería y otras disciplinas, ¿por qué las fuerzas de seguridad son la propuesta para la juventud? Es caer en nuestra propia trampa. Ante el problema de la falta de oportunidades educativas y laborales, esos son los ámbitos donde deben enfocarse los programas a tal fin: el Ministerio de Educación y la Secretaría de Trabajo.

Podríamos preguntarnos por qué Gendarmería. Se trata de un brazo de la fuerza pensado para cuidar las fronteras. No está formado para el trato con las personas específicamente, porque no es su rol original, aunque desde 2010 lo ejerce.

CORREPI (Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional) denuncia que, desde diciembre de 2015, unas 1300 personas fueron asesinadas por el aparato represivo en exceso de sus funciones. Es un número que fue en aumento desde el gobierno anterior y muchos de ellos son adolescentes y jóvenes víctimas de gatillo fácil. Las fuerzas de seguridad tienen asuntos que resolver antes de encarar este tipo de iniciativas.

Iniciativas que deben brindar herramientas desde el cuidado y con una perspectiva acorde a las sociedades democráticas contemporáneas. Eso abarca reflexionar respecto al universo simbólico de los términos que se emplean desde la comunicación oficial.

¿Qué implica la noción de “valores”? ¿Es “disciplina” lo necesario para afrontar la carencia de puestos laborales juveniles? ¿Es un “servicio” lo que el Estado debe brindar a sus ciudadanos más jóvenes? Este universo terminológico recuerda a la experiencia del Servicio Militar Obligatorio, cuya finalización -luego del caso del Soldado Carrasco- aún está muy latente en muchos argentinos.

Es imperativo repensar las políticas públicas en torno al empleo juvenil y el acceso al estudio.  Pero debe hacérselo desde perspectivas contemporáneas y no desde nociones antiguas de democracia, que instalan debates regresivos para la sociedad. (Artículo de opinión para Cambio 2000)

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