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#DejenJugarAEmma

Por Lautaro Peñaflor Zangara

En tiempos de redes sociales todo es traducible a hashtags. Espontáneos o coordinados; alusivos a una problemática real o meramente chistosos; masivos o de nicho, decenas de etiquetas vemos pasar cada día en los espacios digitales que frecuentamos.

Algunos teóricos sostienen que la pantalla esconde en sí misma un efecto narcotizante: al escribir la queja del momento, uno siente que activó por algún asunto y limpia su consciencia, pero en realidad nada se movió salvo en los términos de moral individual.

Sin embargo, existe todo otro tipo de consignas que sí encuentran en las redes amplias posibilidades de masificarse, perforando espacios que otrora hubieran sido impensados. Es el caso de la historia a la que hoy dedicamos este espacio.

Emma es una nena de 12 años y juega al fútbol en el Club Empleados de Comercio de Guaminí. Su situación comenzó a ganar notoriedad porque, por alguna regla biologicista cuya racionalidad y temporalidad habría que analizar, en la edad que tiene debería ficharse en la Liga Regional de Fútbol de Coronel Suárez y no la dejan hacerlo. Su historia motivó una presentación ante el INADI que espera dictamen.

La explicación de la LRF y de la Asociación de Fútbol Argentino (AFA) es que en el país no existe el fútbol mixto. Sin embargo, tampoco está prohibido. Sólo que las mujeres no pudieron practicar este deporte hasta este momento por motivos que podríamos indagar desde el aspecto social y cultural.

Eso no significa que no existiera. Podríamos citar, por ejemplo, el caso de las mujeres que hace ya cuarenta años, en 1971, se organizaron y fueron sin mayores apoyos a disputar el mundial de fútbol a México. Allí obtuvieron un histórico triunfo en el Estado Azteca, 4 a 1 contra Inglaterra. En su homenaje actualmente se celebra el Día de la Futbolista cada 21 de agosto.

Debemos mencionar que de un tiempo a esta parte la profesionalización del fútbol femenino ganó lugar: los clubes de primera división tienen sus equipos que disputan torneos y, recientemente, los encuentros comenzaron a ser transmitidos.

Aquí debemos detenernos un poco: si bien estos avances son incipientes, también vienen a demostrar las falencias que existen en las categorías menores y en las ligas del interior. También evidencian que la respuesta ya no puede ser simplemente “esto no existe”.

En este estado de cosas, si Emma (o en su nombre cualquier niña) no puede jugar con las reglas tal y como están establecidas, probablemente sea momento de reverlas. O de inventar nuevas, que se adecuen al siglo veintiuno.

La posibilidad la tienen: según cuenta la familia de la pequeña, en campeonatos cercanos como la Liga del Sur de Bahía Blanca hay niñas que pueden jugar. Sólo implica un compromiso activo por parte de las autoridades de salir del “no” para ingresar en el terreno de la acción. La otra postura, es conservadurismo.

No es la única niña en una situación así. También está Renata, que inspiró la lucha de la pequeña de Guaminí y como ellas tantas otras. Sólo basta con ingresar al Instagram “Dejen jugar a Emma” para encontrar decenas de comentarios no sólo de apoyo o solidaridad, sino también relatando experiencias similares. Indudablemente están abriendo caminos.

Emma hace algunos días participó de un entrenamiento con el equipo de fútbol femenino de primera división de Racing de Avellaneda, invitada por la capitana Rocío Bueno. “Emma juega. No hay burócrata que pueda impedirlo”, dice el comunicado del club que respalda a la pequeña jugadora y lo sintetiza a la perfección. En la disputa entre el plano fáctico y las normas podemos establecer con claridad qué fue primero, si el huevo o la gallina. Los hechos le están ganando a las reglas. (Nota de opinión para Cambio 2000)

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