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Crisis agroexportadora

Por Maia Franceschelli

Argentina transita nuevamente una crisis económica que repercute de modo directo en la satisfacción de las necesidades básicas. Con una estimación para fin de año del 35% de la población por debajo de la línea de pobreza, nuestro país exporta producción para alimentar a 440 millones de personas en el mundo, siendo esto 10 veces más que sus pobladores. ¿Cómo es posible entonces haber llegado a esta situación?

Históricamente, Argentina producía casi la totalidad de los alimentos que consumía. Las distintas regiones proveían a la población interna de variados alimentos. Hacía los años 70, con el ingreso de la doble cosecha, el panorama se vio afectado, mutando. Hasta el momento, se alternaban cada año las tierras entre las actividades agrícolas y las ganaderas, con el fin de preservarlas.

Pero a partir de aquella década, comienzan a cultivarse dos cosechas agrícolas en ese mismo período de tiempo. Es aquí cuando el auge de la soja, haciendo una suerte de dupla con el trigo, se esparce fenomenalmente por toda la región pampeana y sustituye la diversa producción de la zona. Y esto mismo sucede en muchas regiones.

En 1997 se introduce la producción basada en el uso de soja transgénica y en 2004 casi el 100% de la producción de este cultivo era de estas características, con todo lo que ello implica. A su vez, para ese entonces ya se exportaba casi en su totalidad.

La soja avanzó sobre cultivos que abastecían el mercado interno, que tal vez no generaban las divisas que otorga el monocultivo de soja, pero aseguraban una alimentación variada, suficiente y accesible a la población local. En otras palabras, hubo una modificación geográfica significativa para que ingresen más dólares en detrimento de la seguridad alimenticia.

En la actualidad, el Congreso Argentino convirtió en ley la emergencia alimentaria. La misma prorroga la emergencia -vigente desde el 2002-, hasta el año 2022, extendiéndose esta situación a 20 años, aumentando el 50% como mínimo las partidas correspondientes a programas alimentarios con el objeto de revertir las situaciones de mal nutrición poblacional.

Dispone la creación de un Plan Básico Nutricional, que debe contemplar los nutrientes necesarios, según la edad, de toda la población objetivo considerando una dieta saludable, nutritiva y equilibrada, en cumplimiento de las recomendaciones previstas en las Guías Alimentarias para la Población Argentina, de la Secretaría de Gobierno de Salud.

La guía recomienda 4 comidas al día con una variada dieta que incluye todo tipo de carnes, frutas y verduras, harinas, lácteos, legumbres y frutos secos, con 2 litros diarios de agua segura. ¿Pero será viable llevar a cabo este plan cuando las producciones regionales son exportadas e internamente continúa la inflación y el despido de trabajadores de diversas áreas y rubros?

De acuerdo a las mediciones del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), una familia tipo necesitó en el mes de agosto más de $ 33.000 para no caer debajo de la línea de pobreza.  La desocupación subió del 9,6 al 10,6% según los datos del INDEC del segundo trimestre de este año en relación a igual período de 2018.

Proyectando esa tasa al total de la población urbana, hay 2.050.000 desocupados urbanos, 250.000 más que un año atrás. Si se incluye la población rural, el desempleo golpea a más de 2,5 millones de personas.

Insisto, apostando a políticas agroexportadoras, sin abastecer en principio el mercado interno, arrasando las tierras con cultivos transgénicos, en un contexto de catástrofe económica y por ende social, ¿prosperará este plan de emergencia o será que ya es tiempo de comenzar a pensar en alternativas económicas distintas a las que nos brinda este sistema? (Artículo de opinión especial para CAMBIO 2000)

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