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Cinismo extractivista

Por Maia Franceschelli

Hace días se cumplieron cinco años del peor derrame ambiental minero de la historia Argentina, cuando en la mina Veladero en San Juan, la empresa Barrick Gold, un 13 de septiembre, derramó al menos 1.070.000 litros de “solución cianurada”, contaminando 5 ríos. Parece increíble -aunque ciertamente no lo es- cómo las autoridades pretenden convencernos de continuar soportando proyectos de corte extractivistas.

El Ministro de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto de la República Argentina, Felipe Solá, tuvo que salir a dar explicaciones e intentar llevar una “calma” a la población, debido a las incontables muestras de rechazo de diversos sectores y movimientos ante la pretendida instalación de factorías porcinas en el territorio nacional.

Según sus dichos, este tema “ha sensibilizado a una parte de la población, […] a cierta juventud urbana muy interesada en las cuestiones ambientales y con una mirada también muy urbana respecto de cómo se produce en el sector agropecuario”.

En un discurso totalmente cínico, carente de respuestas certeras sobre el tratamiento y la forma de poner en marcha un proyecto semejante, Solá comenzó minimizando y tratando de ignorantes a quienes se oponen a este tipo de prácticas, emparentadas con el agronegocio y la tala indiscriminada, cuestiones de las cuales él mismo fue propulsor en los años ‘90.

Su flojo argumento comenzó reconociendo que el proyecto “no es el que queremos exactamente, es el que podemos”, para luego hacer foco en los dos criterios con los que ven “este tipo de proyectos”: el primero, la tecnología. De acuerdo al canciller, fue Perón quien comenzó a construir el justicialismo sobre una base de insumos provenientes en su mayoría de afuera, los cuales tomó y “argentinizó”. Para Solá, de eso se trata la tecnología.

El segundo criterio, planteado de un modo sumamente ambiguo -como todo el discurso- es que al “stop” en el frente externo argentino (entiéndase esto como una pausa en el comercio exterior), hay que sumarle la pandemia “que como siempre tiene un efecto devastador pero al mismo tiempo enciende algunas luces, permite algunos subproductos positivos, porque pone en marcha el sufrimiento y al mismo tiempo los cerebros”.

Cuando el hambre, la falta de servicios básicos como agua potable y cloacas, un trabajo y condiciones de habitabilidad, por hacer una simple mención, jamás le han hecho falta a la clase dirigente, resulta muy sencillo plantear que el sufrimiento produce subproductos positivos. No hay cerebro que se ponga en marcha cuando estas necesidades no están cubiertas.

Continúa mencionando el tratamiento de las excretas (heces, orines y demás desechos eliminados por el organismo de los cerdos) como el punto de inicio del proyecto, lo primero que se debe plantear y solucionar. Pero, ¿curiosamente? no dice absolutamente nada al respecto. Cómo sería el tan importante manejo de las mismas, seguimos sin saberlo… aunque una idea nos hacemos.

A posteriori, aclara que la genética de los porcinos “será argentina o bien importada por países autorizados por el SENASA; Brasil, por ejemplo, tiene buena genética. Pero, ¿van a venir los cerdos chinos? No, no van a venir los cerdos chinos”. Otra evidente subestimación al pueblo. Todos sabemos que la preocupación por esta problemática excede el país de origen del animal, lo hemos comentado en columnas anteriores.

Prosigue: “Miren, vamos a hacer todo lo posible por no contaminar y tener seguridades previas, mínimos previos establecidos, pero sobre todo lo que vamos a hacer es producir, generar dólares, exportar y generar empleo. Para que vuelva la vida económica, para que vuelva la posibilidad de que no se mueran de hambre algunos, muchos, para que vuelva la posibilidad de que saquemos a los que están en indigencia de la indigencia y los llevemos aunque sea a la pobreza, y a muchos de los que están en la pobreza al trabajo formal”.

La falta de respuestas concretas ante el tratamiento medioambiental sumado al señuelo de la generación de empleo es una carta que no se cansan de utilizar. El resto del relato, sin palabras.

“¿Pero vamos a desmontar? No. Nos vamos a preocupar antes de que esté en un lugar que no haya que desmontar para eso”. Mientras, observamos como el país -y gran parte de la región sudamericana- se encuentra en llamas. ¿Casualidad?

Sin explicar de qué forma pretenden proceder, culmina este discurso berreta, con más cinismo: “ésta es una solución, ¿la vamos a boicotear o la vamos a defender?”. (Nota de opinión para CAMBIO 2000)

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