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¿Casualidad o causalidad?

Por Maia Franceschelli

El coronavirus continúa en la primera plana y en los titulares de los todos los medios del mundo. La tensión no parece cesar ante la creciente cantidad de casos de infecciones y decesos, y ante ello resulta pertinente reflexionar sobre algunas cuestiones.

Conocemos, mediante los mass media y las redes sociales, que el virus se originó a fines del año pasado en Wuhan, República Popular China; Li Wenliang, médico oftalmólogo, fue el primero en -intentar- alertar sobre un posible nuevo brote del virus SARS. Sin embargo, la respuesta de las autoridades asiáticas fue poner en duda al doctor y acusarlo de “hacer comentarios falsos” que habían “perturbado severamente el orden social”.

Lo que ocurrió luego demuestra la fallida resolución de las autoridades en las primeras horas del brote y revela mucho sobre cómo opera el poder: la muerte de Li Wenliang a causa del virus puso en alerta a la población china no sólo por la enfermedad en sí, también por cómo los medios de comunicación manejaron la información.

Esto nos lleva a pensar y repensar algo que ya todos tenemos en claro: los medios de comunicación -el cuarto poder- son funcionales a los intereses económicos y políticos de los poderosos, que en definitiva son quienes controlan qué información bajar al pueblo, el cual, sin corroborar, vuelve viral cualquier contenido que le llega.

Sabiendo esto, concluimos que lo que sabemos sobre el coronavirus puede ser -y es- fácilmente manipulable. Por ello, tenemos que estar alerta y poner en tela de juicio los datos que nos llegan, ya que no podemos estar seguros de su veracidad, sobre todo porque no conocemos qué intereses hay detrás.

Uno de los primeros interrogantes que nos surgen es: ¿resulta casual que esta enfermedad haya comenzado en el principal país rival económico de Estados Unidos? Cabe mencionar que Wuhan es una de las ciudades más pobladas en la zona central del estado asiático, uno de los grandes motores del país que pretende convertirse en potencia industrial y, en consecuencia, en potencia económica global.

Por otro lado, las cifras de contagios y decesos por sí solos no deberían generar pánico en la población mundial, teniendo en cuenta la cantidad de personas que habitamos el planeta. Pero resulta que sí acontece, puesto que aún no existe ni tratamiento ni vacuna para curar a las personas afectadas.

En este sentido, en las primeras horas del lunes pasado, el presidente de EE.UU ha pedido a las farmacéuticas que aceleren las investigaciones para hallar las vacunas pertinentes. Cabe preguntarnos entonces ¿qué papel juega esta industria en todo esto? Sabemos que la salud no es su principal objetivo…

Pero esto no termina allí: esta epidemia ha provocado graves situaciones de racismo y golpes en las grandes bolsas financieras.

Tampoco es casual que los grupos que resultan ser más propensos a contraer el virus sean personas mayores, personas con enfermedades autoinmunes, personas que representan grandes costos económicos y poca o nula es su retribución monetaria y productiva: Christine Lagarde, actual presidenta del Banco Central Europeo y ex directora gerente del FMI, sostuvo que “los ancianos viven demasiado y es un riesgo para la economía global. Tenemos que hacer algo y ya”.

Finalmente, un dato no menor y que posiblemente pocos sepan, es que un par de semanas antes del brote, en Hong Kong había habido un levantamiento popular contra el presidente chino, con protestas en las calles y represión por parte de la policía. Entonces bien, para dar con certezas, sólo nos queda preguntarnos ¿quién/es se beneficia/n con todo esto? Lo único seguro, es que no es lo que los grandes medios de desinformación nos dicen. (Nota de opinión para CAMBIO 2000).

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