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Cambiar de paradigma

Por Lautaro Peñaflor Zangara

Un paradigma, según el filósofo e historiador Thomas Khun, es un marco o perspectiva bajo la cual se analizan los problemas y se intenta resolverlos. Se aceptan de forma general y proponen una visión acerca de las cosas.

Podemos imaginarlo como un par de anteojos de sol, a través del cual percibimos todo a nuestro alrededor, siempre teñido de la coloración que los mismos brindan. Si cambiamos de lentes, ya no veremos igual. Si el paradigma cambia, también se modificará nuestra manera de percibir lo que nos rodea.

En cierto momento de su existencia, los paradigmas entran en crisis, son discutidos, pierden eficacia y, finalmente, se reemplazan por uno nuevo. Es, precisamente, este fenómeno el que hace avanzar a las sociedades.

Si bien estos conceptos corresponden al estudio de las ciencias sociales, podemos seguir esta línea de análisis en aspectos coyunturales. Específicamente, nos referiremos a algunos anuncios que Alberto Fernández realizó en su discurso en la apertura de Sesiones Ordinarias del Congreso, días atrás.

En lo que a medio ambiente respecta, informó el envío al Poder Legislativo de un nuevo proyecto de ley de Hidrocarburos, fomentando la actividad minera en el continente y sumando la plataforma marina, con inversiones nacionales e internacionales.

Habló de que esta normativa sea una “palanca para el desarrollo productivo del país”. Quienes se especializan en la temática, suponen que se pretende reactivar el yacimiento ubicado en Vaca Muerta. También mencionó la explotación del litio, que implica el uso de enormes cantidades de agua, en provincias como Jujuy, Catamarca y Salta, donde sobran los casos de personas que sufren desnutrición y deshidratación.

Con diferencia de minutos el Presidente se manifestó “a favor de la preservación de las condiciones de vida de nuestro pueblo” expresando que busca “construir una Argentina medioambientalmente sustentable”. Como si las actividades extractivas a gran escala no envenenaran a las sociedades, no acabaran con los recursos o no significaran la pérdida de la diversidad natural.

Claro que estas medidas brindarán “seguridad jurídica”. ¿A quién? A los capitales extranjeros que vendrán a llenar sus bolsillos. Dejan dinero, del que el país necesita imperiosamente, pero ¿a qué costos? Son los mismos que, por ejemplo, generaron una sucesión de derrames de tóxicos en Veladero, San Juan; que en la zona de Vaca Muerta provocaron sólo durante el año pasado 135 sismos y que en ese mismo lugar liberan un volumen anual de “flowback” (agua con químicos y residuos industriales) equivalente a 500 piletas olímpicas de 50 metros de largo, que van a parar a 60 pozos sumideros sin tratamiento.

En diciembre pasado, el pueblo de Mendoza resistió un proyecto de ley provincial que promovía las prácticas extractivas con cianuro. Fue la movilización popular en el territorio y el apoyo en todo el país la que frenó esos intentos. Cabe, entonces, al menos la duda de qué modelo prefieren las sociedades y cuál se impulsa desde el poder.

Regresando a Khun y su concepto de paradigmas, la cuestión medioambiental pide imperiosamente poner en crisis la matriz que rige -un modelo capitalista de explotación y destrucción de los recursos naturales y sus entornos- y la búsqueda de una existencia más armónica con el ambiente, la naturaleza y la salud.

No se trata de un planteo tan descabellado: 16 países del mundo prohibieron el fracking. Entre ellos, Alemania, Francia, Irlanda, Bulgaria, Italia, Suiza, Inglaterra y algunos estados de EE.UU. Latinoamericano, ninguno.

Si, por el contrario, el paradigma se sostiene durante todo su gobierno como adelantó Fernández, habremos desperdiciado cuatro años más. Y el tiempo, en este asunto, no es precisamente un aliado. (Nota de opinión para CAMBIO 2000)

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