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Alimentos rotulados

Por Maia Franceschelli

En las últimas semanas, un tema recurrente en la mayoría de los medios y, gracias a algunas celebridades, en las redes sociales, ha llamado nuestra atención, sobre todo por los títulos que lo encabezaban: la “polémica” Ley de Etiquetado de Alimentos.

Esta ley -impulsada por el Ejecutivo desde los ministerios de Salud, de Agricultura, Ganadería y Pesca, y de Desarrollo Productivo-, obligaría a las empresas a advertir a los consumidores en la etiqueta frontal si su producto contiene exceso de grasas, sodio o azúcares, tanto en alimentos como en bebidas sin alcohol, con el fin de “garantizar el derecho a la salud y a una alimentación adecuada”.

Desde el colectivo ACELGA (Asociación de Cocineros y Empresarios Ligados a la Gastronomía Argentina), reconocidos chefs argentinos circularon en redes sociales un video en defensa de la ley: “sabemos que están todos de acuerdo, todos quieren que salga, y los estamos apoyando”.

Hasta acá, vamos bien. Pero, ¿por qué en los titulares aparece la palabra “polémica”?.

A mediados de agosto de 2018, el ministro de Salud de la Nación de ese entonces, Adolfo Rubinstein, inauguraba en el Congreso de la Nación la Jornada sobre Derechos de los Consumidores, Etiquetado Frontal de Alimentos y Salud; una iniciativa conjunta de Unicef, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Mundial (OMS), con “el objetivo de debatir las mejores estrategias que permitan avanzar hacia una alimentación saludable y prevenir el sobrepeso y la obesidad en el país”.

Además, anticipaba que se lanzaría un plan nacional de prevención del sobrepeso y la obesidad infantil, que en el país ya entonces afectaba al 40 por ciento de los niños y a más del 65 por ciento de la población. El plan, incorporaría el establecimiento de regulaciones, como el etiquetado frontal. El plan se puso en marcha; la ley no. Y he aquí, la polémica.

Pero, para explicarla, debemos remontarnos al 2016, cuando el congreso chileno aprobaba la ley de Composición Nutricional de los Alimentos y su Publicidad, más conocida como la Ley de Etiquetado. A su impulsor, Guido Girardi, médico y senador chileno, le tomó una década de lucha, protestas en las calles, y fuertes peleas con medios, políticos y empresarios lograr su aprobación.

¿Por qué? Porque entre sus argumentos -además del hecho de que Chile se encontraba entre los países con mayor obesidad en latinoamérica- exponía que las empresas atraían a los consumidores mediante publicidad engañosa, con una fuerte crítica hacia la poca y por demás confusa información brindada en las etiquetas de los productos.

Es así como las empresas -y varios intereses políticos- se opusieron a la ley, porque para ellos no es solo una advertencia a la población, sino más un sincericidio.

Vamos a la evidencia: mientras en Chile el “Bon o Bon” -producto característico de Arcor- incorporaba tres etiquetas negras de advertencia (alto en azúcares, grasas saturadas y calorías), en Argentina la empresa lanzaba el programa “Tu porción justa”, rotulando a la golosina con esa etiqueta.

La mirada de Arcor es que un Bon o Bon no es dañino para la salud, de la misma manera que una empresa de cigarrillos podría sostener que el cuerpo humano es capaz de lidiar con los tóxicos que deja fumar un cigarrillo por día.

Estudios recientes de investigadores del Instituto de Nutrición y Tecnología de Alimentos (INTA) de la Universidad de Chile indicaron que la norma en el país vecino está teniendo excelentes resultados y se advierte una mayor responsabilidad en el consumo de productos poco saludables; ¿Será por eso que en nuestro país también está demorando tanto?

Por otro lado, consideramos que para que nuestros consumos cambien o se tornen más saludables, no sólo alcanza con una ley, sino que asimismo se popularicen iniciativas para producir tus propios alimentos, ya sea el tener cultivos propios o la creación de huertas comunitarias, donde no se precisan etiquetas para saber qué es lo que estás consumiendo.

El inconveniente sabemos, es, como siempre, las empresas y sus ganancias. Las empresas y el dinero. (Nota de opinión para Cambio 2000)

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