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Advierten por la caída en coberturas de vacunación infantil a causa de la pandemia

Estimaciones señalan mermas superiores al 50 % en algunos grupos etarios. Los especialistas destacan la importancia de mantener al día los esquemas de inmunización que permiten prevenir afecciones como el sarampión, la meningitis, la tos convulsa o la neumonía, entre otras.

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Siempre, pero más en este momento 😷👍 Niños y adolescentes, son responsabilidad de los adultos👨‍👨‍👧‍👦 ✋Sería conveniente que los adultos responsables de las/os niñas/os y adolescentes tuvieran en cuenta algunas cuestiones elementales: 👉 No negar la situación, no intentar hacer de cuenta que no pasa nada. La vida cambió, el mundo no es el mismo y cuando se regrese de a poco a lo cotidiano no nos encontraremos con lo ya conocido porque habrá otros parámetros para moverse y relacionarse. Hay que poder ir hablando sobre esto sin dramatizarlo pero dándole la seriedad que merece. 👉 No asustarse ante los enojos, las emociones que desbordan o las crisis de angustia, tratar de escuchar, contener y permitir que los sentimientos sean expresados. Si es necesario recurrir a los profesionales que siguen estando disponibles a través de los distintos medios que brinda la tecnología. 👉 Hacerse a la idea de que estamos viviendo un momento de gran incertidumbre y aceptar que no tenemos todas las respuestas. 👉 Bajar el nivel de exigencia propio y con los demás, no pretender llenar constantemente el tiempo con actividades. El concepto de que hay que “aprovechar” para hacer esto o aquello que está circulando no es conveniente cuando se convierte en una obligación de ser productivo. Permitirse y permitir estar aburrida/o o desganada/o o “perdiendo el tiempo sin hacer nada”. 👉 Aceptar que el año escolar será muy particular, se darán los contenidos que se puedan y se aprenderá lo que sea posible. 👉 No pretender pasar por esta situación sin que se produzcan pérdidas a nivel emocional, social, monetarias, educativas, etc., es inevitable. 👉 Nuestras/os niños y adolescentes agradecerán que, quienes somos responsables por su bienestar, hagamos lo necesario para que transitemos y salgamos de esta crisis con el menor daño posible pero respetándolas/os, escuchándolas/os y acompañándolas/os.

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La pandemia de COVID-19 ha causado una disrupción de las actividades cotidianas que se verifica en todos sus aspectos. Y la vacunación de niños y adultos no ha quedado al margen de ese impacto.

Tal es así que recientemente la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Unicef emitieron un comunicado en el que advierten “una alarmante disminución del número de niños que reciben vacunas que salvan vidas en todo el mundo”.

Esa misma preocupación ha sido planteada a nivel local por la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), que recientemente difundió estadísticas del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA que muestran que un 22 % de los hogares argentinos demoró la vacunación de sus niños.

“La pandemia de coronavirus ha impactado en toda la estructura de salud público-privada, impacto que se observa en una baja muy sensible en las coberturas de vacunación, especialmente en los menores de 2 años. En vacunatorios privados la caída es aproximadamente del 40 % en ese grupo etario”, advirtió el doctor Ricardo Rüttimann, médico pediatra infectólogo de SAP-FUNCEI, miembro de la Comisión Nacional de Inmunizaciones y del comité científico de la Fundación Vacunar, y coordinador de la Comisión de Vacunas de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI).

Por su parte, el doctor Roberto Debbag, vicepresidente de la Sociedad Latinoamericana de Infectología Pediátrica (SLIPE), afirmó que “un estudio que he realizado a través del Observatorio de Comunicación Digital de Salud  mostró que un alto porcentaje de los pediatras piensa que la caída de las coberturas de inmunización en menores de 2 años es mayor al 50 por ciento”.

“Creo que el obstáculo más importante fue el miedo al contagio por parte de los padres y una falta de comunicación clara acerca de los centros de inmunizaciones públicos que están fuera de los hospitales para que los padres sintieran que estaban confiados en la vacunación y en el no contagio de COVID-19”, añadió el profesional.

Para la OMS y Unicef, la caída en las tasas de vacunación se debe a las interrupciones en la prestación y uso de los servicios de inmunización causadas por la pandemia de COVID-19, al tiempo que advierte que estas interrupciones amenazan con revertir los progresos logrados con tanto esfuerzo para llegar a más niños y adolescentes con una gama más amplia de vacunas. 

Los especialistas locales, por su parte, enumeran distintos factores que han conspirado contra el cumplimiento del calendario de vacunación oficial: “detrás de la caída en las coberturas de vacunación se halla toda la disrupción de las actividades habituales, comenzando con el miedo al contagio individual de los padres o de sus hijos, siguiendo por la recomendación de quedarse en casa y la suspensión de las clases –enumera el doctor Rüttimann–. Por el otro lado, en las provincias donde no hay circulación comunitaria de COVID-19 el retraso a reiniciar las actividades habituales, como por ejemplo la escuela, no permitió generar confianza para la comunidad en general y los padres en particular”.

La preocupación en torno a la caída en las coberturas de inmunización ha sido recogida por la Sociedad Latinoamericana de Infectología Pediátrica (SLIPE) y la Asociación Latinoamericana de Pediatría (ALAPE), que recientemente emitieron su “Consenso Latinoamericano Sobre Vacunación y Servicios de Inmunización Durante la Pandemia COVID-19”, en el que advierten que, “como consecuencia del distanciamiento social y de la disminución de recursos de todo tipo ocupados por los esfuerzos para controlar la pandemia, se ha evidenciado una caída en las coberturas vacunales a nivel global y regional con un incremento subsecuente del riesgo para las poblaciones más vulnerables y no protegidas”.

Dicho consenso aporta ejemplos de cómo en situaciones de crisis de salud previas el efecto de una caída de las coberturas de inmunización ha sido incluso más alto (en términos de mortalidad) que la enfermedad protagonista del brote o epidemia. Durante una epidemia de Ébola en África occidental, la tuberculosis, la malaria, la infección por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH/SIDA) y el sarampión causaron más muertes que el Ébola, y lo mismo ocurre actualmente en la República Democrática del Congo en donde desde marzo coincide un gran brote de sarampión por el que han fallecido más de 6.500 personas con la presencia de Ébola.

Para el doctor Debbag, una vez pasada la pandemia de COVID-19, “sería importante implementar un programa de vacunación intensiva basado en los datos de cobertura de los diferentes grupos poblacionales y de las diferentes vacunas”.

Y mientras, alentar a que los padres lleven a sus hijos a los centros de vacunación: “son lugares seguros donde podrán ser asistidos con el menor riesgo de contagio”.

El especialista destacó la importancia de que, a pesar de la pandemia, los padres sigan llevando a sus hijos a vacunar, en especial a los más chicos que son aquellos en los que se ha verificado una caída de las coberturas de inmunización: “las enfermedades que se previenen con el esquema básico de los primeros seis meses son enfermedades muy graves que causan meningitis, sepsis, neumonía y tos convulsa en los lactantes”. (ANDigital)

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