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A medida de la época

Por Lautaro Peñaflor Zangara

Sergio Berni quedó en el centro de la escena. No importa cuando sean leídas estas líneas, probablemente la afirmación sea cierta. Es que el actual ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires ha sabido cultivar un estilo hiperactivo, al ritmo de la opinión pública.

La parafernalia del funcionario incluye ostentosas puestas escenográficas que lo muestran llegando a un retén en una imponente moto o portando un fusil durante un operativo. Su altísimo perfil y gusto por las cámaras se contraponen al estilo sobrio y academicista de su par nacional, Sabina Frederic, con quien suele protagonizar cruces que incomodan a los propios.

Autodefinido “de derecha”, a menudo parece que las diferencias con la línea nacional de seguridad no son sólo de forma. Citando ejemplos, atacó a los organismos de derechos humanos y dio una respuesta represiva, sin matices ni contemplaciones, frente a las tomas de tierras, diferenciándose de otros funcionarios.

¿Una visión de estas características tiene lugar en el peronismo? ¿Por qué Kicillof lo elige? El punitivismo no es propiedad exclusiva de lo que llamamos derecha, ni ésta es enteramente ajena al peronismo, movimiento que tiene una composición entre amplia, contradictoria y pragmática, según quién la interprete. La paleta ideológica íntegra ofrece nombres que se representan con el actual partido de gobierno.

Sergio Berni, en principio, le resolvió a Kicillof las críticas “por progre” que hubiese cosechado de elegir un funcionario con otro perfil. También puede haberse pensado que su presencia imponente sería apropiada para la conducción de la Bonaerense (pese al conflicto reciente con dicha fuerza). Pero, además, el encargando de la seguridad provincial es muy fiel al peronismo y a Cristina particularmente.

Existe otro punto que no podemos obviar: ¿y si Berni es un político acorde a la época? No podemos escindir nuestro análisis del proceso político en vigencia. América Latina demuestra que el juego democrático puede estar limitado y no son pocos los que sostienen que el globo terráqueo está girando hacia formas más represivas y conservadoras, situación que se visibilizó con la pandemia. En nuestro país, el crecimiento de la violencia policial durante la cuarentena bien podría interpretarse en esos términos.

El gobierno de Mauricio Macri hizo del Estado policial un discurso permanente en los cuatro años, legitimando prácticas reñidas con lo legal, lo constitucional e incluso con lo humano. De hecho, Patricia Bullrich fue la elegida del ex presidente para dirigir el PRO. Las similitudes entre Berni y la mencionada ex ministra de Seguridad, está a la vista, no son pocas ya sea desde lo performático como desde lo ideológico.

El calendario electoral nacional prevé elecciones legislativas para el próximo año, momento en el que empieza a descontar la cuenta regresiva hacia los siguientes comicios por cargos ejecutivos. Leyendo en esta clave, el desempeño cuasi cinematográfico de Sergio Berni representa lo que muchas personas quieren comprar y él les ofrece productos on demand.

Basta con observar algunos de los spots para encontrar allí una estrategia de comunicación propia, centrada en su persona y producida de manera que tranquilamente podría tratarse del tráiler de una serie de Netflix. Existe allí una construcción alrededor de su personaje de sheriff.

La demagogia punitivista existe, impacta en la opinión pública y fue exitosa en términos de campaña en ocasiones anteriores. Asimismo, los discursos considerados de ultraderecha permean la agenda y los partidos políticos buscan dar respuestas. En este contexto, Sergio Berni surge como un personaje hecho a medida. (Nota de opinión para Cambio 2000)

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